Curiosidades
Invierno

Los escandinavos mantienen sus hogares calientes incluso cuando la temperatura baja muy por debajo de cero: este es el truco

Cuando llega el invierno, y bajan las temperaturas, son muchos los que siguen la misma rutina: suben el termostato al máximo, sacan las mantas y como no, confían en el que el radiador caliente toda la casa. Sin embargo, en Suecia, Noruega o Finlandia, donde el invierno puede ser realmente duro y las temperaturas llegar a varios grados bajo cero, recurren a algo que para ellos es básico, y que está basado en la idea de que de nada sirve intentar conseguir calor si las paredes, las ventanas y hasta el suelo lo dejan escapar en cuestión de horas, y por eso gran parte del esfuerzo se dedica a retenerlo, con la ventaja añadida de que el gasto energético baja de forma apreciable.

Y ese modo de entender los hogar escandinavos moldeó la arquitectura del norte de Europa mucho antes de que se hablase de eficiencia energética o de certificados. Un aislamiento serio, un cuidado severo con las rendijas, materiales macizos que guardan el calor y textiles gruesos colocados con criterio forman un conjunto que funciona porque cada pieza refuerza a las demás. Lo curioso es que buena parte de esas ideas se pueden copiar sin pasar por una reforma, y en España tienen un sentido especial ya que muchas viviendas se levantaron cuando casi nadie pensaba en el aislamiento, y cada ola de frío deja claro cuánto se pierde por ventanas viejas, persianas mal ajustadas y suelos helados. Conviene, por tanto, mirar qué hacen allí y adaptarlo a nuestras casas.

Los escandinavos mantienen así sus hogares calientes

Una de las primeras cosas que debemos tener en cuenta, es que en los hogares nórdicos el textil trabaja casi tanto como el radiador. De este modo, una cortina de tela densa corta buena parte de la sensación de frío que irradia el cristal, y una alfombra sobre baldosa o cerámica cambia por completo la experiencia de pisar el suelo por la mañana. La rutina es sencilla: en los días de sol se abren cortinas y persianas para que entren la luz y, con ella, algo de calor gratuito, y en cuanto anochece se cierran para que el cristal frío no enfríe la estancia. Un error muy común es dejar la cortina colgando justo delante del radiador, porque el aire caliente queda atrapado detrás en lugar de repartirse por la habitación. Algo parecido sucede con un sofá o una cómoda arrimados al emisor, así que conviene dejar un hueco libre alrededor para que la calefacción rinda lo que debe.

Rendijas y ventilación: cerrar bien y abrir poco

Una calefacción a pleno rendimiento no sirve de nada  si por las juntas de puertas y ventanas se cuela aire helado, algo que ocurre sobre todo en casas antiguas con marcos deformados y gomas resecas. Comprobar el estado de esos cierres, cambiar las juntas vencidas y tapar las grietas es de lo más rentable que se puede hacer, porque cuesta poco y se nota enseguida en el ambiente. Eso no quita que haya que renovar el aire, y en este punto los escandinavos recomiendan ventilar de forma breve e intensa durante unos minutos, de manera que el aire se sustituye deprisa y las paredes y los muebles no llegan a enfriarse. Incluso las habitaciones que se usan poco, y que no hace falta mantener a la temperatura del salón, necesitan esa ventilación periódica para evitar humedades y moho.

La masa térmica: la batería de piedra de las viejas estufas

Las estufas de piedra o ladrillo de las casas tradicionales del norte esconden otro de los trucos del método: la masa térmica. Mientras ardía la leña, aquellos bloques macizos acumulaban calor y lo iban soltando durante horas, incluso después de apagarse el fuego, igual que una batería devuelve poco a poco la electricidad guardada. La piedra, el ladrillo y el hormigón comparten esa capacidad de almacenar energía y cederla despacio al ambiente. Pero la masa térmica no obra milagros por sí sola, y unos muros gruesos también se enfrían si el tejado, las paredes o el suelo carecen de aislamiento, o si las ventanas no sellan bien. Por eso, cuando una habitación sigue helada con la calefacción funcionando con normalidad, lo más probable es que el fallo sea estructural, por ejemplo un aislamiento deficiente o puentes térmicos, y ahí ni las cortinas ni las alfombras compensarán lo que se escapa por los muros.

Qué hacer antes de plantearse una reforma

Antes de pensar en obras merece la pena hacer un repaso casero: localizar por dónde entra el aire, sustituir las juntas gastadas, aprovechar el sol del mediodía, cerrar persianas al anochecer, poner alfombras en los suelos y despejar los radiadores de cualquier obstáculo. Ninguna de estas medidas exige un gran desembolso y, sumadas, permiten mantener la casa a una temperatura agradable con un consumo menor, algo que pesa mucho cuando la factura de la luz o del gas se dispara en pleno invierno. Ese es el aprendizaje de fondo del método nórdico, que lleva siglos funcionando en climas extremos, y con una clave que consiste en generar más calor que en evitar que se vaya.