Francisco Rivera vuelve a poner a Ronda a sus pies con la Goyesca: "Han sido dos años muy duros"
Después de dos años de ausencia, la Goyesca de Ronda regresa con fuerza
Francisco Rivera ha recuperado la ilusión que la pausa forzosa había puesto a prueba
La edición de 2026 celebra el 75 aniversario de la alternativa de su abuelo Antonio Ordóñez y marca el regreso de un cartel de lujo

Después de dos años de ausencia, la Goyesca de Ronda vuelve a brillar, y con ella, Francisco Rivera recupera la ilusión que tanto necesitaba. La tradicional corrida, que celebra este 2026 el 75 aniversario de la alternativa de su abuelo Antonio Ordóñez, ha supuesto para el empresario no solo un desafío profesional, sino también un regreso a la emoción y al orgullo familiar que lo acompañan desde niño. Tras un paréntesis forzoso por las obras de consolidación del histórico coso rondeño, Rivera ha conseguido recomponer un cartel de lujo con Morante de la Puebla, José María Manzanares y Juan Ortega, además de la corrida de rejones en homenaje a Álvaro Domecq, devolviendo a la feria de Pedro Romero la magnitud y el glamour que la hicieron célebre.
Sin embargo, detrás del brillo de la Goyesca, también se esconde la complejidad de la familia. La relación con su hermano Cayetano Rivera, siempre marcada por altibajos, vuelve a estar en la cuerda floja. Aunque ambos comparten pasión por los toros y un profundo respeto por la herencia de Paquirri y Carmina Ordóñez, no siempre sus caminos se alinean. La gestión de la Goyesca ha sido en más de una ocasión un punto de fricción: decisiones sobre carteles, participaciones y aspectos económicos han generado roces, y este año, la ausencia de Cayetano en el cartel añade un matiz de tensión a la vuelta del gran festejo. A pesar de ello, Francisco se mantiene firme en su papel de empresario, consciente de que la responsabilidad recae sobre sus hombros y que su prioridad es mantener la esencia de la Goyesca intacta.

Francisco Rivera en la presentación de la Goyesca 2026. (Foto: Gtres)
El empresario ha vivido estos meses previos con la intensidad de quien sabe que cada detalle cuenta. «Han sido dos años muy duros, muy tristes. Poder volver es muy bonito», confiesa, mientras repasa mentalmente la logística, la elección de toreros y la coordinación con la Real Maestranza de Caballería y el Ayuntamiento de Ronda. La Goyesca no es solo una corrida: es un ritual social que transforma la ciudad, atrae a visitantes de todo el mundo y genera un impacto económico y cultural innegable. Rivera lo sabe, y cada paso está pensado para que el regreso sea perfecto.
La complicidad con los toreros ha sido clave para lograrlo. Morante de la Puebla, el torero más comprometido con la plaza, aceptó sin condiciones económicas ni negociaciones, confiando plenamente en la visión de Rivera. «Me dijo: ‘Con quien tú quieras y lo que tú quieras pagarme’», revela Francisco, emocionado, mientras recuerda la generosidad del maestro cigarrero. Para él, que ha vivido la Goyesca desde niño, cada gesto de colaboración refuerza el orgullo por su legado y la emoción de estar a la altura de su abuelo. «La Goyesca es algo muy bonito de organizar, un orgullo y un privilegio que forma parte de mi ADN», confiesa, añadiendo que, al hilvanar los carteles, siempre piensa en Antonio Ordóñez y hace un examen de conciencia: «Cuando tengo el cartel listo, pienso en mi abuelo y me pregunto si estoy a la altura para continuar hacia delante».




Francisco Rivera en la presentación de la Goyesca 2026. (Foto: Gtres)
Con su regreso, la Goyesca no solo vuelve a la plaza, también devuelve a Ronda su cita más esperada del año. La corrida se convierte de nuevo en el punto de encuentro de aficionados, toreros, sociedad y prensa, donde tradición y estilo se mezclan con emoción en cada paseíllo. Para Francisco Rivera, organizarla sigue siendo un reto: «Cuando tengo el cartel listo, pienso en mi abuelo y en si estoy a la altura», confiesa. Entre la historia familiar, el respeto de los toreros y la expectación de la ciudad, Rivera coordina cada detalle con la pasión de quien ha vivido la Goyesca desde niño. Y mientras Ronda se prepara para vestirse de luces y de época, él sonríe al ver cómo la plaza vuelve a latir, con la misma fuerza y complicidad de siempre.