Construir en la Luna

Polvo de otro mundo y plástico reciclado: la solución circular más económica para construir en la Luna

El estudio, de la Universidad Concordia, prueba que el regolito reduce la deformación de las piezas

Llevar un solo kilo de material desde la Tierra hasta la Luna puede costar más de un millón de dólares

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La economía circular ya no se limita a la Tierra. Un equipo de ingenieros ha demostrado que el suelo de la Luna y un plástico reciclado de alto rendimiento pueden combinarse para fabricar piezas en 3D allí mismo, sin depender de costosos envíos desde nuestro planeta.

Así lo recoge un estudio de la Universidad Concordia (Canadá), publicado en la revista Composites Part B: Engineering. Sus autores, Farshad Malekpour y Mehdi Hojjati, han creado un material compuesto que mezcla regolito lunar simulado con un termoplástico reciclado llamado PEKK.

Con él han conseguido imprimir en 3D estructuras capaces de absorber impactos e incluso una llave inglesa. Según los investigadores, es uno de los primeros trabajos que demuestran un ciclo cerrado que une el reciclaje de un polímero de grado espacial con el regolito.

Un millón de dólares por kilo

El transporte de material es uno de los grandes obstáculos de cualquier misión lunar. Según algunas estimaciones, trasladar un solo kilo hasta la Luna puede costar más de un millón de dólares, unos 850.000 euros al cambio actual.

Por eso, cualquier plan para levantar un asentamiento humano permanente en el satélite pasa por rebajar esa factura. La clave está en aprovechar lo que ya existe allí y en reutilizar al máximo lo que se lleva desde la Tierra.

Ahí entra en juego el regolito, la capa de polvo y pequeños fragmentos rocosos y afilados que cubre la superficie lunar. Ingenieros y planificadores lo consideran desde hace años un ingrediente abundante y muy valioso para la impresión 3D.

Qué es el PEKK

El otro componente es el poli(éter cetona cetona), conocido como PEKK. Se trata de un termoplástico de alto rendimiento, de la familia de polímeros técnicos que se emplean en sectores exigentes como el aeroespacial por su resistencia al calor y a los esfuerzos.

Lo novedoso es que el PEKK utilizado en las pruebas procedía de una estructura sacrificial anterior. Es decir, el plástico ya había cumplido una función y fue recuperado para fabricar nuevas piezas, como podría hacerse en una base lunar con el material desechado.

Los investigadores reciclaron el material hasta tres veces sin observar una degradación significativa ni pérdidas relevantes en sus propiedades estructurales y mecánicas. Un resultado clave si se quiere aprovechar cada gramo enviado al espacio.

Imagen generada con IA.

Del residuo al filamento

El proceso de fabricación sigue varios pasos. Primero, los restos de PEKK se trituraron, se molieron hasta convertirlos en polvo y se secaron con calor. Después, ese polvo se mezcló con un simulante de regolito lunar disponible comercialmente.

Con la mezcla resultante, el equipo fabricó un filamento para impresión 3D. A partir de él imprimió probetas con formas estándar para los ensayos y una estructura sacrificial, el elemento central del estudio.

Esta estructura tiene una configuración ligera, resistente y parecida a una esponja. Está diseñada para que el plástico pueda doblarse y recuperar su forma original sin sufrir daños, absorbiendo así la energía de un golpe.

Piezas para aterrizar

Las estructuras sacrificiales están pensadas para deformarse bajo carga y absorber energía, no para formar parte permanente de una construcción. Funcionan como un amortiguador que se sacrifica para proteger lo que hay detrás.

El equipo las utilizó para medir cómo resiste el compuesto esfuerzos similares a los que tendría que soportar el mecanismo de aterrizaje de un módulo lunar en el momento del impacto contra la superficie.

Además, los ingenieros imprimieron una llave inglesa con el mismo material. Una muestra de que la técnica podría servir para producir herramientas y repuestos directamente en la Luna, sin esperar a un envío desde la Tierra.

Calor, tracción y compresión

Los investigadores analizaron cómo respondía el material al calor, al estiramiento, a la flexión y a la compresión. También sometieron algunas muestras a un tratamiento térmico para comprobar cómo afectaba ese procesado adicional a su comportamiento.

El compuesto reciclado mostró estabilidad térmica y las partículas de regolito quedaron repartidas de forma homogénea en el plástico. Además, el regolito rebajó la temperatura a la que cristaliza el PEKK, lo que hace más eficiente el tratamiento térmico.

Otra ventaja: el regolito redujo la contracción y la deformación de las piezas durante ese tratamiento. Para los autores, es un punto clave en la Luna, donde apenas habrá acceso a equipos para retocar o reprocesar lo fabricado.

Más poroso y más frágil

No todo fueron ventajas. El compuesto presentó más porosidad interna que el PEKK sin mezclar, lo que lo hace más frágil. Aun así, los investigadores subrayan que el plástico reciclado no llegó a degradarse en el proceso.

El trabajo se suma a otras investigaciones de la misma universidad. En 2025, ingenieros de Concordia ya lograron imprimir en 3D otro polímero técnico, el PEEK, mezclado con hasta un 50% de simulante de regolito.

Este enfoque responde a una limitación evidente: estos plásticos de alto rendimiento no pueden fabricarse en la Luna y tienen que viajar desde la Tierra. Por eso, poder reciclarlos una y otra vez multiplica el valor de cada kilo transportado.

Una vía prometedora

Los autores reconocen que la tecnología todavía está en una fase muy temprana. Sin embargo, consideran que abre un camino prometedor para usar de forma eficiente los materiales escasos en la exploración espacial.

La investigación ha contado con financiación del Consejo de Investigación en Ciencias Naturales e Ingeniería de Canadá (NSERC), uno de los principales organismos públicos de apoyo a la ciencia del país.

Con el regreso del ser humano a la Luna en el horizonte, la economía circular se perfila como una pieza más de la ingeniería espacial: reciclar en el satélite podría ser tan importante como llegar hasta él.