Charlène de Mónaco: el ayer y hoy de la ‘novia triste’
La vida de la esposa de Alberto II de Mónaco ha experimentado un gran cambio, pero sigue teniendo una asignatura pendiente: deshacerse del “fantasma” de Grace Kelly
Hace nueve años, el príncipe Alberto de Mónaco y Charlène Wittstock se juraban amor eterno en una boda civil celebrada en el Salón del Trono del Palacio Grimaldi. Un inolvidable momento al que solo acudieron familiares y un selecto grupo de invitados y que otorgó a la exnadadora el título real de Princesa. Sin embargo, la africana, al casarse con el soberano de la Roca, se vio obligada a firmar un duro contrato en el que se exigía que debía darle al menos un heredero y pasar cinco años junto a él. Hoy, cuatro años después de ser totalmente libre, Charlène se mantiene fielmente al lado de su marido.
Y es que, parece que después de pronunciar el ‘sí, quiero’ frente a un príncipe europeo tu vida pasa a ser un cuento de hadas. Nada más lejos de la realidad, pues especialmente Charlène ha tenido que competir con un mito como Grace Kelly. Witstook comparte con las demás consortes, con excepción de Matilde de Bélgica, el haber sido una mujer de su generación, deportista olímpica, ser hija de la clase media y haber vivido, en definitiva, durante 30 años como un común mortal. Como es evidente, su vida dio un giro de 180 grados al conocer a Alberto II y eso se reflejó en sus looks y su actitud. Pese a que la princesa consorte ha intentado siempre seguir su propio camino, nunca han faltado las comparaciones con la icónica imagen de la difunta princesa Grace. Siempre ha sido y es una mujer llamativa, con un cuerpo atlético, melena rubia y mirada clara. Aunque se presentó al mundo dentro de una piscina y con ropa deportiva, cuando se la empezó a relacionar con el rompecorazones monegasco, su imagen cambió por completo. Adiós a la nadadora, hola a la princesa.
Amiga del bisturí, la bautizada como ‘la novia más triste de la realeza’ se ha sometido a varios retoques estéticos. Un aumento de labios con ácido hialurónico, una sutil rinoplastia y algún que otro tratamiento para lucir una piel más tersa y brillante, los cambios de Charlène son más que evidentes, demostrando, una vez más, que es fiel a su manera de hacer las cosas. No obstante, el paso de una mujer a otra no se quedó solo en lo superficial, sino que su actitud se transformó de manera abismal. De risueña pasó a mustia. De espontánea a encorsetada. De espontánea a tímida. Y de ser una mujer corpulenta gracias a años y años de competición al más alto nivel a empequeñecer, más aún si su cuñada Carolina de Hannover se encuentra cerca.
Pero la africana no se rinde y, tras depurar su estilo -y con él su armario-, Charlène se ha atrevido con nuevos looks. Hace tan solo unos días, dejaba atrás la timidez y se lanzaba a experimentar con su pelo, con nuevos peinados de estilo romántico. Looks despeinados, sin tiranteces, con mechones cayendo de forma natural y volumen en la coronilla hacían que el rostro de la mujer de Alberto II se redondease y renunciase así a su imagen distante. Charlène de Mónaco sorprendía al público en la noche de San Juan con una trenza a modo de corona, cuyo toque final estaba en el flequillo. Una opción ideal para las mujeres que llevan el cabello corto y que quieren lucir trenza, un peinado que se pone muy de moda durante el verano y crea sensación de volumen cerca del rostro, añadiéndole un toque bucólico y dulcificando así cualquier look. Pero parece que la sombra de Grace y también de Carolina, máximo exponente del chic actual, le sigue pasando factura.
Y es que, la ‘novia triste’ siempre ha estado en el punto de mira. Ya son habituales las críticas hacia la madre de Jacques y Gabriella por su actitud y su seriedad en actos públicos dentro del Principado, denotando cierta incomodidad que no se molesta en disimular, ni en actos solidarios, ni en fiestas nacionales, ni en citas multitudinarias. Pero no solo la ausencia de sonrisa alimenta la animadversión de sus detractores: algunos no le perdonan que aún no haya aprendido a hablar francés correctamente y que el inglés sea el idioma que emplea dentro de casa. Dos de los motivos por lo que los monegascos no la consideran la royal más idónea en la actualidad.
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