Encerrada en Cantora a cal y canto

El pánico de Isabel Pantoja

Los últimos tiempos no han sido nada fáciles para Isabel Pantoja, que ha vuelto a encontrar refugio en Cantora.

Cuando se cumple el noveno fin de semana confinados, Isabel Pantoja sigue aislada y tiene miedo. Eran otros tiempos cuando reapareció en el escenario tras varios años alejada de la vida pública en noviembre de 2016. Su implicación en el caso Malaya y su posterior condena judicial le privaron de libertad durante dos años. Fue un antes y un después en la vida de la cantante y durante el tiempo en el que se preparó para su vuelta a los escenarios se habló de que padecía supuestamente pánico escénico.  Eran otros tiempos, digo, porque no sé yo si Pantoja quisiera volver a sentirse así en lugar de la actual sensación que le paraliza la vida, según me cuentan. La cantante se ha encerrado en su casa en el campo y no quiere salir para nada. Tiene miedo a todo. No quiere salir de casa, no quiere ver a nadie y se pasa los días entre cuatro paredes y la angustia de un confinamiento que, aunque ya prevé oficialmente unas horas para pasear, hacer deporte, tomar el aire o estirar las piernas, le ha atrapado más aún a su paraíso particular de Cantora, la finca que heredó de su marido Francisco Rivera Paquirri.

Isabel Pantoja
Isabel Pantoja / Gtres

Bien es cierto que el delicado estado de salud de su madre, que ella misma me confirmó a la vuelta del pasado verano, el día que charlé uno minutos con ella tras su intervención en el reality ‘Supervivientes’, es lo que más le preocupa. Doña Ana “lo llena todo; luego mis hijos y mis nietos”.  Así se lo contaba a Carlos Sobera en ‘Volverte a Ver’ este pasado febrero en el que la pandemia avanzaba silenciosa y mortal sin que lo supiéramos y quien sí lo sabía le faltó al respeto. Pero el mayor miedo de Maribel, el que realmente puede llegar a dominarla es el de salir de casa, me explica alguien que bien lo sabe. Es mucho más que aquel miedo escénico, ese que sienten algunos artistas a enfrentarse a su público, a salir a escena, a actuar o cantar. Los expertos apuntan a que esta sensación aparece cuando la persona teme el rechazo y ante ese temor a no gustar, se bloquea. Isabel Pantoja estuvo más de dos años sin cantar, tuvo que rehabilitar su garganta y cuerdas vocales, según se publicó. Tenía que prepararse para su público. Su imagen estaba por los suelos, pero sus incondicionales fans deseaban verla de nuevo cantar y la artista preparó su presentación y una minigira por España. El miedo se quedó en casa y Pantoja volvió a los escenarios. Ahora el miedo vive con ella en su hogar y su ánimo se arrastra por los suelos. “No tiene ganas de nada; está muy afectada por la situación, por las muertes, por el sufrimiento de la gente, porque sigue apareciendo infectados. No va a salir de casa y le ha pedido a sus hijos, Kiko e Isa, que tampoco salgan. Tiene mucho miedo”, me explican.

No es la primera persona que conozco que siente pánico a volver a hacer una vida normal y salir a la calle después de un periodo de confinamiento forzado. Normal, lo que se dice normal, no sería, porque esta nueva normalidad a muchos no les motiva, más bien les hunde, incapaces de aceptar que la maldita COVID-19 ha transformado nuestras vidas. Es lo que llaman síndrome de la cabaña, cuando el individuo siente que el miedo está afuera. Los psicólogos lo han estudiado en personas que han vivido privadas de libertad durante largos periodos de tiempo en un hospital o en una prisión, e incluso aparece en algunas víctimas de secuestro. Se acomodan a su zona de confort y solo pensar en abandonarla les produce ansiedad, incluso pánico. Todos vimos cuánto le costó a Isabel Pantoja salir de Cantora tras cumplir su condena en Alcalá de Guadaíra (Sevilla) y cómo sus propios hijos le insistían en que tenía que hacer vida fuera de casa y relacionarse. La cantante comenzó poco a poco y normalizó su vida, al menos al volver a cantar o cuando inició su aventura televisiva de ‘Supervivientes’ el año pasado.

Isabel Pantoja
Isabel Pantoja / Gtres

Isabel pasa estos días de crisis junto a cuatro personas: su hermano Agustín, quien dispone de una zona solo para él a modo de apartamento, la madre de ambos y su cuidadora, y Mayte Pulpón, que hace las veces de asistente de la artista desde hace tiempo y, además de acompañarla, es la encargada de la compra y de que no les falte de nada. En Cantora no entra nadie. Pantoja se cuida de que el aislamiento sea eficaz y no tiene planes por ahora de salir de allí.  Pánico a todo lo que esté fuera. Sin embargo, he podido saber que no hace muchos días atrás encargó algún traje de baño. Las temperaturas comienzan a subir y más en el sur.

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