Comunidad de Madrid Los cortafuegos ya no bastan

Paisajes mosaico, más viñedos y menos pinos: Madrid activa su fórmula para frenar los incendios

La Comunidad de Madrid invertirá casi 25 millones para restaurar los montes quemados de la Sierra Oeste en la próxima década

La región ha presentado su Plan de Restauración Forestal de la Sierra Oeste para recuperar los montes afectados por el gran incendio de este verano

Las pavesas saltaban a 500 metros y los cortafuegos no sirvieron: la defensa será un mosaico de cultivos

Qué hacer con los suelos incendiados: los expertos avisan que reforestar no siempre es lo correcto

ejemplo de paisaje mosaico
Ejemplo de paisaje mosaico.
Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los cortafuegos ya no bastan. El gran incendio de la Sierra Oeste de Madrid lo demostró este verano, cuando las pavesas prendían nuevos focos a 500 metros del frente y las barreras, las franjas desbrozadas de 20 metros, no sirvieron para detener las llamas.

Ha sido la lección que la Comunidad de Madrid ha aprendido y quiere convertir en la nueva fórmula de su política forestal para contener las llamas. El consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, ha presentado el Plan de Restauración Forestal de la Sierra Oeste, con casi 25 millones de euros y diez años de trabajo por delante.

El objetivo no es reconstruir el monte que quedó calcinado, sino otro muy distinto: cambiar la piel del territorio: un paisaje mosaico de encinas, fresnos, viñedos, cultivos y pastos, con menos pinar homogéneo y más actividad agrícola y ganadera capaz de frenar el fuego.

Nos lo comenta el responsable de medioambiente delante de una gran pantalla en la que se ve la evolución de los grandes incendios que desencadenaron la emergencia nacional por las llamas que afectaban a tres comunidades autónomas.

Una emergencia nacional

El incendio forestal Sierra Oeste nació de la unión de tres focos iniciales, en Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias y Almorox, que acabaron fundidos en un solo frente con un perímetro de más de 200 kilómetros, según el balance de la emergencia nacional.

El fuego obligó a evacuar o confinar a más de 56.500 personas en los municipios afectados. Más de 40 viviendas quedaron completamente destruidas y unas 300 sufrieron daños graves, mientras ardían alrededor de 18.000 hectáreas forestales, así como suelo urbano y agrícola.

Novillo explicó que se solicitó el nivel 3 de emergencia porque el fuego ya afectaba a varias comunidades autónomas y a cerca de 1,5 millones de personas. Ávila, Toledo y Madrid sumaron unas 77.000 hectáreas arrasadas y más de 100.000 afectados en el peor momento.

Carlos Novillo
El consejero Carlos Novillo durante la presentación del Plan de Restauración Forestal de la Sierra Oeste madrileña.

Uno de los mayores despliegues

En la Comunidad de Madrid trabajaron 2.000 efectivos terrestres y 50 medios aéreos, un despliegue que el consejero situó entre los mayores movilizados en España y, probablemente, en Europa. El Gobierno regional destinó 4 millones de euros a las primeras actuaciones de emergencia.

Apagado el fuego, los esfuerzos se centran ahora en la reconstrucción. Novillo situó el problema fundamental en los daños a naves y fincas agrícolas y en el arbolado inestable, y puso el foco en la seguridad de caminos, carreteras y zonas habitadas.

Los primeros contratos de emergencia ya se dirigen a consolidar caminos y suelos y a crear fajas de seguridad para retirar los árboles que amenazan con caer. En las zonas sin arbolado se abrirán franjas de 20 a 30 metros junto a carreteras y pistas forestales principales.

Un plan en tres fases

El Plan de Restauración Forestal de la Sierra Oeste invertirá 5,53 millones de euros este año y 19,2 millones en 2027, aunque el esfuerzo técnico y presupuestario se prolongará durante una década. La Comunidad de Madrid asegura que está avalado por la comunidad científica.

La primera fase durará un año y se centrará en la seguridad de personas e infraestructuras, la supervivencia de la fauna, la retirada selectiva de árboles, el mantenimiento de cauces y embalses y, sobre todo, el cuidado del suelo.

«Necesitamos que esos suelos orgánicos no se pierdan», insistió Novillo. En las laderas de mayor pendiente se levantan terrazas con fajinas y albarradas, construidas con la propia madera quemada, para fijar la tierra y evitar que las lluvias la arrastren.

Salvar el suelo

El doble objetivo es evitar que la primera capa fértil desaparezca con las tormentas de otoño y que la escorrentía contamine el agua o corte carreteras. Los trabajos de consolidación de suelos se extenderán durante unos cinco años.

Los técnicos analizarán cada árbol con imágenes de satélite, mediciones y cálculos de riesgo erosivo. Muchos ejemplares conservan la copa verde, pero pueden tener dañadas las raíces superficiales y el tronco, lo que los convierte en un peligro.

La segunda fase, de uno a cinco años, estará dedicada a observar la regeneración natural: el semillado de los pinos que ardieron y el rebrote de cepa de las encinas. Sólo después llegará la tercera, la reforestación allí donde el monte no se recupere solo.

Paisajes mosaico contra el fuego

Ahí está el cambio de modelo. «El reto es no generar un bosque como el que teníamos, con masas homogéneas de pinares maduros», explicó el consejero, que describió lo sucedido durante el verano de 2026 como «la tormenta perfecta» para el fuego: altas temperaturas, pocas precipitaciones y mucho combustible.

Un combustible que viene del aumento de la masa forestal, del abandono de los espacios por la despoblación y de políticas de reforestación tras la Guerra Civil con masas abigarradas de pinares.

El paisaje mosaico es un territorio formado por teselas con usos distintos: bosque, matorral, cultivos, pastos y zonas abiertas. Cada pieza funciona como una barrera que rompe la continuidad del combustible, reduce la velocidad de las llamas y facilita el trabajo de los equipos de extinción.

WWF lo resume en su informe Paisajes cortafuegos con una idea clave: «la inflamabilidad de un paisaje no depende tanto de la especie principal sino, sobre todo, de su estructura». La organización defiende que «un paisaje en mosaico puede reducir el tamaño de los incendios y su gravedad».

La zona de Villa del Prado (Madrid), tras el incendio en julio. (Foto: Europa Press).
La zona de Villa del Prado (Madrid), tras el incendio en julio. (Foto: Europa Press).

Un monte abandonado

El problema de fondo es el abandono rural. Según WWF, la superficie forestal en España ha crecido en casi 4 millones de hectáreas, pero más del 85% de esos montes carece de planes de gestión. El 85% del territorio es rural y sólo alberga al 16% de la población.

Novillo apuntó en la misma dirección: al desaparecer la actividad forestal y agrícola, el monte ha avanzado sin control y hoy tenemos «montes muy vulnerables a la situación climática actual». Calor extremo, sequía y continuidad de combustible forman la combinación más peligrosa.

Greenpeace insiste en que el clima y la orografía no se pueden cambiar, pero el combustible sí. Por eso reclama crear espacios abiertos y discontinuos que frenen el avance de las llamas y den margen a los bomberos forestales para actuar.

Viñedos, encinas y fresnos

En la Sierra Oeste, esa discontinuidad tiene nombre propio: los viñedos de la zona. Durante el incendio, las parcelas de vid actuaron como fajas de protección. «Es fundamental que continúen en esa zona y que incluso crezcan en superficie», subrayó el consejero.

La restauración apostará por la regeneración del encinar, combinada con fresnos y cultivos agrícolas. El pinar seguirá donde ya esté, pero no se extenderá. Se plantarán especies autóctonas más resistentes al fuego, a las plagas y a los episodios extremos.

Para ello, el Instituto Madrileño de Investigación y Desarrollo Rural, Agrario y Alimentario (IMIDRA) producirá 300.000 plantas autóctonas hasta 2028. También estudiará el impacto del fuego en los viñedos y en la calidad de los vinos de la zona.

Martín Ayuso Novillo fuego
El consejero de Presidencia, Justicia y Administración Local, Miguel Ángel García Martín; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, y el consejero de Medio Ambiente, Agricultura e Interior, Carlos Novillo, en el Puesto de Mando Avanzado (PMA) de Navalcarnero, a 27 de julio de 2026. (Foto: Europa Press).

Rebaños que limpian el monte

La otra pieza del mosaico es la ganadería extensiva. «No podemos perder el ganado extensivo en esta zona, que nos mantiene nuestros montes en perfecto estado», afirmó Novillo, que lo situó entre “las pocas oportunidades que hemos tenido de evitar la propagación”.

El programa de pastoreo preventivo ha pasado de sólo 700 cabezas de ganado en 2015 a 22.000 en la actualidad. Los rebaños se alimentan del pasto y el matorral que, en verano, se convertirían en combustible para el fuego.

El reto del relevo generacional

El gran desafío, reconoció el consejero, es el relevo generacional en el campo: «Que nadie abandone esta actividad o que se acerque a ella», sobre todo en el sector vitivinícola. Sin agricultores ni pastores, el mosaico vuelve a cerrarse en pocos años.

Por eso el plan incluye un Plan de Recuperación Agraria con 3 millones de euros para cubrir pérdidas en olivares, frutales, hortícolas, pastos, viñedos, colmenas y bodegas, además de reponer animales, maquinaria e infraestructuras.

Los propietarios de montes privados recibirán ayudas de hasta 60.000 euros para conservar el suelo y sanear el arbolado, mientras que los ayuntamientos contarán con 400.000 euros para recuperar sus montes municipales y asesoramiento para evaluar el arbolado urbano de riesgo.

Incendio cerca de las antenas de la ESA. (Foto: Pedro Armestre / Greenpeace).
Incendio cerca de las antenas de la ESA . (Foto: Pedro Armestre / Greenpeace).

Adiós a las arizónicas

Otro frente es la llamada interfaz urbano-forestal, las urbanizaciones que se adentran en las masas forestales. Novillo señaló a las arizónicas, setos muy habituales en estas viviendas, como un combustible añadido que acerca las llamas a las casas.

La Comunidad de Madrid destinará 1 millón de euros a sustituir arizónicas por setos más resistentes al fuego en zonas próximas a los montes. Además, prohibirá plantar estas y otras especies resinosas en una franja de 400 metros en la interfaz urbano-forestal.

La medida se incluirá en la modificación de la Ley Forestal y de Protección de la Naturaleza, que el Gobierno regional quiere aprobar antes del próximo verano. El consejero criticó que la burocracia de la gestión forestal impone unos plazos que no casan con la urgencia de intervenir en los montes.

arizonicas-madrid
Un bombero de la Comunidad de Madrid realiza una demostración con una rama de arizónica. (Foto: Comunidad de Madrid).

Agua potable garantizada

Las cenizas también preocupan por su llegada a los embalses de San Juan y Picadas. Novillo aseguró que las estaciones de tratamiento de agua potable funcionan con normalidad y que “no va a existir un problema con el agua potable”.

Canal de Isabel II ha ofrecido a Aldea del Fresno y Villa del Prado asumir la gestión del ciclo integral del agua. El incendio dejó claro que sus cinco pequeños pozos junto al río Alberche no bastan para abastecer a sus 11.246 habitantes.

La Sierra Oeste tardará años en recuperar su aspecto, pero el plan madrileño plantea una idea clara: el monte más seguro no es el más denso, sino el que está vivo, trabajado y fragmentado entre bosques, viñas y rebaños. Una fórmula que puede servir de modelo para otros territorios castigados por los grandes incendios forestales.