Curiosidades
PSICOLOGÍA

Según la psicología, existe una edad en la que la felicidad alcanza su nivel más bajo

La mitad de los 40 es, en términos estadísticos, la etapa emocionalmente más difícil de la vida adulta. Así lo concluye un estudio del economista británico David G. Blanchflower, profesor del Dartmouth College, en Estados Unidos, publicado en la revista Journal of Economic Behavior & Organization. Según su análisis, la felicidad sigue una curva en forma de colina respecto a la edad y alcanza su mínimo, de media, a los 49 años, tanto si se tienen en cuenta otras variables como si no.

El trabajo se apoya en ocho bases de datos sobre bienestar que reúnen a casi 14 millones de encuestados de cuarenta países europeos, Estados Unidos y 168 países incluidos en la Encuesta Mundial de Gallup. Para medir el malestar, el autor recurrió a una veintena de indicadores distintos, entre ellos los días de mala salud mental, la ansiedad, la preocupación, la soledad, la tristeza, el estrés, el dolor, la depresión, las fobias y los ataques de pánico, el sueño inquieto, la pérdida de confianza en uno mismo o la sensación de ser un fracaso. A ellos sumó una pregunta general sobre si la situación del país del encuestado está empeorando.

Una curva que se repite

Todas esas medidas dibujan el mismo perfil: el malestar crece desde la juventud, toca techo en la mediana edad y después se reduce. Es la imagen invertida de la conocida ‘curva en U’ de la felicidad, que desciende hasta la mitad de la vida y remonta más tarde. En un trabajo previo, el propio Blanchflower había calculado que, promediando 257 estimaciones de países en desarrollo, el bienestar tocaba fondo a los 48,2 años.

Por qué la mitad de la vida pesa más

Las lecturas divulgativas del estudio relacionan ese pico con la llamada crisis de los 40: una etapa en la que empiezan a aparecer problemas de salud más serios, se vuelve más frecuente la pérdida de seres queridos y muchas personas replantean sus prioridades. Esos mismos análisis señalan que quienes tienen menos estudios presentan niveles de bienestar más bajos y una mayor exposición a las llamadas ‘muertes por desesperación’, un término que engloba suicidios, sobredosis y abuso del alcohol y que popularizaron los economistas Anne Case y Angus Deaton. Como factores de protección, mencionan un matrimonio estable, la formación superior y unos ingresos elevados.

Superado ese punto, el bienestar tiende a recuperarse. Entre las explicaciones que se suelen ofrecer figuran la marcha de los hijos del hogar, que alivia tensiones y cargas económicas, y la experiencia acumulada, que ayudaría a aceptar las propias limitaciones y a abandonar expectativas poco realistas. Estas interpretaciones no aparecen en el resumen publicado de la investigación.

Un patrón que está cambiando

Trabajos más recientes matizan el panorama. En un estudio publicado en 2025 en la revista PLOS One, Blanchflower y los economistas Alex Bryson y Xiaowei Xu concluyen que la salud mental de los jóvenes se ha deteriorado tanto en términos absolutos como en comparación con la de las personas mayores. Con datos de 44 países entre 2020 y 2025, confirman que el malestar ya no tiene forma de colina con la edad, sino que disminuye a medida que se cumplen años.

Blanchflower considera que la llegada de los teléfonos inteligentes y las redes sociales podría ser en buena parte responsable de este cambio, que afecta especialmente a las mujeres jóvenes.