SU MEJOR BAZA PARA LA CRISIS DE HARRY Y MEGHAN

La importante lección que la reina Isabel aprendió tras la muerte de Lady Di

La reciente entrevista de los duques de Sussex con Oprah Winfrey ha puesto a prueba la capacidad de maniobra de la reina Isabel en un entorno en el que nunca se ha sentido especialmente cómoda: mostrando sus emociones.

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  • Andrea Mori
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La Casa Real Británica atraviesa uno de sus momentos más complicados. La reciente entrevista de los duques de Sussex con la presentadora Oprah Winfrey ha puesto en el punto de mira a la institución a raíz de una serie de declaraciones especialmente por parte de Meghan Markle que han generado una situación de tensión en el Reino Unido. Duras críticas hacia “La Firma” que, aunque no han tenido por objeto la figura de la reina Isabel ni del duque de Edimburgo, implican de manera más o menos directa a la monarca, al ser ella su máxima representante. Meghan Markle ha hablado de racismo dentro de la Casa Real, de trato desfavorable hacia su hijo y de falta de apoyo.

La reina Isabel junto a los duques de Sussex en un acto oficial / Gtres

Sin embargo, desde Buckingham no han dudado en responder con celeridad a estas cuestiones. Pese a que se trata de asuntos personales entre los duques de Sussex y el resto de la familia, en esta ocasión, la Reina no ha dudado en dar una respuesta pública y contundente, asegurando que Harry y Meghan son miembros muy queridos de la familia y que se investigarán de la manera pertinente las cuestiones a las que la pareja ha aludido. «Toda familia se entristece de conocer en su plena dimensión lo duros que han sido estos últimos años para Harry y Meghan”, aseguraba el texto en su encabezado. «Las cuestiones planteadas, especialmente la racial, son preocupantes y serán tratadas por la familia en privado», sentenciada.

Una actitud, al menos de cara al público, que nada tiene que ver con lo que aconteció en el caso de Diana de Gales. Y es que según ha trascendido, ya se ha producido una primera conversación entre el duque de Sussex y los príncipes Carlos y Guillermo, aunque el resultado de la misma no ha sido productivo.

La reina Isabel en una de sus primeras apariciones con Diana de Gales / Gtres

Se ha hablado mucho de las semejanzas y diferencias entre la entrevista de los duques de Sussex con Oprah Winfrey y la conversación que Diana de Gales mantuvo después de su separación con el periodista Martin Bashir. Al margen de las últimas informaciones que se han revelado en torno a esta entrevista -se dice que Diana la concedió bajo coacción por unas supuestas informaciones relacionadas con su hermano-, lo cierto es que tuvo una inmensa repercusión. Más de veinte millones de personas estuvieron pendientes en la BBC de las declaraciones de la Princesa, en las que hablaba de las infidelidades de Carlos de Inglaterra, sus problemas de alimentación o la depresión que sufrió tras el nacimiento del príncipe Guillermo y que arrastró tiempo después a raíz de la crisis de su matrimonio.  Unas palabras que hicieron que se acelerara el divorcio, algo que no se contemplaba en aquel momento y que la propia Diana no esperaba. Fue la respuesta más inmediata por parte de Buckingham a unas declaraciones que se consideraban totalmente fuera de lugar. Desgraciadamente, Diana perdería la vida apeas dos años después en un fatídico accidente en París, acompañada de su entonces pareja, Dodi Al Fayed, y huyendo de la presión de los medios de la que tanto se han quejado Harry y Meghan.

Sin embargo, la reina Isabel, a diferencia de lo que ha ocurrido ahora, no pronunció palabra alguna sobre la polémica entrevista de la princesa de Gales. Tampoco lo hizo -al principio-, cuando el mundo entero quedó conmocionado ante el trágico fallecimiento de Lady Di. En Buckingham no acostumbraban entonces a manifestaciones de este tipo, pero la situación lo exigía. De hecho, fue necesaria la intervención del entonces primer ministro, Tony Blair, para que la monarca hiciera una declaración pública de pésame por la muerte de la Princesa, se acercara a ver las millones de flores que la población había colocado a las puertas del palacio de Buckingham o llevara a cabo otros gestos con los que buscó el favor del público, como ordenar que la bandera ondeara a media asta el día del funeral, o que el féretro fuera cubierto con el estandarte real. Porque hay ocasiones en las que las cosas no pueden resolverse en privado.

Reina Isabel

La reina Isabel y Tony Blair en una imagen de archivo / Gtres

Fue precisamente Tony Blair quien jugó un papel decisivo en la ‘rectificación’ por parte de la soberana y quien apodó a Diana de Gales “princesa del pueblo” en el Parlamento. Así lo revelaba él mismo en sus memorias: “mientras la Reina estaba en Balmoral y Londres se convertía en la capital del duelo para el mundo entero, el abismo entre la monarquía y el pueblo aumentaba”, escribió el exprimer ministro. Blair pasó un fin de semana en Escocia y fue entonces cuando le comentó a la Reina que era necesario mostrar cierta sensibilidad al respecto: “le hablé de la necesidad de aprender lecciones”. A tenor de lo que ha ocurrido ahora, parece que Isabel II tomó nota del consejo, aunque dejando claro que “algunos recuerdos pueden variar”.

Es más que probable que no seamos nunca conscientes del todo del contenido de las conversaciones que la reina Isabel u otros miembros del clan Windsor hayan tenido o puedan tener en un futuro con Harry y Meghan, pero lo que está claro es que Su Majestad ha aprendido que la población siempre espera una reacción. Y es que los asuntos que conciernen a la Corona, por muy privados que puedan ser, siempre tienen consecuencias. Lo que sí está claro a juzgar por los últimos sondeos es que más de un 36% de los británicos apoyan a la Reina en esta crisis cuyo alcance total aún está por determinar.

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