Corcinos en Guadarrama: el error que cometen los visitantes del parque nacional y que acaba con su vida
El Parque Nacional de Guadarrama pide no tocar los corcinos: su madre los vigila aunque no la veas
Alerta de que los corcinos recién nacidos se quedan inmóviles como estrategia de supervivencia
Este fin de semana las redes sociales pertenecientes al Parque Nacional de Guadarrama han puesto el foco en los corcinos y en el comportamiento hacia ellos de los visitantes que acuden a este espacio natural distribuido entre Madrid y Segovia.
Las cuentas de esta entidad nacional ha explicado que los corcinos del Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama protagonizan cada primavera uno de los episodios más repetidos en este espacio natural protegido: visitantes y senderistas los encuentran solos e inmóviles entre la hierba y los recogen convencidos de que están heridos o han sido abandonados.
El Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama ha renovado su aviso ante la llegada de la temporada de nacimientos, que se concentra en los primeros días de mayo. Es entonces cuando casi todos los corcinos nacen de forma sincronizada en la sierra madrileña, lo que convierte estas semanas en un periodo especialmente sensible para la especie.
Estrategia de supervivencia
El corzo (Capreolus capreolus) es un cérvido de pequeño tamaño con una estrategia de cría muy particular. La hembra deposita a su cría en un lugar resguardado —entre arbustos, en zonas de matorral bajo o en la hierba alta— y se aleja para pastar o para no atraer a posibles depredadores con su presencia.
Los corcinos permanecen absolutamente inmóviles durante esas ausencias, acurrucados y sin emitir ningún sonido. Este comportamiento no es señal de enfermedad ni de abandono: es exactamente lo que la evolución les ha enseñado a hacer para pasar inadvertidos.
Pelaje de camuflaje
Su pelaje moteado —manchas blancas sobre fondo pardo— los hace casi invisibles entre la vegetación. Al quedarse paralizados, engañan a los depredadores que los buscan guiándose por el movimiento.
El problema surge cuando un visitante los descubre en esa posición y, al no ver a la madre por ningún lado, concluye que la cría necesita ayuda. Con la mejor intención, el corcino es recogido, sacado de su entorno y llevado a un domicilio o a un centro no especializado.