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En la década de 1960, la URSS desecó el mar de Aral para convertirlo en campos de algodón: hoy, allí crece un bosque para combatir la erosión

Mar de Aral
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Durante los años 60, el mar de Aral, situado entre Kazajistán y Uzbekistán, era el cuarto lago más grande del mundo. En aquel entonces, ocupaba una superficie de unos 68.042 kilómetros cuadrados y almacenaba aproximadamente 1.100 kilómetros cúbicos de agua.Sin embargo, las autoridades de la Unión Soviética tomaron una decisión que tendría  consecuencias devastadoras para el entorno natural. Para impulsar la producción industrial de algodón, desviaron mediante canales de riego el caudal de los ríos Amu Daria y Sir Daria, las dos principales fuentes de alimentación del lago.

A finales de los años 80, la reducción del mar de Aral había alcanzado tal magnitud que terminó fragmentándose en dos zonas: el mar de Aral septentrional y el meridional. En 2004, el volumen de agua había disminuido ya un 91% y, donde antes se extendía el fondo del lago comenzó a aparecer el desierto de Aralkum, una inmensa superficie cubierta de arena, sal y sustancias tóxicas. Ante la imposibilidad de recuperar el ecosistema de la zona sur, Uzbekistán inició un ambicioso proyecto de reforestación, con actuaciones tanto terrestres como aéreas, para plantar millones de arbustos y frenar así la erosión del suelo.

Proyecto de reforestación del mar de Aral

En un primer momento, se planteó la posibilidad de reducir de los niveles de agua desviados para el regadío. Sin embargo, las antiguas infraestructuras soviéticas y las enormes necesidades hídricas de los cultivos de algodón impidieron recuperación total del lago. Kazajistán fue el único país que consiguió recuperar una zona del antiguo mar de Aral mediante la construcción de una presa, elevando cuatro metros el nivel del agua en la parte norte y reduciendo a la mitad su salinidad, según los datos del Banco Mundial recogidos por Eurasianet.

Uzbekistán, por su parte, acabó asumiendo que la zona meridional del lago difícilmente volvería a ser lo que fue. Por ello, en 2018, el Ejecutivo del presidente Shavkat Mirziyoyev impulsó un ambicioso programa destinado a estabilizar los terrenos para frenar las tormentas de polvo cargadas de sal y sustancias tóxicas que amenazaban a las poblaciones cercanas. Para conseguirlo, las autoridades apostaron por una especie vegetal originaria de Asia Central y perfectamente adaptada a los ambientes desérticos y a la falta de precipitaciones: el saxaul, que se puede desarrollar como un arbusto de gran tamaño o como un pequeño árbol.

Bajo la superficie, desarrolla raíces profundas que pueden alcanzar entre 10 y 15 metros, lo que le permite acceder a la humedad del subsuelo y sobrevivir en terrenos muy áridos. Además, su estructura ayuda a retener la arena y estabilizar el suelo. Un estudio técnico señala que un ejemplar de entre siete y diez años puede llegar a retener entre dos y cuatro toneladas de arena.

Gulzira, una de las habitantes que participa en el proyecto de reforestación, explica su sorpresa al conocer la iniciativa: «No podía creerlo cuando me enteré de que iban a transformar el árido desierto de Aralkum en un bosque. Pero cuando vi pasar los tractores por delante de nuestras puertas, me sorprendió ver que el proyecto estaba en marcha. El saxaul se siembra en días fríos y el trabajo es bastante difícil en invierno. Pero vemos mejores resultados y nuestros ingresos también han mejorado en los últimos tres o cuatro años».

A mediados de 2024, ya se habían recuperado más de 1,73 millones de hectáreas en el desierto de Aralkum. Además, los planes contemplaban incorporar otras 500.000 hectáreas de vegetación hasta 2030. Para ello, alrededor de 360 tractores se encargan de abrir zanjas de aproximadamente un metro de profundidad, separadas entre sí por 10 metros, mientras que los aviones dispersan semillas sobre extensas superficies del antiguo lecho marino.

La población local también desempeña un papel fundamental. En Karakalpakstán, una de las regiones uzbekas más afectadas por las tormentas de polvo, más de 300 vecinos colaboran directamente con unos 150 trabajadores de la Agencia Forestal en las labores de reforestación. Mientras tanto, Kazajistán desarrolla una iniciativa similar en la parte norte del antiguo lago, con una primera superficie de actuación de 275.000 hectáreas y la intención de ampliar las plantaciones hasta alcanzar 1,1 millones de hectáreas en 2025.

Los primeros resultados también se empiezan a reflejar en los datos oficiales. Según las autoridades de Uzbekistán, la proporción de terrenos degradados ha pasado del 30% al 25% en apenas cuatro años. Sin embargo, pese a la expansión de la vegetación, tanto el crecimiento de las plantas como la capacidad de capturar carbono continúan siendo considerablemente menores que los registrados en otras zonas áridas de Asia Central.

Turaxon Ziyotov, científico del Instituto de Investigación Forestal de Tashkent, explica en conversación con Mongabay cómo se desarrolla la plantación: «Dado que abarca una vasta área, el uso de un tractor para la plantación es una de las formas más eficientes de sembrar los árboles jóvenes. En un tramo de 10 a 15 km en el lecho marino, se excavan canales de aproximadamente un metro de profundidad cada 10 metros para plantar los árboles jóvenes. Sin embargo, la supervivencia de los árboles jóvenes depende de la cantidad de lluvia que cae en un año. Esto significa que con más precipitaciones, la tasa de supervivencia varía entre el 50% y el 70%, pero con poca precipitación se reduce al 30%».