El blog de Paloma García-Pelayo

Pantoja- Rivera, el divorcio entre madre e hijo

Dos meses después de que estallara la guerra entre ellos, la ruptura es un hecho

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Si existiera el divorcio entre una madre y su hijo, Isabel Pantoja y Kiko Rivera estarían a punto de firmarlo. Los reproches públicos sobre la gestión que su madre ha realizado sobre el patrimonio que su padre le dejó al morir han abierto una brecha incurable entre ellos. La relación entre la artista y el DJ, en contra de lo deseable, no parece que vaya a sanar.

Fue la mayor alegría de su vida, su razón para seguir adelante cuando perdió a su marido y hoy no puede estar más lejos de él, de su hijo Kiko. Francisco José, como decidieron llamarlo, llegó a su matrimonio, el que felizmente había formado diez meses antes con el diestro Francisco Rivera “Paquirri”, el 9 de febrero de 1987, el mismo año en el que un toro lo dejaría huérfano de padre. Treinta y seis años después, la madre y su pequeño del alma se separan. “Isabel Pantoja no quiere saber nada de su hijo, no va a hablar con él. Tiene clara su defensa. No le importa de qué le haya acusado, lo único que le duele es que lo haya hecho públicamente”.

Kiko fue el motor de su madre cuando falleció 'Paquirri', dejándola viuda cuando aún no había cumplido los 30 y con bebé de pocos meses/Gtres
Kiko fue el motor de su madre cuando falleció ‘Paquirri’, dejándola viuda cuando aún no había cumplido los 30 y con bebé de pocos meses/Gtres

Cuando mi fuente me explica las intenciones de la cantante, le pido, por favor, que me lo repita y reclamo que me especifique si es meramente una opinión o si es información que llega desde Cantora. Me confirma que ha sido la propia Isabel la que, según su relato, ha verbalizado que no le importa lo que haga su hijo. No va a contestarle, ni llamarlo, ni irá a verlo. Está, al parecer, demasiado indignada. Hasta aquí puedo escribir. Ni abogados, ni acusaciones. Solo quiere que pasen los días y el estar en boca de todos. Estas noticias de Isabel me llegan 2 meses después de que Kiko abriera la caja de Cantora en la entrevista que concedió al programa Sábado Deluxe el pasado 17 de octubre. Hasta dónde sé y ante la evidencia de que aún no ha hablado con su hijo ni ha hecho amago, parece que la artista no tiene prisa por arreglar nada. Me consta que habla por teléfono, recibe llamadas, contesta mensajes y se encuentra mejor, después del disgusto. De su hijo, nada de nada.

La artista no tiene prisa por arreglar las cosas/Gtres
La artista no tiene prisa por arreglar las cosas/Gtres

Fui la primera que cuestionó a Kiko cuando criticó a su madre en público en su reaparición en ‘Sábado Deluxe’. Según él, era el peor momento de su vida y ella no había estado a la altura. Sin casi mirar a la cámara, ojos esquivos y aspecto descuidado aseguró sentirse “triste” y “en el subsuelo”. No, no me creí la supuesta depresión, pero sí entendí que era toda una declaración de intenciones, un desafío público. Se sentía mal, contó que le pidió vender Cantora para salir de los apuros económicos y la negativa de su madre se le atragantó. Decidió compartirlo todo con la audiencia y los periodistas. Una vez ella reaccionó y decidió entrar por teléfono en directo para intentar apoyarle, pedirle que no siguiera hablando, que tenían que verse y aclarar todo lo que él quisiera, Kiko remató: no necesitaba a la artista sino a la madre. Presión en vena y en directo. En ese momento, pensé que no era justo que la tratara así en público. Pero si estaba exagerando y medio inventando una depresión, ¿qué es lo que realmente había detrás de esa decisión? ¿Por qué ese enfado, por qué esa presión? Debía ser algo mucho más serio que un ‘acting’ en un plató.

Tres días después, decidí llamar a Isabel Pantoja. Lo primero que le dije, tras identificarme – he sido una periodista crítica y debía saber quién le llamaba- fue que creía que su hijo estaba engañándola con la pretendida depresión. Acababa de recibir una información que situaba a Kiko en un restaurante cerca del puente de Triana, un día antes de la polémica entrevista, pasándolo bien. Depresión poca o ninguna. Pero Isabel ya lo sabía. Kiko contactó con ella aquel día desde ese mismo restaurante por videollamada. Lo vio contento y pasando un buen rato con su primo Manuel Cortés. Entonces comenzó a repetirme que necesitaba verlo y míralo a los ojos. Lo conoce muy bien y en sus ojos sabría si decía o no la verdad. Mis preguntas y respuestas se sucedían. En un momento determinado me atreví a decirle que, pese a todo lo que ella creyera, era evidente que tenía un gran problema con su hijo, que cogiera el coche y fuera a verlo; que hablara con él. Pantoja parecía realmente afectada, al menos es lo que su voz y su sollozo me transmitían. Había dado todo por sus hijos y no entendía cómo Kiko “le hacía esto”. Sin embargo, no dudó en asegurar que no; no iría verlo. “Necesita tiempo. Él sabe que yo no me puedo mover. Ya vendrá”.

Ha pasado dos meses desde que comenzó la guerra entre Kiko Rivera e Isabel Pantoja/Mediaset
Ha pasado dos meses desde que comenzó la guerra entre Kiko Rivera e Isabel Pantoja/Mediaset

Dos meses después todo sigue exactamente igual. Para ser más exactos, mucho peor. Kiko ha realizado declaraciones muy duras tanto en la entrevista que concedió a la periodista Mila Ximénez para Lecturas, como las que protagonizó en el especial televisivo de Mediaset, “Cantora: la herencia envenenada”. La indignación y el enfado le cegaron, tal vez. Con documentación que resumía parte de las decisiones que su madre había tomado sobre el patrimonio que su padre le dejó, Kiko aseguró sentirse muy perjudicado. Algunos de sus argumentos eran completamente erróneos y en las semanas siguientes algunos periodistas fuimos dando las claves. El hijo de Isabel Pantoja desconocía con 36 años muchos detalles sobre la gestión de Cantora y sobre el dinero que ‘Paquirri’ tenía en América. Entiendo que su madre, no. Sin embargo, ninguno hace nada por aclarar semejante dislate. Se han enrocado en sus razones sin escuchar al otro y se han ido alejando día a día, en cada decisión, declaración y comunicado. Me temo que la separación es hoy, más que nunca, un hecho.

Isabel Pantoja continúa encerrada en Cantora/Gtres
Isabel Pantoja continúa encerrada en Cantora/Gtres

Isabel Pantoja sigue viviendo en Cantora, la finca que heredó de su marido y que también es propiedad de su hijo en un 47,60 por ciento. No parece que tenga intención de moverse. Una vez cancelado el 1,1 millón de euros que solicitó la cantante para pagar la multa de su condena en el caso blanqueo, aún pesa sobre el inmueble parte de otra hipoteca que pidió en 2002 (2, 7 millones de euros). Según mi información queda aún 1.108.000 euros por pagar. Pantoja necesitó la parte de su hijo para garantizar ambas hipotecas. Kiko firmó confiado cuando cumplió 18 años y la segunda, en 2015, cuando su madre se encontraba en prisión. Fue Agustín Pantoja, con un poder otorgado por su hermana Isabel, quien ultimó los trámites; un poder general con previsión de incapacidad sobrevenida que firmó el 27 de octubre de 2014 ante un notario de Jerez. El Dj ha declarado que por ayudar a su madre volvería a firmar, pero pide explicaciones. Le preocupa esa deuda. La finca está afectada, además, por una anotación preventiva de embargo de Hacienda sobre el 52,40 por ciento de Isabel Pantoja, que asciende a 338. 816€.

Madre e hijo enfrentados por una herencia, dinero y esa sinrazón que les impide parar el enfrentamiento que está en boca de todos. Pantoja se asesora y gana tiempo. No sé muy bien para qué. ¿Cantora peligra? Puede que Kiko la pierda si su madre no levanta esa hipoteca. El tiempo lo dirá. Sí parece, por ahora, dispuesta a perder la relación con su hijo.

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