Bill Gates cree que la inteligencia artificial, así como la robótica, podrían disminuir considerablemente la necesidad de trabajadores humanos en un periodo de aproximadamente veinte años. En el escenario que visualiza hay menos escasez de médicos, profesores y operarios, y también semanas de trabajo más cortas y jubilaciones más tempranas.
Esta idea surgió en el transcurso de una conversación que mantuvo el cofundador de Microsoft con Nikhil Kamath, publicada el 11 de abril de 2025. Realmente ni lo asocia a una fecha ni una política concreta, más bien a una predicción a largo plazo que todavía no es capaz de ver con claridad.
Una economía con menos escasez
Gates aseguró que, aproximadamente en 2045, «este marco puramente capitalista probablemente ya no explicará gran cosa». Su argumento es el siguiente: los mercados organizan los recursos que son escasos, pero la inteligencia artificial podría abaratar parcialmente el conocimiento y los robots podrían llevar a cabo trabajos manuales.
Todo ello supondría en términos prácticos disponer de sistemas con la capacidad para apoyar diagnósticos médicos, enseñar o gestionar tareas administrativas, y contar con máquinas que trabajen en fábricas, obras, hoteles… Gates llamaba «inteligencia gratuita» a este conocimiento, y en cuanto al trabajo manual, también admitió que los robots necesitan manos mucho más hábiles.
El empleo no desaparecerá de golpe
La evidencia existente es algo menos rotunda. Un índice de la OIT de carácter mundial, publicado en 2025, incide en que uno de cada cuatro trabajadores ocupa un puesto con algún grado de exposición a la IA generativa, es decir, sistemas capaces de producir texto, imágenes o código. Tan solo el 3,3 % del empleo mundial se puede incluir entre los puestos más expuestos.
La OIT considera más probable la transformación de las tareas que su sustitución completa. La OCDE también tiene sus propias dudas en el futuro, y si la automatización va a sustituir trabajadores o si, por el contrario, va a poder elevar la productividad, crear funciones o incrementar la demanda en actividades complementarias. Más IA no tiene por qué significar menos empleo.
Jubilación y semanas más cortas
Según Gates, si hubiera abundancia, sería posible jubilarnos antes y trabajar semanas más cortas. La cuestión sería cómo utilizar el tiempo cuando producir alimentos, bienes o determinadas prestaciones requiera menos horas de trabajo humano.
El contraste con España es evidente. En 2026, la edad ordinaria de jubilación es de 65 años para quienes han cotizado durante 38 años y tres meses, pero de 66 años y diez meses para quienes no alcanzan ese periodo. La promesa tecnológica está todavía muy lejos de la norma, como cabría esperar atendiendo a los requisitos publicados por la Seguridad Social.
Quién recibe el beneficio
La cuestión central no es únicamente cuál es el nivel de producción que puede alcanzar la IA, sino cómo se distribuye esa mejora de la productividad. Sin cambios en los salarios, la formación, la fiscalidad, la protección frente al riesgo de ser sustituido por la IA o la protección social ante la IA y el cambio técnico, trabajar menos no sería una consecuencia automática y, en su lugar, podrían producirse efectos contrarios para algunos colectivos.
Gates, además, rebajó considerablemente la seguridad de su previsión. De hecho, aceptó que ese futuro todavía no está «enfocado» para él y que la transformación puede tardar 30 años y no 20. A la postre, su intervención plantea una cuestión económica y política, no una fecha asegurada.
La entrevista completa se ha publicado en People by WTF.














