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Mariola Orellana, sobre la muerte de Antonio Flores: «Yo estaba pegada a él el día que se fue»

Mariola Orellana guarda una relación muy especial con la familia Flores

"Para mí fue un shock. Nos dejó hundidos en la miseria", cuenta sobre la muerte de Antonio Flores

El artista falleció a los pocos días de la muerte de su madre, la emblemática Lola Flores

La muerte de Lola Flores es un hecho inolvidable. La artista falleció el 16 de mayo de 1995 y apenas dos semanas después su familia volvió a enfrentarse a otro golpe devastador con la muerte de su hijo Antonio. Dos pérdidas consecutivas que dejaron una profunda huella en quienes formaban parte del entorno más cercano de la familia.

Entre esas personas se encuentra Mariola Orellana, que durante décadas ha mantenido una estrecha relación con los Flores. Su vínculo con la familia comenzó años atrás, cuando todavía estaba dando sus primeros pasos en el mundo de la música y acompañó a su pareja, Antonio Carmona, a una grabación en la que participaba Rosario Flores.

Mariola ha explicado en distintas ocasiones que aquel primer encuentro con Lola Flores fue determinante. Mientras en la sala se sucedían la música y el cante, reparó en la presencia de la artista, sentada en un sillón al fondo. Se acercó a ella y comenzaron a hablar. A partir de entonces, ambas mantuvieron una relación muy estrecha que solo terminó físicamente con la muerte de Lola.

Durante una entrevista con Vanitatis, Orellana ha vuelto a recordar aquellos años y, especialmente, la enorme influencia que tuvo la familia Flores en su vida. Al ser preguntada por Lola, no duda en situarla entre las personas más importantes que ha conocido: «Lo mejor que me ha pasado en la vida, desde luego, ha sido conocerla».

Una figura que sigue presente

Para Mariola Orellana, resulta difícil encontrar un artista cuya presencia continúe siendo tan reconocible décadas después de su muerte. «En España, todo el mundo recuerda lo que estaba haciendo el día que murió Lola Flores», señala al comparar aquel momento con acontecimientos que quedaron grabados en la memoria de todos, como los atentados del 11 S.

La empresaria y representante considera que Lola Flores continúa formando parte de la vida cultural española, no solo por su trayectoria artística, sino también por la personalidad que proyectó durante toda su vida. «¿Qué artista que lleve 30 años fuera de este mundo es tan actual como Lola Flores?», plantea.

Su relación con el universo de los Flores tampoco se ha limitado al recuerdo personal. Orellana ha estado vinculada al proyecto del museo dedicado a Lola en Jerez de la Frontera y participa en la preparación de una nueva sala en la que tendrán presencia sus hijos y su hermana Carmen.

«Lola era extraordinaria. Las cosas que decía, su habilidad, todo. Era un personaje. Era una barbaridad», recuerda. Para Orellana, aquella relación no fue únicamente importante desde el punto de vista profesional. Lola fue también una referencia personal, alguien de quien asegura haber aprendido mucho a lo largo de los años.

El día que murió Antonio Flores

Pero si la muerte de Lola dejó una herida profunda, la de su hijo Antonio llegó apenas unos días después y volvió a sumir a la familia y a su entorno en el dolor. El cantante murió el 30 de mayo de 1995, a los 33 años, dejando una obra musical que con el tiempo se ha convertido en una de las más reconocidas de la familia.

Antonio Flores en un concierto. (Foto: TVE)

Mariola Orellana sintió aquella pérdida como si fuese parte de la familia. La relación que había construido con los Flores durante los años anteriores hizo que la muerte de Antonio no fuera una noticia lejana, sino un golpe que experimentó junto a las personas que más querían al artista.

«Eso fue horroroso. Yo estaba pegada a él. El día que se fue, todo el rato. Pegada, pegada, pegada», recuerda ahora. Sus palabras reflejan la dimensión de aquel momento y la cercanía que mantenía con Antonio durante sus últimos instantes.

La representante define aquella experiencia como un auténtico shock y reconoce que dejó completamente hundido al entorno familiar. «Nos dejó hundidos en la miseria», afirma al recordar aquellos días posteriores a la muerte del músico.

Una relación muy intensa

La historia de Orellana con los Flores está además estrechamente ligada a su trayectoria profesional. Antes de convertirse en representante de Rosario Flores, estuvo al frente de la sala Caracol, uno de los espacios que contribuyeron a transformar el panorama del flamenco en Madrid.

El local, que originalmente se llamaba Navefénix, recibió el nombre de Caracol después de que Lola Flores lo bautizara de esa manera. Por sus instalaciones pasaron numerosos artistas y el espacio terminó convirtiéndose en un punto de encuentro para músicos y aficionados al flamenco.

Cuando Orellana y sus socios vendieron la sala, Lola acudió junto a Guillermo Furiase y le propuso incorporarse a trabajar con ella. Orellana no tenía experiencia previa en el mundo del management, pero tanto Lola como Antonio Flores la animaron a aceptar aquel nuevo reto.

Aquel consejo terminó marcando su carrera. Hoy Mariola Orellana continúa trabajando junto a Rosario Flores como su representante, mientras mantiene vivo el vínculo con una familia que considera parte esencial de su propia historia.