Viajar en avión contaminando menos: guía completa para elegir vuelos más sostenibles
Los vuelos generan entre tres y diez veces más emisiones que los viajes en tren
Los SAF o combustibles de avión sostenibles reducen la huella ambiental de los vuelos
El slow travel propone una forma de viajar más consciente y responsable
Cuando planeamos un viaje, una de las primeras preguntas que surgen es cómo vamos a desplazarnos hasta el lugar elegido. Para las personas con sensibilidad ecologista, la elección del medio de transporte es especialmente crítica: sabemos que el avión es la opción más rápida y cómoda en trayectos largos, pero los vuelos suelen implicar un elevado coste ambiental.
Según Ecologistas en Acción, las emisiones del transporte aéreo por pasajero y kilómetro son, dependiendo del tipo de viaje, entre 3,5 y 10 veces mayores que las del tren. Pero los vuelos nos permiten llegar en menos tiempo a otros países, lo cual es importante cuando tenemos pocos días para viajar. ¿Cuál es la mejor decisión, entonces? Aquí intentamos darte algunas respuestas.
Lo primero es delimitar la magnitud real de los impactos del sector. Según el Informe Medioambiental de la Aviación Europea 2025, elaborado por la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA, por sus siglas en inglés), la aviación representó alrededor del 2,5% de las emisiones globales de dióxido de carbono en 2023, último año del que tiene registros.
Unión Europea
Si nos centramos en el contexto europeo, la EASA también resalta que los vuelos con salida desde aeropuertos de la Unión Europea y países asociados emitieron 133 millones de toneladas de CO₂ en 2023, lo que supone un 10% menos que en 2019.
Dado que también hubo menos vuelos en 2023 —todavía no se habían recuperado los niveles prepandemia— para saber si esta reducción de emisiones se debe a un mayor esfuerzo en materia de sostenibilidad por parte del sector a nivel europeo, debemos fijarnos en el CO₂ emitido por pasajero y kilómetro.
En este caso, se aprecia una evolución desde los 89 gramos por dióxido de carbono de 2019 a los 83 gramos de 2023, lo que supone un 6,7% menos en cuatro años.

Otras emisiones
También se están tomando medidas para disminuir otras emisiones contaminantes producidas por el sector aéreo al margen del dióxido de carbono, como son las emisiones de óxidos de nitrógeno y de azufre, partículas en suspensión, vapor de agua, estelas de condensación y nubes cirros.
De hecho, el 1 de enero de 2025, se puso en marcha un nuevo marco de monitorización, información y verificación de dichas emisiones no-CO₂ producidas por los operadores.
La Unión Europea ha introducido, además, medidas para aumentar la transparencia de las emisiones de los vuelos, con etiquetas que muestran las estimaciones de CO₂ de cada trayecto, facilitando la comparación entre opciones.
SAF
Otra prueba de este compromiso creciente son los llamados SAF (siglas en inglés de Combustibles de Aviación Sostenibles), producidos a través de materias primas renovables y residuos orgánicos, como aceites usados, desechos agrícolas y forestales y biomasa.
Igualmente se está investigando con la captura de carbono, el gas natural sintético, el biometano y el hidrógeno verde para elaborar dichos combustibles sintéticos.
En 2024, la producción de SAF representaba únicamente el 0,53% del consumo mundial de combustibles para reactores. Porcentaje que se espera que vaya a más en los próximos años. Un escollo importante para lograrlo es su precio: los SAF pueden costar entre 3 y 10 veces más que el combustible convencional. Sin embargo, se prevé que los precios disminuyan a medida que crezca la producción.

Alternativas locales
Todos estos esfuerzos del sector de la aviación sin duda que aligeran en cierta medida el peso de la decisión sobre el medio de transporte. Sin embargo, debemos tener claro que siempre es preferible evitar vuelos cuando existen alternativas competitivas, sobre todo si hablamos de trayectos locales.
Y es que, cuando se trata de viajes dentro del mismo país, los trenes de alta velocidad no sólo son más sostenibles que los vuelos, sino que también pueden suponer un ahorro de tiempo. Una cuestión que parece que en este país tenemos clara. De hecho, según un estudio para Hitachi Rail, el 67% de los españoles prohibirían los vuelos cortos si hay alternativas en tren de alta velocidad.
Aerolíneas
En caso de que vayamos a desplazarnos a otro país, el transporte aéreo se convierte en una opción mucho más razonable. Pero también en estos casos podemos tomar medidas para que el coste ambiental sea mejor. Una muy evidente consiste en volar en aerolíneas que muestran una mayor preocupación por el medioambiente.
Ya son muchas las compañías aéreas que presentan públicamente sus objetivos de sostenibilidad y que además están realizando importantes avances en la incorporación de SAF y en el desarrollo de estrategias para reducir su huella de carbono.
También existen aerolíneas que ofrecen programas de compensación de emisiones que permiten a los viajeros financiar proyectos ambientales que sirvan para neutralizar la huella de carbono de los vuelos en sus aviones.

Vuelos directos y equipaje
Otro factor que debemos contemplar es que cada despegue y aterrizaje incrementa de forma significativa el consumo de combustible. Por ello, los vuelos directos suelen ser más eficientes que los que tienen escalas. Motivo por el que elegir una ruta sin conexiones, siempre que exista tal opción, contribuye a reducir significativamente las emisiones por pasajero.
También podemos intentar aminorar al máximo el equipaje, dado que cada kilo extra en el avión supone más consumo de combustible. Empacar sólo lo necesario no sólo hace el viaje más cómodo, sino que reduce de forma directa la energía que el avión tiene que emplear.
Igualmente hay que tener claro que nuestro impacto va más allá del propio viaje aéreo. El traslado al aeropuerto es un buen ejemplo: utilizar transporte público o compartir coche para llegar a la terminal siempre es mejor opción que desplazarse en vehículo privado.
Slow travel
Una vez en el destino vacacional, lo ideal es seguir apostando por la movilidad sostenible. Esto último conecta directamente con el llamado slow travel, filosofía de viaje que prioriza la calidad y sostenibilidad de la experiencia turística, por encima de la cantidad.
Esta tendencia nos lleva a preferir estancias más largas en un mismo lugar, así como a movernos de forma limitada. En caso de tener que desplazarnos, lo mejor es hacerlo a través de la red local de transporte público, siempre que sea posible.
El slow travel también significa consumir de manera prioritaria en los comercios locales, sobre todo cuando ofrecen productos de proximidad, medida que no sólo reduce el impacto ambiental, sino que contribuye a crear riqueza en la zona en la que nos encontramos.