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Camarón de la Isla, cantaor español: «La pureza no se puede perder nunca cuando uno la lleva dentro de verdad»

  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

José Monje Cruz nació el cinco de diciembre de 1950 en San Fernando (Cádiz), séptimo de ocho hijos de una familia gitana. ¿Su padre? Herrero ¿Su madre? Gitana canastera. El apodo que lo haría célebre mundialmente, Camarón de la Isla, le llegó de niño por su cabello rubio y su piel. Cantaba desde los siete años en trenes y autocares, y a los doce ya había actuado en la Feria de Sevilla.

En 1968 se trasladó a Madrid para actuar en el tablao Torres Bermejas. Allí arrancó su colaboración con el guitarrista Paco de Lucía, que produjo nueve discos entre 1969 y 1977 y redefinió el flamenco desde dentro. Pero el precio de renovar una tradición tan arraigada es alto, y los puristas no tardaron en acusarlo de alejarse de sus raíces.

¿Por qué Camarón de la Isla dijo que la pureza no se puede perder nunca?

La acusación llegó pronto. Cuando el cantaor dejó San Fernando para establecerse en Madrid, una parte de la afición flamenca interpretó ese movimiento como una especie de «traición». Alejarse de la tierra y de la Bahía de Cádiz era, según esos críticos, el primer paso para perder lo esencial.

En 1973, en una entrevista para Rito y Geografía del Cante, una serie documental de TVE2 considerada hoy uno de los testimonios audiovisuales más importantes del flamenco, Camarón respondió a esas acusaciones con la frase que lo definiría: «La pureza no se puede perder nunca cuando uno la lleva dentro de verdad».

Muchos dirán que se estaba defendiendo. Pero en el fondo, era una convicción. Para él, la pureza no residía en un lugar geográfico ni en la lealtad a unas formas fijas, sino en algo interior que ningún cambio externo puede tocar.

Nueve años después, en el periódico impreso Diario 16 (30 de julio de 1982), volvería a insistir: «Hace falta imaginar, experimentar cosas y cambiar algo». El hilo del artista por ese entonces parecía estar intacto. Para él, innovar no era traicionar, siempre que la raíz fuera genuina.

La Leyenda del Tiempo y la segunda prueba de la pureza

La prueba definitiva llegó seis años después de aquella entrevista. En 1979, Camarón de la Isla publicó La Leyenda del Tiempo, un disco que incorporaba elementos de jazz, rock y música oriental al cante jondo. La reacción de los puristas fue de escándalo. El álbum vendió apenas 6.000 copias en su primer año.

El tiempo los contradijo. La Leyenda del Tiempo acabó por convertirse en uno de los discos más influyentes de la historia de la música española y abrió el camino a toda una generación de artistas que fusionaron el flamenco con otros géneros. Lo que en 1979 parecía una herejía es hoy un referente.

En 1989, con Tomatito como guitarrista habitual, grabó Soy gitano en los estudios Abbey Road de Londres, con arreglos de orquesta.

Fue su disco más vendido. ¿Quién lo diría, no? La pureza que decía llevar dentro nunca se marchó; simplemente se vistió de otras ropas.

El legado de Camarón de la Isla

Camarón de la Isla murió el dos de julio de 1992 en Badalona, víctima de una enfermedad terminal de pulmón. Tenía 41 años y fumaba hasta 60 cigarrillos al día. Su entierro en San Fernando congregó a unas 50.000 personas, una movilización que raramente se había visto en la historia del cante.

En el año 2000 recibió a título póstumo la Llave de Oro del Cante, el máximo reconocimiento del flamenco español, otorgada a lo largo de la historia a solo un puñado de cantaores.

Y parece ser que su frase sobre la pureza ha sobrevivido a todo. La citó Nyno Vargas en su canción Invicto y sigue apareciendo en conversaciones sobre arte, identidad y autenticidad mucho más allá del mundo del flamenco.

La dijo un artista al que acusaban de haberse ido demasiado lejos, y que murió sin haber dado un solo paso en falso.