Irene Esser, la actriz de ‘El inmortal’ recuerda su infancia: «Nací en una familia humilde de Venezuela, viví en la selva»
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Cuando Irene Esser (Venezuela) aparece en pantalla, tienes extraños que captan la atención del espectador. Ya sea a través de la trama de una serie o en una entrevista como esta, su presencia resulta magnética. Muchos la han conocido interpretando personajes con acento mexicano, pero cuando deja atrás esos registros y habla con su voz natural, ese acento moldeado por los distintos rincones del mundo que ha recorrido, aunque con raíces venezolanas, aparece una faceta completamente distinta. Y es entonces, entre sonrisas y una conversación sincera, cuando descubres a la persona que hay detrás del personaje. Ahora es una de las protagonistas de la tercera temporada de El Inmortal, estrenada el pasado 11 de junio en Movistar+, y nos hemos sentado con ella para conocer más sobre el proyecto y sobre el camino que la ha llevado hasta este reparto.
Irene Esser es una de esas personas que, dependiendo de la etapa de su vida por la que la preguntes, puede salir a relucir una personalidad tan dispar como la de los personajes que ha interpretado durante su carrera. De niña, era una joven curiosa con ganas de hacer mil preguntas a los huéspedes del hospedaje campestre que regentaban sus padres en su tierra natal, Venezuela.
Con los años y durante su adolescencia, vivió su etapa de surfista de élite, llegando a competir a un alto nivel. «Era buena, incluso iba a ir al mundial, pero mi familia entonces no podía pagarlo y me quedé en Venezuela», confiesa. Tiempo después se fue a Londres, añorando su querida playa, para aprender inglés y, tras truncar su futuro como arquitecta al cambiarse de carrera en el último momento, empezó sus primeros pasos para llevar a cabo su carrera como actriz.
Irene sabe encontrar oportunidades donde otros no; en su caso, el trampolín que usó para llegar a lanzar su carrera fue presentarse a Miss Venezuela en 2011. «El modelaje nunca ha sido algo que yo ni siquiera lo he hecho como una pasión», confiesa, pero supo que esta era una vía para llegar a su sueño y, tan persistente como siempre, no sólo se presentó, sino que ganó el certamen y acabó representando a Venezuela en el certamen de Miss Universo.
Cuando llegó a la televisión, todos vimos en Irene Esser la facilidad con la que te hace olvidar que hay una persona detrás de cada personaje. Como anécdota, recuerda las veces que le han tachado de villana por la autenticidad de sus personajes, «y eso que intento explicarles que yo no soy esa», comenta con una sonrisa risueña. Pero ha sido tantas veces mexicana, venezolana o española, que es fácil deducir de ella que simplemente es una mujer con talento, trabajo y mucho mundo.
Pregunta: ¿Cómo recuerdas el sitio en el que te criaste?
Respuesta: Nací en una familia muy humilde de Venezuela. Mi padre era economista y nació en una familia un tanto peculiar, porque mi abuela fue una niña robada durante la Segunda Guerra Mundial de Hungría, algo que pasó mucho en Latinoamérica. Eso es algo que te marca y mis padres siempre fueron muy rebeldes, por eso se fueron a la selva a vivir y montaron allí una posada y tenían una agencia de viajes. De repente venían personas ahí superespeciales, como una princesa europea que me contaba sus historias. La gente era de Italia, de Inglaterra, de Filipinas… y conocer a toda esa gente me hizo sentir esta cosa de «quiero conocer el mundo».
P: Con todas esas historias en mente, ¿cuál fue tu primer gran viaje?
R: Recuerdo que fui de Caracas a Portugal, a Lisboa. Ahí hacía un cambio hasta Inglaterra y recuerdo que estaba tan nerviosa que no dormí nada en el avión. Como yo no tenía idea de cómo se viajaba, yo me puse unas botas… ¡Unas botas para viajar! Era la típica niña de la selva que no sabe cómo vestirse. Fui a Inglaterra porque ahí estudié inglés a los 15 años y fue todo por curiosidad. ¿Sabes el dicho de que la curiosidad mató al gato? Yo creo que te abre puertas.
P: ¿Qué puertas te ha abierto a ti?
R: Pues esa curiosidad me llevó a empezar a hacer cosas nuevas, como el teatro. Había una compañía de teatro que iba mucho a mi pueblo y me encantaba. Yo siempre estaba en mi casa montada arriba de la barra o de la mesa haciendo espectáculos; me encantaba actuar y me gustaba la atención.
P: ¿Cuándo te decidiste entonces a empezar a actuar?
R: Cuando regresé a Venezuela después de estar en Inglaterra, tenía que ingresar a la universidad y hacer un propedéutico (curso antes de iniciar la carrera) y no sabía qué hacer, pero mis opciones eran medicina, arquitectura o ingeniería. Cuando pasaba a por el autobús para ir a la facultad de arquitectura, vi a un grupo de gente que hablaba de la prueba para artes escénicas. Les dije: «Yo quiero ir con ustedes», y así fue.
Recuerdo que había un ejercicio de animales, típico ejercicio de actuación en el que interpretas a un animal, y yo me creía tortuga. Yo veía que el profesor no dejaba de mirarme porque, claro, había gente haciendo de gato o de jirafa y yo tirada en el suelo sin moverme (ríe). Se me acercó alucinando, diciéndome que qué estaba haciendo y, cuando le dije que era una tortuga, me dijo: «Vale, vente mañana». Al día siguiente vi que estaba en la lista de admitidas. Sí que recuerdo que durante la universidad hacíamos mucho teatro y ahora tengo como 10 años sin hacer teatro, porque me he concentrado más en el cine, pero sí que me gustaría volver. El teatro me parece muy auténtico.
P: Con ese cambio, imagino que la reacción de tus padres fue algo inesperada.
R: Se quedaron alucinando. Sobre todo en el tema económico, porque tus padres siempre quieren que te vaya bien y las artes escénicas no es algo con lo que resulte sencillo vivir de forma cómoda el resto de tu vida. Pero luego me enteré de que mi bisabuela en Hungría era actriz de teatro y claro… De esta historia me enteré por mi prima, que ella es periodista también en Barcelona y está escribiendo ahora un libro sobre la historia de nuestra familia.
P: ¿En qué momento llegaste a los certámenes de belleza?
R: La verdad es que no es algo que estuviese en mis planes ni que me llamase la atención. Vi a una actriz venezolana que se llama Mónica Spears, que había pasado por Miss Venezuela, y pensé que podría hacer algo parecido. Luego, yo soy muy competitiva, entonces si entraba a Miss Venezuela era con la idea de ganarlo. Para otras chicas era el sueño de su vida y para mí era una plataforma que me podía llevar a otra cosa, en este caso, a ser actriz. Nunca me vi como una Miss, pero ahora agradezco mi paso por ahí y me encanta ver que hay gente que me recuerda por mi paso por el certamen. Y, aunque pensaba que iba a ser algo mucho más fugaz, me involucré y fue bastante tiempo; fueron 2 años entre Miss Venezuela y Miss Universo.
Luego, cuando fui a Miss Universo, tenía una beca en Nueva York para estudiar en el New York Film Academy y yo dije: «Yo quiero esa beca, yo necesito esto, no matter what, pero lo necesito». Aquí me lo pasé muy bien, hice muchas amigas y muchos contactos y a día de hoy las escribo cuando viajo por el mundo para verlas. Quedé segunda finalista y cuando regresé a Venezuela pensé: «Es el momento de hacer castings».
P: ¿Cómo fueron esos primeros castings?
R: Pues me enteré de que había un casting para una serie, pero, claro, yo no había hecho ninguno hasta entonces. Me llegaban proyectos como para hacer cine, guiones y así levantamos la película de El Baile. Yo era una bailaora de flamenco mala. Y te puedes imaginar lo divertido que fue el proceso de aprender a bailar flamenco, porque no tenía ni idea.