Máxima y Guillermo: una boda de cuento y un aniversario en ‘crisis’
Hace casi dos décadas que el entonces príncipe Guillermo se casaba con una argentina en medio de una fuerte polémica y demostrando que el amor mueve montañas.
Han pasado diecinueve años de una de las citas más importantes para el Gotha. El 2 de febrero de 2002, la ciudad de Ámsterdam se engalanaba para el enlace del hijo mayor de la entonces reina Beatriz, el príncipe Guillermo Alejandro, con la argentina Máxima Zorreguieta. Era una de las bodas más esperadas de los últimos tiempos, pero no estaba exenta ni de polémica ni de un halo de cuento de hadas que tanto suele gustar en las historias de realeza. Máxima y Guillermo se casaban profundamente enamorados apenas un año después de su compromiso, en marzo de 2001 y cuando ni siquiera habían pasado dos años desde que conociera al Príncipe durante la Feria de Abril de Sevilla del año 1999.
A pesar de que tras el anuncio del compromiso fueron muchos los detractores de la argentina -dicen que incluso la propia reina Beatriz no estaba de acuerdo con el enlace-, Máxima brilló como nunca en su boda. Una enorme y franca sonrisa inundó su rostro y desde entonces no ha habido nada que la haga desaparecer, ni siquiera las complicadas circunstancias de los últimos tiempos en los que los actuales reyes se han tenido que enfrentar a numerosas críticas debido a su comportamiento poco adecuado durante la pandemia.
Sin embargo, fueron muchas las cuestiones que convirtieron el enlace de los actuales reyes en una boda fuera de la normalidad y que hoy vamos a recordar.
Destacadas ausencias
Ni los padres de la novia ni uno de los invitados más ilustres. Debido a los vínculos del padre de Máxima con la dictadura de Videla, la argentina tuvo que aceptar que sus padres no estuvieran presentes. Un duro golpe para ella que sin duda empañó uno de los días más felices de su vida.
Tampoco asistió al enlace el príncipe Henrik de Dinamarca, marido de la reina Margarita. En este caso, el Príncipe lo hizo a modo de desplante, igual que años más tarde Ernesto de Hannover dejaría sola en Madrid a Carolina de Mónaco en el enlace de don Felipe y doña Letizia. En el caso del príncipe Henrik, decidió no asistir para presionar a la reina Margarita, madrina del novio, ya que nunca consiguió que se le otorgase la condición de rey, por lo que decidió pasar la boda en el Castillo de Cayx.
Un look de ensueño
De alguna manera, la felicidad que irradiaban los novios era capaz de eclipsar cualquier otro detalle, pero lo cierto es que el de Máxima ha sido uno de los estilismos royal nupciales más destacados de los últimos tiempos. Un vestido de Valentino -firma internacional- en seda de color blanco crudo con escote cerrado, líneas minimalistas y con una cola de casi cinco metros de longitud. Lo más importante fue, sin duda, la tiara por la que se decantó la novia. Una joya de especial significado ya que partía de dos joyas preexistentes que unió en una diadema única.
La primera joya fue la Tiara de Perlas, compuesta por una base de festones de diamantes y, en su diseño original, cinco broches con cinco perlas redondas rodeadas de nueve pétalos cargados de diamantes; haciendo la forma de margaritas. Estos broches, pertenecieron a la reina consorte Sofía y después a su nieta la reina Guillermina.
La Tiara de Margaritas es, de hecho, una de las favoritas de las mujeres de la Casa Orange. Tanto es así, que Beatriz de Holanda apostó por ella en su coronación y, al escogerla, Máxima le hizo una suerte de tributo. La argentina sustituyó las perlas por unos broches con forma de estrella de la reina Emma, de los dos sets que recibió por su boda con el rey Guillermo II.
Emoción a flor de piel
Aunque su familia no pudo acompañarla en este día tan especial, Máxima sí que tuvo un recuerdo de su tierra durante la ceremonia. Fue en forma del tango “Adiós Nonino” de Astor Piazzola. Una pieza que hizo que la argentina no pudiera contener las lágrimas.
La anécdota del anillo
Uno de los momentos más recordados de la ceremonia se produjo en el intercambio de alianzas. Debido a que ambos estaban nerviosos, a Guillermo le resultó complicado ponerle el anillo a Máxima, aunque se lo tomó con mucho humor.
Veinte años después
Casi veinte años después de su enlace, Máxima y Guillermo se han convertido en una de las parejas más consolidadas de la realeza europea. Padres de tres hijas y reyes desde la abdicación -no inesperada- de la hoy princesa Beatriz, la pareja ha sabido ganarse el cariño del pueblo. Sin embargo, los últimos meses han sido un tanto complicados para ellos debido a que no han sabido actuar de la manera que se esperaba en lo que respecta a algunos detalles relacionados con la crisis sanitaria.
Ahora celebrarán un año más de feliz unión, pero no es momento para fiestas. Ellos mismos aseguraron en un reciente vídeo que no eran infalibles, pero que estaban muy comprometidos con la situación, sobre todo ahora que el toque de queda en Holanda está generando tanta polémica.
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