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El río más largo del mundo no tiene ningún puente que lo cruce en 7.000 km (y seguramente no lo tenga nunca)

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

El Amazonas domina Sudamérica. Recorre cerca de 7.000 kilómetros, atraviesa 3 países y mueve más agua que ningún otro río del planeta. Pero hay un detalle que sigue sorprendiendo incluso en pleno siglo XXI: no tiene ni un solo puente en su cauce principal.

La explicación no está en la falta de dinero ni en un retraso tecnológico. Detrás de esta ausencia hay una combinación de factores geográficos, técnicos y económicos que convierten al río en uno de los mayores desafíos para la ingeniería moderna.

Por qué no hay puentes sobre el río Amazonas

En Europa, Asia o Norteamérica es habitual encontrar grandes viaductos sobre ríos históricos. En el Amazonas, sin embargo, no hay ninguno.

La cuenca amazónica concentra cerca de una quinta parte del agua dulce en movimiento del planeta, aunque sigue sin contar con conexiones terrestres permanentes.

La comparación con otros gigantes fluviales resulta llamativa. El Nilo tiene varios puentes repartidos a lo largo de su recorrido y el Yangtsé, en China, suma decenas de infraestructuras de este tipo. El Amazonas mantiene el contador a cero.

Los expertos aseguran que la principal razón es sencilla: apenas existe demanda real. Walter Kaufmann, profesor de Ingeniería Estructural en el Instituto Federal Suizo de Tecnología de Zúrich (ETH), explica en declaraciones recogidas por Live Science, que gran parte de la población ribereña se mueve en barco y utiliza el río como principal vía de transporte.

Las dificultades técnicas que impiden construir puentes en el Amazonas

Construir un puente sobre el Amazonas no es comparable a hacerlo sobre cualquier otro río. El problema empieza por su tamaño cambiante.

Durante la estación seca algunos tramos pueden medir unos cinco kilómetros de ancho. En temporada de lluvias, el nivel del agua llega a subir hasta nueve metros y el río puede expandirse hasta alcanzar 50 kilómetros de anchura.

A eso se suma otro obstáculo todavía más complejo: el terreno. El geólogo brasileño Aziz Ab’Sáber documentó que gran parte de la cuenca amazónica está formada por sedimentos blandos y arcillas inestables, poco adecuadas para soportar estructuras de gran peso.

Para encontrar una base rocosa firme, los ingenieros tendrían que perforar a profundidades superiores a los 100 metros, algo que dispararía el coste de cualquier proyecto.

Además, el río arrastra enormes masas de vegetación flotante conocidas como «matupás». Estas islas naturales chocan contra cualquier estructura con una fuerza enorme, aumentando todavía más el riesgo para las pilas de un posible puente.

El puente sobre el río Negro, el único precedente cerca del Amazonas

Otro problema es la falta de infraestructuras en buena parte de la Amazonia. Muchas carreteras de la región, incluida la Transamazónica (BR-230), siguen siendo vías de tierra que quedan inutilizadas cuando llegan las lluvias intensas.

Por ello, levantar un puente multimillonario sin una red de carreteras sólida alrededor tendría poco sentido desde el punto de vista logístico y económico. De hecho, distintos informes del Banco Interamericano de Desarrollo ya han advertido del elevado riesgo que supondrían este tipo de obras en una zona tan expuesta a inundaciones extremas.

El ejemplo más cercano es el puente sobre el río Negro, inaugurado en 2011 para unir Manaos e Iranduba. Aun así, no cruza el cauce principal del Amazonas, sino uno de sus afluentes. Su construcción estuvo marcada por enormes dificultades técnicas y fuertes sobrecostes, algo que ha frenado nuevos proyectos similares.

Por ahora, ferris y otras embarcaciones continúan siendo la opción más práctica, barata y adaptable para moverse por una región donde el río sigue marcando las reglas.