País Vasco
Karlos Arguiñano

Según Karlos Arguiñano la mejor ciudad de España para comer es la «joya del Cantábrico»: el lugar donde veraneaban los reyes

Karlos Arguiñano lleva más de cuatro décadas vinculado a uno de los lugares más bonitos del País Vasco y toda una «joya» con vistas al Cantábrico. Se trata de Zarautz donde abrió su restaurante en 1979, mucho antes de convertirse en uno de los cocineros más populares de la televisión. El establecimiento, situado a pocos metros de la playa, terminó creciendo hasta incorporar también un hotel. Desde entonces, la localidad guipuzcoana ha quedado unida a su trayectoria personal y profesional.

La elección se entiende al conocer la zona y, sobre todo, al sentarse a comer. El Cantábrico proporciona buena parte del pescado que llega a las cocinas, mientras que de los caseríos cercanos proceden verduras, quesos, carnes y otros productos habituales en las recetas vascas. A esto se suman los bares del casco antiguo, donde los pintxos son protagonistas junto guisos y platos elaborados con ingredientes de temporada. Pero la relación de Zarautz con los visitantes comenzó mucho antes de la llegada de Arguiñano. La reina Isabel II veraneó durante el siglo XIX en el Palacio de Narros, situado en primera línea de playa, y su presencia atrajo después a otros miembros de la realeza y la aristocracia.

Según Karlos Arguiñano la mejor ciudad de España para comer es la «joya del Cantábrico»

La relación de Karlos Arguiñano con Zarautz comenzó mucho antes de que el cocinero se convirtiera en el que es sin duda el cocinero más famoso de la televisión. En 1979 abrió su restaurante en la localidad y, en 1990, amplió el proyecto con la inauguración del hotel. El negocio ocupa Villa Aiala, un antiguo palacete de piedra situado frente a la playa, donde el sonido de las olas acompaña a los clientes durante la comida. Más de cuatro décadas después, el establecimiento continúa ligado a la familia.

El restaurante resume buena parte de la filosofía que Arguiñano ha trasladado a sus programas: respeto por el producto, recetas reconocibles y una cocina vasca capaz de renovarse sin perder sus raíces. Actualmente, Zigor Arguiñano y María Torres están al frente de los fogones, combinando tradición y técnicas contemporáneas. Ambos se formaron en la escuela de cocina Aiala y han mantenido el carácter familiar de un proyecto que comenzó hace ya más de cuatro décadas. La carta es extensa, pero cambia para adaptarse a los alimentos de temporada. El menú degustación del restaurante incluye propuestas como ensalada de tomate y boquerón, langostinos con carbonara de Idiazabal y guisantes, bonito acompañado de romesco y chimichurri o jarrete con mostaza y piparras. El comedor, abierto hacia el Cantábrico mediante grandes ventanales, termina de explicar por qué el cocinero decidió establecerse en este rincón de Guipúzcoa.

Una gastronomía marcada por el Cantábrico y los caseríos

Comer bien en Zarautz es posible si haces una visita al restaurante que allí tiene Arguiñano, pero la localidad tiene más tabernas y restaurantes repartidos por el centro que te permiten probar también pescados a la parrilla, carnes, mariscos y una amplia variedad de pintxos. La cercanía de los puertos de Getaria y Orio facilita la llegada de producto fresco, mientras que los caseríos del entorno abastecen a los negocios de verduras, huevos, quesos y otros ingredientes que forman parte de la cocina cotidiana de la comarca.

El txakoli completa esa identidad gastronómica. Las vides crecen en las laderas próximas al mar, expuestas a la humedad y a los vientos del Cantábrico. De ellas sale un vino blanco fresco, ligero y con una acidez muy característica, perfecto para acompañar pescados y aperitivos. Desde Zarautz se puede continuar la ruta hacia Getaria y visitar algunas de las bodegas de la Denominación de Origen Getariako Txakolina, muchas de ellas rodeadas por un paisaje de viñedos que desciende hacia la costa. Y no olvidamos el mercado municipal en cuyos puestos se encuentran alimentos procedentes de la huerta guipuzcoana y de explotaciones cercanas, los mismos que después aparecen en las cocinas de la localidad.