CONSEJOS

Los dermatólogos lo tienen claro: estos son los 7 trucos más eficaces para reducir el exceso de sudor

En verano es muy común que haya que controlar el exceso de sudor

Los expertos recomiendan no vestirse justo después de ducharse

Es importante utilizar un buen desodorante

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Recreación jubilada al sol.

Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, la sudoración se convierte en una de las molestias más frecuentes para millones de personas. Aunque se trata de un proceso completamente natural y necesario para que el organismo regule su temperatura corporal, en algunos casos puede llegar a resultar excesivo y afectar tanto al bienestar como a la confianza personal.

Las axilas constantemente húmedas, las manchas en la ropa o la necesidad de cambiarse de camiseta varias veces al día son situaciones habituales para quienes experimentan una sudoración intensa. Sin embargo, los dermatólogos insisten en que existen medidas sencillas que pueden ayudar a minimizar este problema y, cuando la situación va más allá de lo normal, también hay tratamientos médicos eficaces.

Estos son los siete consejos que los especialistas consideran más útiles para reducir el exceso de sudor.

1. Secarse completamente antes de vestirse

Uno de los errores más comunes consiste en ponerse la ropa inmediatamente después de salir de la ducha, cuando la piel todavía conserva cierta humedad.

Los dermatólogos explican que vestirse antes de que el cuerpo esté completamente seco favorece que la humedad quede atrapada entre la piel y el tejido, creando una sensación de calor y favoreciendo una mayor sudoración.

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Escena en una playa. (Foto: archivo)

Por ello, recomiendan dedicar unos minutos a secar cuidadosamente las zonas donde suele acumularse más humedad, como las axilas, los pliegues del cuerpo o la zona situada bajo el pecho. En algunos casos, incluso puede ser útil utilizar el secador de pelo con aire frío durante unos segundos para asegurarse de que la piel está completamente seca antes de vestirse.

2. Mantener una buena higiene

El sudor, por sí mismo, carece prácticamente de olor. El característico mal olor aparece cuando entra en contacto con las bacterias que viven de forma natural sobre la superficie de la piel.

Por ello, los dermatólogos recomiendan mantener una higiene diaria adecuada, especialmente durante los meses de más calor.

Utilizar un limpiador suave permite eliminar el sudor acumulado, el exceso de grasa y las bacterias sin alterar la barrera protectora de la piel ni provocar irritaciones innecesarias.

3. Utilizar el producto correcto

Otra confusión muy extendida tiene que ver con los productos utilizados para combatir el sudor.

Aunque muchas personas emplean ambos términos como si fueran sinónimos, el desodorante y el antitranspirante tienen funciones diferentes.

El desodorante está diseñado para neutralizar el olor corporal provocado por las bacterias presentes en la piel, mientras que el antitranspirante actúa reduciendo la cantidad de sudor que producen las glándulas sudoríparas.

Por este motivo, quienes sufren principalmente por las manchas de humedad en la ropa obtendrán mejores resultados con un antitranspirante.

Además, los especialistas recuerdan que las investigaciones científicas realizadas hasta la fecha no han demostrado una relación entre las sales de aluminio presentes en estos productos y el desarrollo del cáncer de mama, una preocupación que durante años ha generado numerosos mitos en torno a su uso.

4. El estrés también aumenta la sudoración

Muchas personas han comprobado que sudan mucho más antes de una entrevista de trabajo, una exposición en público o una situación de nerviosismo. No se trata de una percepción subjetiva.

Los especialistas explican que el sudor provocado por el estrés procede de un tipo diferente de glándulas sudoríparas y suele presentar un olor más intenso debido a su composición.

Por este motivo, controlar la ansiedad también puede contribuir a disminuir este tipo de sudoración.

Además de utilizar un antitranspirante eficaz, los dermatólogos aconsejan incorporar técnicas sencillas de relajación, como la respiración profunda, ejercicios de atención plena o breves sesiones de meditación antes de afrontar situaciones especialmente estresantes.

5. La elección de la ropa también influye

La ropa desempeña un papel mucho más importante de lo que muchas personas imaginan.

Los tejidos naturales, como el algodón o el lino, permiten una mejor circulación del aire y facilitan que el calor corporal se disipe con mayor facilidad.

En cambio, algunas fibras sintéticas dificultan la evaporación del sudor, retienen el calor y favorecen una sensación de mayor incomodidad durante todo el día.

Elegir prendas ligeras, transpirables y de corte amplio puede contribuir de forma significativa a reducir la sensación de humedad y mejorar el confort incluso durante las jornadas más calurosas del verano.

6. Controlar las bebidas

Los hábitos alimentarios también pueden influir en la intensidad con la que una persona suda. Los dermatólogos señalan que el café, las bebidas alcohólicas, los alimentos muy picantes y las bebidas extremadamente calientes pueden estimular la producción de sudor en muchas personas.

Esto no significa que sea necesario eliminarlos completamente de la dieta. Sin embargo, quienes observen que la sudoración aumenta de forma evidente tras consumir alguno de estos productos pueden beneficiarse de moderar su ingesta, especialmente durante los días de temperaturas más elevadas.

Observar cómo responde el organismo a determinados alimentos puede ayudar a identificar aquellos factores que agravan el problema.

7. Existe un tratamiento

Aunque sudar forma parte del funcionamiento normal del organismo, no siempre es una situación que deba aceptarse como inevitable.

Los especialistas recuerdan que existe una enfermedad denominada hiperhidrosis, caracterizada por una producción excesiva de sudor que puede aparecer incluso cuando la persona permanece en reposo o en ambientes frescos.

Cuando la sudoración interfiere en la vida laboral, social o emocional, resulta recomendable consultar con un dermatólogo para obtener un diagnóstico adecuado.

En función de cada caso, el tratamiento puede incluir antitranspirantes de alta eficacia, medicamentos específicos o procedimientos médicos como la infiltración de toxina botulínica (botox), que bloquea temporalmente la actividad de las glándulas sudoríparas y reduce significativamente la producción de sudor durante varios meses.