Carlos III, desatado en Bahamas: su baile viral mientras le exigen cuentas por el pasado esclavista de la Corona
Carlos III ha protagonizado una de las imágenes más distendidas de su gira por el Caribe
El monarca se ha arrancado a bailar al ritmo del Junkanoo en Bahamas
La visita de Carlos III ha estado marcada por las reclamaciones de reparación por el pasado colonial británico
Carlos III ha cambiado por unas horas la solemnidad de su gira por el Caribe por el ritmo del Junkanoo, el tradicional desfile callejero de Bahamas, y ha protagonizado algunas de las imágenes más distendidas de su viaje. Invitado por el primer ministro bahameño, Philip Davis, el rey Carlos III ha disfrutado de la música y los llamativos disfraces hasta animarse a tocar las campanillas típicas de esta celebración y bailar junto a los participantes. Una estampa poco habitual en sus compromisos oficiales que, sin embargo, contrasta con el delicado debate que acompaña esta visita: las reclamaciones de reparación por la esclavitud y la petición de una disculpa formal por el pasado colonial británico.
El Junkanoo es mucho más que una fiesta popular. Sus raíces se remontan a la época de la esclavitud, cuando las personas esclavizadas aprovechaban los días libres de Navidad para reunirse y celebrar con música y baile. Con el paso del tiempo, esta tradición se ha convertido en una de las grandes expresiones de la identidad cultural de Bahamas. Precisamente por ese pasado, la presencia del monarca británico en el desfile adquiere un significado especial, en un momento en el que varios territorios de la Commonwealth reclaman que el reconocimiento del sufrimiento histórico vaya acompañado de medidas concretas.
Durante sus primeros compromisos en el archipiélago, Carlos III ya había reconocido la importancia de afrontar los episodios más dolorosos de la historia. «Es justo que reconozcamos el gran sufrimiento del pasado, en estas islas y más allá», afirmó. Sin embargo, la posibilidad de una disculpa oficial y de compensaciones económicas por la esclavitud continúa sobre la mesa sin una solución definitiva. El Gobierno británico mantiene su rechazo a las reclamaciones de reparación, que podrían alcanzar miles de millones de euros, mientras que desde el entorno de la Casa Real se insiste en que el monarca no pretende eludir los capítulos más oscuros del pasado colonial.
La tensión se hizo visible durante la propia jornada en Nassau, donde un grupo de manifestantes de la Comisión Nacional de Reparaciones de Bahamas se concentró en Parliament Square con pancartas en las que podía leerse «Pagadnos lo que debéis». Su presencia recordó que, más allá de las celebraciones y los encuentros institucionales, existe una parte de la población que considera insuficiente el reconocimiento verbal del sufrimiento histórico. Noelle Nicholls, presidenta de la organización, defendió la importancia de mantener vivas estas reivindicaciones durante la visita, mientras que otra activista, Niambi Hall Campbell-Dean, cuestionó que Carlos III no pueda disculparse por el papel histórico británico en la esclavitud y recordó que otros monarcas europeos, como el rey de los Países Bajos, sí han pedido perdón por el pasado de sus países.