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El motivo por el que la comida sabe diferente en el espacio, según los astronautas de Artemis II

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

La misión Artemis II llegó hasta la Luna el pasado mes de abril y logró completar todos sus objetivos con éxito. De hecho, muchos pudieron seguir en directo el avance de la misión día a día gracias a varias cámaras instaladas en el interior de la nave Orión, que permitían ver la rutina de los cuatro astronautas a bordo. En este contexto, una de las imágenes más llamativas fue la aparición de un bote de Nutella, un momento que fue comentado por millones de personas en redes sociales al observar cómo flotaba en el interior de la nave.

Tal fue la repercusión de esta escena que el periodista Anderson Cooper, de la cadena estadounidense CNN, habló sobre ella en su programa, y no pudo evitar preguntarse si esta crema de cacao y avellanas sabe diferente en el espacio. «Todo sabe un poco diferente. Quizás porque no tienes la capacidad de olerlo. Por ejemplo los productos calientes no crean aire caliente y no puedes tampoco oler tu café. Pero la Nutella la verdad que es de las pocas cosas que sabía casi como en la Tierra», explica el piloto Victor Glober.

¿Por qué la comida sabe diferente en el espacio?

En el espacio, los astronautas pueden percibir el sabor de los alimentos  de forma distinta, ya que se reduce parte de su intensidad. Sin embargo, esto no está relacionado con el sentido del gusto en sí, sino con el olfato.

Un estudio pionero en el mundo publicado en la International Journal of Food Science and Technology (RMIT) ha concluido que intervienen factores fisiológicos y psicológicos muy concretos que explican por qué los astronautas no pueden disfrutar plenamente de la comida en el espacio. En primer lugar, la condición de baja gravedad provoca que los líquidos del cuerpo se desplacen desde las partes inferiores hacia la parte superior, lo que genera cierta hinchazón facial y congestión nasal. Este efecto reduce la capacidad de la nariz y la lengua para percibir correctamente los sabores y aromas de los alimentos.

Por otro lado, también influyen factores psicológicos. El aislamiento en un espacio tan amplio y hostil puede modificar la forma en la que se experimenta la comida y el placer asociado a ella. «La experiencia de estar en una estación espacial durante largos períodos de tiempo afecta en gran medida a la forma en la que olemos y saboreamos las cosas», explica Gail Iles, antigua instructora de astronautas de la Universidad Real Instituto de Melbourne, en declaraciones recogidas por Cosmos Magazine.

Y añade: «Especulamos que el uso de saborizantes alimentarios dulces podría usarse para mejorar la percepción del sabor de otros alimentos en los astronautas. Pero, hasta cierto punto, añadir demasiados químicos puede resultar desagradable para la comida en general, aunque deberíamos estudiarlo más. Por ejemplo, si tomas un café con leche con avellanas con un sabor fuerte a avellana, esto podría alterar el sabor original del café».

Los investigadores descubrieron que ciertos aromas y sabores, como el de avellanas o vainilla, se pueden percibir de forma más intensa en el espacio a partir de pruebas simuladas con realidad virtual de la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés). En cambio, otros como el limón se mantuvieron prácticamente igual. Una de las explicaciones apunta a la presencia de compuestos químicos como el  benzaldehído, una sustancia con sabor dulce y aroma característico, que podría influir en los cambios de percepción del sabor y el olor en condiciones de microgravedad.

«Una mayor sensación de soledad y aislamiento influye mucho, por lo que nos propusimos estudiar las variables que tenían un peso importante a la hora de este cambio en las percepciones del sabor y del aroma, además de la sensibilidad de los individuos al olor», explica por su parte Julia Low, autora principal del estudio.

Artemis II

Según la NASA, la misión Artemis II llevó a los astronautas más lejos de la Tierra y más cerca de la Luna de lo que ha llegado ningún ser humano en más de medio siglo. Desde este punto de vista y este entorno únicos, la tripulación de Artemis II trabajó con investigadores en la Tierra para facilitar investigaciones científicas que orientarán las futuras misiones de vuelos espaciales tripulados.

La tripulación de Artemis II viajó cerca de 7.400 kilómetros (4.600 millas) más allá del lado lejano de la Luna. Desde ese punto de vista, pudieron ver la Tierra y la Luna desde las ventanas de Orión, con la Luna en primer plano y la Tierra a más de 400.000 kilómetros al fondo. Con un viaje de regreso de unos cuatro días, la misión duró cerca de 10 días. En lugar de requerir propulsión para su retorno, esta trayectoria de bajo consumo de combustible aprovechó el campo de gravedad Tierra-Luna, lo que garantizó que, tras su paso por el lado lejano de la Luna, Orión fuera atraída naturalmente por la gravedad de la Tierra para la fase de retorno libre de la misión.