Un abogado de familia explica por qué el hijo de Paulina Rubio y Colate podría acabar en un internado: «Es la solución neutral»
La batalla judicial entre Paulina Rubio y Colate por la custodia de su hijo afronta uno de sus momentos más decisivos
La posibilidad de que el menor, de 15 años, acabe ingresando en un internado ha abierto un intenso debate
En declaraciones exclusivas a COOL, un abogado especializado en Derecho de Familia explica que el criterio que guía cualquier decisión

La batalla judicial entre Paulina Rubio y Nicolás Vallejo-Nágera, Colate, ha entrado en uno de sus capítulos más delicados. Después de más de una década de enfrentamientos por la custodia de su hijo Andrea Nicolás, de 15 años, el procedimiento afronta un momento decisivo con una posibilidad que ha sorprendido incluso a quienes han seguido de cerca este conflicto desde sus inicios: que el menor termine estudiando en un internado, una opción que habría sido planteada por la tutora legal encargada de velar exclusivamente por sus intereses. La medida ha abierto un intenso debate, pero también ha puesto sobre la mesa una pregunta que va mucho más allá del universo de los famosos: ¿qué tiene que ocurrir para que un juez considere que un menor está mejor lejos de su padre y de su madre? Un abogado especializado en Derecho de Familia responde a COOL y desvela las claves jurídicas que explican por qué una decisión así, aunque excepcional, puede llegar a contemplarse.
Más allá de las acusaciones cruzadas, de los reproches que ambos mantienen desde hace años o de las informaciones que han trascendido durante el proceso judicial en Florida, el criterio que marcará la resolución de la jueza es mucho más sencillo de lo que parece y, al mismo tiempo, mucho más complejo de aplicar. «Lo primero que prevalece, lo que vale más que todo, es el bien del menor. Lo que sea más beneficioso para él, no para los padres», explica en declaraciones exclusivas a COOL el abogado consultado por este medio. Una afirmación que resume la filosofía con la que trabajan los tribunales de familia y que desmonta la idea de que estos procedimientos consisten en decidir quién de los dos progenitores tiene razón o quién ha actuado mejor durante el conflicto.

En un caso tan mediático como el de Paulina Rubio y Colate resulta fácil caer en la tentación de interpretar el proceso como una batalla entre dos adultos que intentan convencer a la jueza de que el otro no está capacitado para criar a su hijo. Sin embargo, jurídicamente el foco está situado en un lugar completamente distinto. El tribunal no decide pensando en los intereses de la madre ni en los del padre, sino exclusivamente en aquello que pueda proporcionar al menor una mayor estabilidad emocional, educativa y familiar. Es precisamente ese principio el que explica que, cuando el enfrentamiento entre ambos progenitores se prolonga durante años y termina afectando al hijo, puedan plantearse alternativas que, sobre el papel, resultan difíciles de imaginar.
Uno de los aspectos que más dudas genera en este procedimiento es el peso que tendrá la opinión del propio Andrea Nicolás. A sus 15 años, el adolescente tiene edad suficiente para ser escuchado y expresar ante la jueza cuál es su deseo respecto a su futuro, pero eso no significa que pueda decidir con quién quiere vivir. «Se tiene en cuenta, se valora, se considera, pero nunca es vinculante», aclara el especialista. La voluntad del menor constituye una prueba más dentro del procedimiento y puede ser determinante si coincide con el resto de informes elaborados durante el proceso, pero el juez siempre conserva la última palabra. En otras palabras, escuchar al menor no implica necesariamente darle la razón.

Por eso, lejos de la imagen que puede proyectar un titular llamativo, un internado no debe interpretarse necesariamente como una sanción para Paulina Rubio o Colate, sino como una posible respuesta cuando el conflicto entre ambos ha alcanzado tal intensidad que termina condicionando el bienestar del hijo. El abogado consultado por COOL explica que esta alternativa solo cobra sentido cuando el tribunal entiende que ninguno de los dos entornos familiares resulta plenamente beneficioso para el menor. «Si el ambiente del padre es muy raro o muy patológico y el de la madre también, el juez valorará cuál de ellos es el menos malo», señala.
En ese contexto, añade, un internado puede convertirse en una solución neutral si se considera que es la opción que mejor protege al adolescente. «Si el internado es lo mejor para el menor…», apunta el letrado, insistiendo en que el criterio nunca gira en torno a los intereses de los progenitores, sino al bienestar del hijo. Se trata, en cualquier caso, de una medida excepcional y poco habitual, que solo puede plantearse tras valorar informes psicológicos, sociales y familiares, además de la opinión del propio adolescente y de las pruebas practicadas durante el procedimiento. Será la jueza quien, una vez analizado todo ese material, determine cuál es la solución que mejor protege sus intereses.

Mientras esa decisión llega, el caso vuelve a demostrar que las batallas judiciales más largas rara vez tienen vencedores. Porque, aunque el enfrentamiento entre Paulina Rubio y Colate siga ocupando titulares, la Justicia no decidirá quién gana esta guerra. Decidirá, únicamente, qué necesita un menor que lleva años creciendo en medio de ella. Al menos hasta que cumple la mayoría de edad.