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Arturo Pérez Reverte

Arturo Pérez Reverte (74 años), escritor: «La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad»

Arturo Pérez-Reverte no es sólo uno de los escritores más conocidos de nuestro país, sino que con los años se ha convertido también en alguien a quien mucha gente escucha cuando habla de la vida, más allá de sus novelas. Tiene una forma bastante directa de decir las cosas, sin adornarlas demasiado, y eso hace que algunas de sus frases se compartan una y otra vez. Y una de las que más ha circulado últimamente no es nueva, pero sigue apareciendo en redes: «La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad. Yo lo hago con mis libros».

Se trata de una reflexión corta sobre la vida, pero bastante reconocible dentro de su manera de expresarse y de hecho no hace falta haber leído toda su obra para identificar ese tono que le podemos leer también muchas veces a través de los mensajes que deja en sus redes sociales. De hecho, muchas personas lo conocen precisamente por este tipo de declaraciones, que acaban moviéndose solas por internet, fuera de entrevistas o artículos concretos. Y ahí es donde terminan teniendo más recorrido.

Arturo Pérez Reverte :»La vida es muy traicionera, y cada uno se las ingenia como puede para mantener a raya el horror, la tristeza y la soledad»

Antes de ser novelista a tiempo completo, Pérez-Reverte pasó más de dos décadas trabajando como periodista. Fue reportero de guerra y estuvo en distintos escenarios de conflicto, cubriendo situaciones bastante duras; una etapa que aparece muchas veces cuando se habla de su trayectoria, y no es casual aunque él mismo no suele recrearse demasiado en ella, pero sí la menciona cuando le preguntan por su forma de ver las cosas. Al final, pasar años contando lo que ocurre en guerras deja huella, y eso se nota después, tanto en lo que escribe como en cómo lo cuenta.

Tras dejar el periodismo, empezó a centrarse en la narrativa. Ahí llegaron títulos que tuvieron bastante repercusión, como La tabla de Flandes o El club Dumas. Más adelante vendrían otros como La Reina del Sur o las historias del capitán Alatriste, que terminaron de consolidar su nombre.

Una frase que sigue apareciendo con el paso del tiempo

Y ahora, la cita sobre la vida «traicionera» que recogemos, vuelve de alguna manera a aparecer en muchos lados. Pero no pertenece a una novela concreta ni a un libro en particular aunque sigue generando interés, ya que tiene algo que hace que funcione bien y es que es directa, no es complicada y cualquiera puede interpretarla a su manera. Algunos la leen como algo pesimista, otros como una forma de decir que cada uno tira hacia delante como puede.

El propio autor menciona ahí los libros como su forma de hacerlo. No es una idea nueva en él. A lo largo de los años ha hablado más de una vez del papel de la lectura en su vida, no solo como escritor, sino también como lector.

Entre novelas, artículos y redes sociales

Además de sus libros, Pérez-Reverte mantiene desde hace tiempo una presencia bastante activa fuera de la ficción. Publica artículos, interviene en medios y, sobre todo, comenta con frecuencia en redes sociales. Ahí es donde muchas de sus frases terminan teniendo más visibilidad. Algunas se convierten en debates, otras se comparten sin más. Pero en general mantienen ese tono suyo, bastante reconocible, que no suele dejar a nadie indiferente.

En 2003 entró en la Real Academia Española, un paso importante dentro de su carrera, aunque no ha cambiado demasiado su forma de comunicarse. Sigue escribiendo, publicando y opinando con la misma línea que llevaba antes.

Otras frases que también se han hecho conocidas

Más allá de la cita que ha vuelto a circular, hay otras frases suyas que se repiten bastante y que, con el tiempo, han ido formando parte de su imagen pública:

Al final, más allá de si gusta más o menos, hay algo que se mantiene y es su manera de hablar ya que no suele dar muchas vueltas y eso hace que sus frases se identifiquen rápido. Por eso funcionan como funcionan. No necesitan demasiado contexto y además siguen  volviendo cada cierto tiempo. Porque, aunque no sean nuevas, encajan bien en momentos distintos.