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Al final, el Real

Marcos López derbi
Los jugadores del Real Madrid celebran un gol ante el Atlético. (EFE)

Perseguir sombras es señal de derrota. Cinco o seis pases seguidos del Atlético anunciaban tormenta porque los blancos iniciaron justos de energía y con el orden entre alfileres ya que los desajustes y las imprecisiones recordaban ese Madrid en llamas del que los de Ancelotti tratan de huir. La alineación; en primer lugar, las vacas sagradas. Luego, un galimatías donde sólo el orden iba por detrás del afán de victoria.

Un simple movimiento servía para dividir a toda la defensa blanca. Correa por dentro para dejarle el pasillo a Molina sirvió para dejar al rival en evidencia. Mendy se quedaba en tierra de nadie, Vinicius no volvía con la marca y Kroos no corregía. Tampoco lo hacía Rüdiger por detrás. Sin energía y con gol en contra. Pintaba mal ya que los colchoneros son unos, ganadores, si anotan el primero y otros muy distintos si empiezan encajando.

Una cesión, la del balón, fue un error imperdonable. Pecado capital del Atleti. Tirarse atrás, cambiar el pase por el despeje y la pausa por la ansiedad sirvió para que ya nunca más, sólo hasta el último tramo de la prórroga, los blancos tuviesen que correr y correr persiguiendo. Simeone decidió que era mejor la trinchera que seguir cansando al rival, quitarles la poca energía minaba el ataque blanco pero la decisión fue defender y defender; sin embargo, los colchoneros ya no son los que eran en el arte de la defensa.

El balón, blanco. Más por decisión de los que otros que por propia virtud. Y ahí siempre está la jugada, el momento, el error. Salió jugada, la de Rodrygo. Él y sólo él. Por dentro, maravilla de conducción enlazando regates hasta el exterior final a la red. Tablas y a la prórroga. Y ahí, Vinicius. Generó la superioridad con el regate y sumó cuatro o cinco jugadas de partido y clasificación en un duelo más grueso que fino donde la resistencia venció a la inercia. Al final, el Real.

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