Meghan y Harry tiran de romanticismo extremo: besos, baile y fotos inéditas ocho años después
Meghan Markle ha celebrado su octavo aniversario de boda con el príncipe Harry
Markle ha compartido 24 fotografías inéditas de su enlace celebrado en 2018 en Windsor
Las imágenes muestran momentos íntimos y románticos de la pareja, como su baile de novios, besos y escenas de complicidad

Ocho años después de darse el «sí, quiero» en una de las bodas más mediáticas del siglo XXI, Meghan Markle y el príncipe Harry han vuelto a convertirse en protagonistas absolutos de la conversación pública. Esta vez no ha sido por una polémica con la familia real británica ni por sus proyectos en California, sino por un gesto mucho más íntimo y sentimental. Con motivo de su octavo aniversario de bodas, la duquesa de Sussex ha abierto el álbum más privado de su enlace real y ha compartido 24 fotografías inéditas que muestran el lado más romántico, divertido y humano de la pareja.
Las imágenes, publicadas en dos carruseles en redes sociales, han causado un enorme revuelo entre los seguidores de los Sussex. Bajo la sencilla frase «Hace ocho años…», Meghan ha recuperado instantáneas nunca vistas de aquel histórico 19 de mayo de 2018, cuando millones de personas siguieron desde todos los rincones del mundo la ceremonia celebrada en la Capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor. Aquel día no solo marcó el inicio de su matrimonio, sino también un antes y un después dentro de la monarquía británica.
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En las fotografías compartidas por Meghan Markle se puede ver una faceta completamente distinta a la rigidez protocolaria que caracterizó la retransmisión oficial de la boda. Las imágenes muestran a una pareja relajada, enamorada y cómplice. Uno de los momentos que más ha llamado la atención ha sido el de su baile nupcial durante la recepción privada. Mientras sonaba la canción Land of a Thousand Dances, de Wilson Pickett, Harry y Meghan aparecen abrazados, riendo, besándose y disfrutando de una celebración mucho más espontánea y desenfadada de lo que se vio públicamente hace ocho años.
Las instantáneas mezclan fotografías en blanco y negro con otras a color, un contraste con el que Meghan parece haber querido jugar entre el recuerdo y la emoción del presente. En varias imágenes se observa a los recién casados intercambiando miradas de absoluta complicidad, mientras que en otras el príncipe Harry aparece haciendo divertidas muecas, alejándose por completo de la imagen más seria y contenida de la realeza británica.
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El segundo carrusel de fotografías se centra más en la ceremonia religiosa y en los instantes previos al enlace. Meghan aparece luciendo el espectacular vestido diseñado por Clare Waight Keller para Givenchy, una creación elegante y minimalista que se convirtió en uno de los vestidos de novia más comentados de la historia reciente. También destacan las imágenes de la duquesa con la histórica tiara de diamantes perteneciente a Mary de Teck, abuela de la Reina Isabel II, una pieza cargada de simbolismo dentro de la monarquía británica.
Más allá del romanticismo, las fotografías también han servido para recordar algunos de los detalles más desconocidos y simbólicos de aquella boda. El velo de Meghan, por ejemplo, llevaba bordadas a mano las flores representativas de los 53 países de la Commonwealth, un gesto con el que quiso mostrar su compromiso con la organización liderada por Isabel II. Además, el vestido escondía un pequeño trozo de tela perteneciente al atuendo que Meghan llevaba durante su primera cita con Harry, un detalle íntimo que pasó desapercibido durante años.

El homenaje a Lady Di
La figura de Diana de Gales también estuvo muy presente en la boda. Aunque Lady Di no pudo acompañar físicamente a su hijo en uno de los días más importantes de su vida, Harry quiso rendirle homenaje de varias maneras. Meghan lució durante la recepción nocturna el famoso anillo de aguamarina que perteneció a Diana, una joya cargada de valor sentimental. Además, el ramo de novia incluía flores «nomeolvides», las favoritas de la princesa.
Aquel enlace fue visto entonces como el símbolo de una nueva etapa para la familia real británica. Meghan Markle, actriz estadounidense, divorciada y mestiza, rompía con muchos de los moldes históricos de la institución al convertirse en miembro oficial de la corona. Sin embargo, nadie imaginaba que apenas dos años después la pareja decidiría abandonar sus funciones oficiales y trasladarse a California para comenzar una vida independiente lejos de Buckingham. Hoy, instalados en Montecito junto a sus hijos Archie y Lilibet, los duques de Sussex parecen haber encontrado un equilibrio entre su vida pública y privada. Y precisamente estas fotografías inéditas muestran eso: una historia de amor que, pese a las polémicas, las tensiones familiares y la presión mediática, sigue apostando por la complicidad y el romanticismo ocho años después de aquella inolvidable boda real.