Los críticos a Sánchez no ven movimientos internos en el PSOE «hasta que salga del Gobierno»
Cualquier atisbo de crítica interna «se consideraría una traición»
Voces críticas al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que permanecen en la estructura institucional y orgánica, dentro del PSOE, descartan movimientos internos que puedan interpretarse contra Sánchez hasta que éste no salga del Gobierno. Las fuentes socialistas consultadas aseguran que los damnificados por Sánchez a lo largo de estos años prefieren seguir en silencio esperando su momento, porque «es una ley no escrita en el partido que «al presidente nunca se le critica, mientras estemos en el Gobierno».
Estas mismas fuentes subrayan que, pese a que todos los escándalos que están surgiendo merecen una reflexión y un planteamiento sereno sobre el futuro del partido, «cualquier movimiento, por constructivo que fuera, se interpretaría ahora mismo como una traición». Por este motivo, prefieren guardar silencio y esperar, antes que ser considerados traidores dentro del partido, una condición que la actual dirección del PSOE no ha dudado en otorgar a un buen número de antiguos dirigentes socialistas que hoy están incluso fuera de las filas socialistas, como es el caso del ex líder de los socialistas vascos Nicolás Redondo Terreros, o el ex presidente de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina, expulsado en su día de la organización.
Los nombres de Redondo, Leguina, como otros muchos que empezaron siendo críticos y terminaron apartados de la formación, son invocados por estas fuentes cuando se les pregunta por su silencio. Algunos aseguran que, cuando el PSOE pase a la oposición, «seremos los únicos que seguiremos aquí y que podremos proponer otra forma de hacer política, desde la reflexión y con ánimo constructivo».
Estas voces, que no comparten la forma de hacer política de Sánchez, sí expresan en voz baja su temor a que, de seguir en una dinámica de caída electoral, el PSOE quede muy diezmado en todos los territorios de España y que la «travesía del desierto» sea demasiado larga y compleja, para poder volver a situar al PSOE como el partido socialdemócrata, partido de gobierno y de Estado.
Los pocos disidentes, que critican con voz queda a Sánchez, se resisten a comparar la actual situación con la que vivió Felipe González, en los años 90, o el propio José Luis Rodríguez Zapatero, poco antes de las elecciones de 2011. Y añaden que «con la irrupción de las formas de la ultraderecha en la política» y los ataques «tan virulentos» al presidente del Gobierno, todo el mundo espera que se apoye al líder y no se contempla el más mínimo atisbo de crítica, así sea constructiva.
Alguno de los consultados, sin embargo, admite que, en aquellos tiempos, las voces críticas eran «casi anecdóticas», pero toleradas, y subrayan que, en los tiempos que corren en el PSOE, «ni Sánchez ni su equipo entienden una crítica como una aportación, para el debate de ideas, sino «más bien como un ataque intolerable». Otra razón de peso para mantener su silencio.
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