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Cristina e Iñaki, 29 años después: sobrevivieron al caso Nóos, pero no a su particular ‘Isla de las Tentaciones’

  • Marta Menéndez
  • Jefa de Corazón y Crónica Social en COOL. Periodista especializada en celebrities, televisión, moda y realeza, con experiencia en medios como Cadena SER, El Independiente y Diez Minutos. Actualmente cuento las historias detrás de los grandes nombres de la crónica social, con especial foco en actualidad, casas reales y televisión.

«Alucino. Estoy colada por ¡un jugador de balonmano!». Así habría descrito la infanta Cristina a una amiga el momento en el que se dio cuenta de que estaba enamorada de Iñaki Urdangarin. Era 1996 y aquella relación no parecía, precisamente, la más sencilla para una hija del Rey. Él también estaba completamente entregado: «Creo que me estoy enamorando de la infanta. ¿Tú crees que estoy loco?», llegó a preguntarle a su hermana. Un año después, el 4 de octubre de 1997, ambos se daban el sí, quiero en la catedral de Barcelona ante 1.500 invitados y miles de personas en las calles. Hoy, 29 años después de aquella boda, la fotografía pertenece a otra época: Cristina e Iñaki están divorciados después de más de dos décadas de matrimonio, cuatro hijos y una historia marcada por algunos de los momentos más complicados de sus vidas.

Para entender cómo una relación que comenzó con semejante intensidad puede terminar de esta manera, COOL ha hablado con Lara Ferreiro, psicóloga, analista y autora de ¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta. Su lectura parte de una idea fundamental: cuando nos enamoramos no elegimos únicamente a una persona, sino también una expectativa de futuro. «El enamoramiento es una etapa de idealización», explica Ferreiro, que advierte de que durante esos primeros meses tendemos a fijarnos especialmente en las cualidades positivas de la persona que tenemos delante. Cristina no solo se enamoró de Iñaki, sino que apostó por un proyecto de vida junto a él en un momento en el que su propio entorno podía tener dudas. «Elegimos rápido y mal; luego te da pereza salir y te conformas», sostiene la psicóloga al analizar cómo muchas personas construyen relaciones sin haber definido realmente qué necesitan de una pareja.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin el día de su boda. (Foto: Europa Press)

En el caso de Cristina, aquella elección se convirtió rápidamente en una apuesta vital. La relación comenzó con discreción, la Casa Real anunció el compromiso en mayo de 1997 y cinco meses después Barcelona se volcó con la boda. La infanta había convertido la ciudad en su hogar años antes y quiso casarse allí con aquel jugador de balonmano que había conseguido conquistarla. Pero la decisión no estuvo exenta de dudas en su entorno: Juan Carlos I no veía con buenos ojos que su hija se casara con Iñaki Urdangarin, entre otras razones porque no pertenecía a la aristocracia y porque su fama de conquistador despertaba cierta desconfianza en el entonces Rey. Cristina, sin embargo, siguió adelante con su decisión. No era solamente una boda: era la confirmación pública de una elección sentimental que había tomado pese a las reservas iniciales de su entorno. Después llegaron los cuatro hijos, las mudanzas y una vida familiar que durante años pareció consolidada. Pero Ferreiro introduce aquí una cuestión clave: «La autoestima es un seguro de vida para tener una relación de pareja sana». Para la especialista, una persona necesita conservar su identidad y sus límites incluso cuando está profundamente enamorada. «Nos cuesta poner límites, decir «no» a alguien o a nuestra pareja, pero representa una señal clara de amor propio», explica.

Y Cristina tuvo que enfrentarse precisamente a una de las situaciones más extremas que puede atravesar una pareja. El caso Nóos cambió por completo la vida de los Urdangarin y también su posición dentro de la propia Familia Real. La investigación, el juicio, la condena de Iñaki y su posterior entrada en prisión colocaron al matrimonio bajo una presión extraordinaria, mientras Cristina también tuvo que declarar ante el juez y vio cómo su vida familiar quedaba expuesta públicamente durante años. En junio de 2015, Felipe VI retiró a su hermana y a su entonces marido el uso del título de duques de Palma de Mallorca, una decisión que llegó en plena antesala del juicio y que supuso otro golpe para una familia que ya estaba completamente en el foco. A ello se sumó todo lo que vino después: la condena de Iñaki, su entrada en prisión y la pérdida de buena parte de la vida y del estatus que ambos habían construido juntos.

A pesar de todo, Cristina permaneció al lado de su marido durante buena parte de aquel proceso. Y aquí aparece una de las claves del análisis de Ferreiro: una relación puede mantenerse durante una crisis porque existe un enorme compromiso, pero eso no significa necesariamente que la pareja salga indemne. «Cuando hay una crisis, muchas veces estamos sobreviviendo y no tenemos tiempo para preguntarnos cómo estamos realmente», explica la psicóloga. El problema puede llegar después, cuando desaparece la emergencia y cada miembro empieza a preguntarse qué quiere para su vida.

Iñaki Urdangarin en Palma de Mallorca. (Foto: Europa Press)

Eso es precisamente lo que ocurrió cuando, en enero de 2022, aparecieron las fotografías de Iñaki junto a Ainhoa Armentia. La imagen tuvo un impacto especialmente fuerte porque llegaba después de años en los que Cristina había permanecido junto a él durante sus peores momentos. De alguna manera, su historia entraba entonces en su particular Isla de las Tentaciones:una tercera persona aparecía en escena y ponía a prueba una relación que había sobrevivido a algunas de las crisis más duras. Poco después, ambos anunciaron que habían decidido «interrumpir su relación matrimonial». Para Ferreiro, una infidelidad no supone únicamente una crisis de pareja, sino también una ruptura de la confianza y de la imagen que la persona tenía de su propia historia. En su libro, la psicóloga habla del perfil del «infiel crónico» como una de las señales de alerta que conviene identificar, aunque no se puede utilizar esa etiqueta para diagnosticar a una persona concreta a partir de su historia pública. Lo que sí permite analizar es la herida que puede provocar descubrir una tercera persona cuando una relación lleva décadas construida.

Y hay otro elemento que Ferreiro considera fundamental: cuanto más tiempo y energía hemos invertido en una relación, más difícil puede ser aceptar que ha llegado el momento de terminarla. Cristina e Iñaki no tenían únicamente un matrimonio; tenían cuatro hijos, una historia compartida durante más de veinte años, familias entrelazadas y una vida construida prácticamente desde cero. Por eso el divorcio no podía ser simplemente firmar unos papeles. «No creo en la pareja ideal, pero sí creo que existe la pareja compatible para ti», apunta Ferreiro. La compatibilidad puede cambiar con el tiempo porque también cambian las personas. Lo que necesitaban Cristina e Iñaki cuando se conocieron en 1996 no tenía por qué ser lo mismo que necesitaban 25 años después.

La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin durante un paseo. (Foto: Europa Press)

29 años después de aquella boda, la historia de Cristina e Iñaki deja precisamente esa pregunta en el aire: ¿en qué momento una pareja que ha sobrevivido a tantas cosas deja de funcionar como pareja? No existe una respuesta única y tampoco podemos conocer qué ocurrió realmente dentro de su matrimonio. Sí sabemos que comenzaron con un flechazo que venció las dudas, construyeron una familia, atravesaron juntos una crisis extraordinaria y finalmente decidieron poner punto final a su matrimonio. Como recuerda Lara Ferreiro, una relación no consiste únicamente en permanecer juntos, sino en que ambos puedan seguir siendo ellos mismos dentro de ella. El ‘sí, quiero’ de Barcelona fue el comienzo de su historia; el divorcio, 26 años después, demostró que incluso las relaciones que parecen construidas para durar también pueden cambiar.