Tras lo ocurrido en el derbi

El Real Madrid lo tiene claro: autocrítica sí, silencio no

El equipo de Mourinho volvió a ofrecer una imagen preocupante y evidenció sus carencias en el centro del campo

Todo es compatible con denunciar un arbitraje que condicionó la derrota: los errores deportivos del Madrid no pueden utilizarse para justificar lo sucedido

El vestuario del Real Madrid estalla: «Nos han jodido bien y nos han puesto a un cobarde para arbitrar”

real madrid

El Real Madrid no jugó bien en el Metropolitano. No tuvo fútbol, le faltó personalidad con el balón y volvió a evidenciar que la plantilla necesita calidad. Fútbol, en definitiva. También se puede discutir si el club debió vender a determinados jugadores durante el verano o si José Mourinho acertó con el planteamiento y los cambios. Todo eso es cierto. Y todo eso es perfectamente compatible con afirmar que el arbitraje condicionó de manera decisiva el derbi.

Una cosa no puede esconder la otra. El mal partido del Real Madrid debe analizarse, criticarse y corregirse. Lo sucedido con el árbitro también. Los errores deportivos del equipo no convierten en aceptables las decisiones que sufrió durante los 90 minutos. La autocrítica no puede servir como coartada para pasar por alto un arbitraje que desde el club consideran «un auténtico atraco».

El problema está por encima de los nombres

La cuestión verdaderamente importante no es si Vinicius estuvo mal, si Mbappé volvió a desaparecer en una gran noche o si Mourinho fue superado desde el banquillo. El fondo del asunto va mucho más allá. Si el Real Madrid hubiese jugado con un centrocampista de calidad que aportara fútbol, se hubiese producido alguna salida posiblemente necesaria y el entrenador que estuviese sentado en el banquillo fuera otro, las decisiones arbitrales habrían sido exactamente las mismas.

Ese es el punto que más preocupa dentro del club. Los protagonistas pueden cambiar, pero la sensación de desprotección se mantiene. Por eso el Real Madrid considera que lo sucedido no responde a un problema puntual de rendimiento, sino a una cuestión estructural que vuelve a poner bajo sospecha todo el sistema arbitral.

La expulsión de Dean Huijsen, las entradas sufridas por Fede Valverde y Jude Bellingham, el penalti no pitado a Pubill y el diferente criterio disciplinario durante el encuentro desataron la indignación madridista. A ello se añadió, según trasladaron desde el vestuario, el comportamiento del colegiado en el túnel, que sorprendió a los jugadores por sus formas.

El Real Madrid pone un ejemplo claro

En el Real Madrid plantean una comparación que resume su malestar. «¿Qué habría sucedido si la selección española hubiese sufrido un arbitraje semejante en la semifinal del Mundial contra Francia o en la final frente a Argentina? La reacción habría sido inmediata y prácticamente unánime», aseguran. Posiblemente, con razón. Y es que, el escándalo es mayúsculo. El fútbol es malo, pero lo sucedido fue un bochorno para nuestro fútbol.

El Real Madrid tiene que jugar mucho mejor, necesita corregir su planificación y debe exigir más a sus futbolistas. Pero ninguna de esas realidades borra lo ocurrido en el Metropolitano. Los puntos deportivos explican parte de la derrota. El arbitraje explica otra parte fundamental. Negar cualquiera de las dos supone realizar un análisis interesado e incompleto.

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