Sierra de los Filabres

La berrea se apaga en la Sierra de los Filabres: hasta 2.000 ciervos luchan por sobrevivir

La población de ciervos oscila entre 1.500 y 2.000 ejemplares, con un macho por cada tres hembras

Tras un inicio débil por el calor, la actividad se normalizó con las lluvias de mitad de septiembre

Estos son los mejores sitios para ver el ritual de la berrea en Andalucía

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Con la bajada de las temperaturas y las primeras lluvias de septiembre, los berridos del ciervo han vuelto a resonar en la almeriense Sierra de los Filabres, donde la berrea vive ya su fase final.

Estamos ante uno de los indiscutibles sonidos del otoño en la naturaleza que da paso al cambio de color en los paisajes y a la lluvia y que se convierte año tras año en uno de los atractivos más sobresalientes del territorio andaluz.

Según los datos de la Junta de Andalucía, la población de ciervos en la zona se sitúa entre 1.500 y 2.000 ejemplares, de los que entre 1.000 y 1.500 se localizan en cotos ubicados en montes públicos autonómicos.

La proporción de sexos está claramente dominada por las hembras, con un macho por cada tres ciervas. Es un reparto propio de una especie en la que los machos más fuertes compiten por formar grupos de hembras durante el celo.

Qué es la berrea

La berrea es la época de celo del ciervo ibérico (Cervus elaphus hispanicus), el momento del año en que los machos emiten potentes bramidos para atraer a las hembras y avisar a sus rivales. Un sonido que se oye sobre todo al amanecer y al atardecer.

Es un ritual reproductivo y, a la vez, un pulso de fuerzas. Cada macho reclama un territorio, reúne a un grupo de hembras y lo defiende de los aspirantes mediante berridos, exhibiciones y, si hace falta, choques de cornamentas.

No es un fenómeno singular de Almería. Cada otoño se repite en otras sierras andaluzas, como Cazorla, Segura y Las Villas, Andújar, Sierra Morena, Hornachuelos, Los Alcornocales o Doñana, y forma parte del calendario natural del sur peninsular.

Las lluvias marcan el inicio

El periodo de berrea no comienza cada año en las mismas fechas. Lo determina la climatología y, sobre todo, la lluvia: ante la posibilidad de que las precipitaciones hagan brotar pastos frescos tras un verano seco, las hembras ovulan y entran en celo.

Los ciervos machos perciben las feromonas que liberan las hembras y emprenden los intentos por controlar un terreno determinado para cubrir a las ciervas que allí se encuentran. Comienzan entonces las luchas por el territorio entre los machos dominantes.

Esto convierte el ritual en una suerte de selección natural, porque vencerá el ciervo más fuerte y será él quien transmita sus genes a la próxima generación. La berrea es, además, la defensa del territorio, con una advertencia a los demás aspirantes.

Machos al límite

Esa competencia tiene un coste elevado. Los machos soportan un estrés considerable en esta época y pierden muchos kilos de peso, porque a veces apenas tienen tiempo de comer mientras defienden su parcela.

Algunos llegan incluso a perder la vida a causa del agotamiento, de las heridas de las peleas y de otros factores. Es la cara más dura de un ritual que busca garantizar la continuidad de la especie.

En la Sierra de los Filabres, la berrea coincide cada año con los primeros días de septiembre y se extiende hasta principios de octubre. Varía según el tiempo, la zona y el alimento disponible, y no es igual en la solana que en la umbría.

Una temporada marcada por el calor

La época central de la berrea suele situarse entre el 14-15 y el 25-26 de septiembre. En la actual temporada, sin embargo, la actividad fue baja al inicio del periodo, posiblemente por las altas temperaturas registradas a principios de mes.

A mitad de septiembre, tras las primeras lluvias y un leve descenso de las temperaturas, la actividad aumentó y alcanzó valores normales, análogos a los de temporadas pasadas. Algunos episodios de lluvia la han prolongado hasta ahora.

En estos momentos, la berrea se encuentra en una fase final, con casi ausencia de berridos, aunque los ciervos siguen presentes junto a los grupos de hembras.

Los parajes con más actividad

Cualquier zona de la sierra es idónea siempre que coincida con el momento de celo adecuado, pero algunos parajes concentran mucha actividad en septiembre: El Toril, La Merendera, Calar Alto, El Cortijo del Conde o Arroyo Berruga.

Los montes públicos autonómicos de la Sierra de los Filabres se extienden por más de 37.000 hectáreas y 25 municipios. Los gestiona la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente a través de la agencia AMAYA.

Su plan de gestión integral prioriza la sostenibilidad ambiental, social y económica y abarca biomasa, madera, caza, pastos, plantas aromáticas, apicultura, setas, turismo cultural y energía.

Control cinegético

El aprovechamiento cinegético lo desarrolla personal especializado de AMAYA: técnicos y guardas de caza que realizan censos de especies cinegéticas y no cinegéticas, mejoran hábitats, toman muestras para el control sanitario y vigilan el furtivismo.

También organizan monterías y batidas, recechos de ciervo, cabra montés y jabalí, aguardos de jabalí y jornadas de perdiz con reclamo macho, en seis cotos públicos que suman casi 22.000 hectáreas.

En septiembre, con la berrea, los guardas actúan también como guías en los recechos de ciervo. Acompañan a los cazadores agraciados en la subasta o sorteo público, eligen el animal según la categoría asignada y asisten el rececho. Esta temporada pasarán por la sierra unos 500 cazadores.

Con el final de la berrea, la Sierra de los Filabres recupera el silencio hasta el próximo otoño, cuando las lluvias vuelvan a marcar el pulso de uno de los rituales más intensos de la fauna andaluza.