Venecia amenazada

Venecia en peligro: se buscan alternativas a su problemático sistema de barreras contra inundaciones

La subida del nivel del mar podría comprometer el futuro de Venecia

Los peores escenarios contemplan incluso el traslado de parte de su centro histórico

Cada vez que se activan en Venecia las barreras contra inundaciones, el coste supera los 200.000 euros

El 4 de noviembre de 1966 fue una fecha trágica para Venecia. Aquel día, la mítica ciudad italiana estuvo cerca de acabar completamente sumergida bajo el mar Adriático tras una tormenta excepcional. La acqua alta (agua alta), como llaman los venecianos a las inundaciones, llegó a alcanzar los 194 centímetros de altura, anegando buena parte del casco urbano.

Tras la tragedia, comenzó a extenderse la idea de que Venecia necesitaba dotarse de un sistema de barreras capaz de impedir que algo así pudiera volver a ocurrir. Así nació el Modulo Sperimentale Elettromeccanico o Mose, un gigantesco mecanismo de compuertas móviles cuyo nombre hace un claro guiño al Moisés bíblico que separó las aguas del mar Rojo.

La complejidad técnica del proyecto y las dudas sobre su impacto ambiental retrasaron durante décadas su puesta en marcha, hasta que finalmente pudo entrar en funcionamiento en octubre de 2020 tras movilizar una inversión que superó los 5.500 millones de euros. Desde entonces, el Mose se ha activado más de 150 veces y su uso es cada vez más frecuente por el aumento del nivel del mar.

Impacto económico

Sin ir más lejos, este pasado invierno el Mose registró un nivel de actividad excepcional que obligó a cerrar las compuertas 30 veces en los 23 días que mediaron entre el 28 de enero y el 19 de febrero, provocando un elevado gasto para la ciudad. No en vano, cada vez que se emplea el sistema, se produce un impacto económico de más de 200.000 euros.

Esto supone una factura acumulada que supera los 30 millones de euros desde que Mose arrancara hace menos de seis años. A dicha cantidad hay que sumar otros costes indirectos.

Por ejemplo, las compuertas afectan al tráfico marítimo, especialmente en la ensenada de Malamocco, uno de los principales accesos al puerto industrial de Marghera. Esto provoca retrasos en la entrada y salida de barcos, costes logísticos adicionales y dificultades para la actividad portuaria de la laguna veneciana.

Laguna de Venecia

Pero el problema no es sólo económico. Mantener las barreras cerradas durante mucho tiempo perjudica gravemente al delicado ecosistema de la laguna de Venecia, ya que se interrumpe el intercambio natural de agua y sedimentos entre el entorno lacustre y el Adriático.

La alteración de este flujo favorece la proliferación excesiva de algas y empeora la renovación natural del agua. Cuando las algas mueren y comienzan a descomponerse, consumen gran parte del oxígeno disponible, poniendo en riesgo a peces, moluscos y otras especies características de este singular humedal.

También resulta problemática la alteración de las corrientes y del transporte natural de sedimentos, elementos fundamentales para conservar el equilibrio ecológico de la laguna, ya que estos sedimentos ayudan a regenerar marismas y estabilizar los fondos y además aportan nutrientes esenciales para numerosas especies.

Venecia vía satélite. Foto: Google Earth.

Nivel del mar

Este complicado panorama no parece tener visos de mejora, más bien lo contrario: las previsiones apuntan a una subida del nivel del mar en las próximas décadas a causa del cambio climático, circunstancia que obligaría a Venecia a recurrir al Mose de manera todavía más frecuente.

Según el Instituto Superior para la Protección e Investigación Medioambiental (ISPRA), «en Venecia, el nivel medio del mar ha aumentado desde el inicio de los registros: en el periodo 1872-2024, el nivel se incrementó en un promedio de 2,6 mm/año, con una tendencia no siempre constante y uniforme a lo largo del tiempo».

«En este sentido, se considera pertinente destacar la tasa de los últimos treinta años (1993-2024), donde el aumento del nivel medio del mar casi se duplicó (4,8 mm/año)», remarca el ISPRA.

Un metro más

De aquí a finales de siglo, los científicos calculan que el mar todavía subirá entre 42 centímetros, en el escenario más optimista, y 1,8 metros, en el peor de los casos. Si buscamos un escenario intermedio realista, hablamos de un metro más, lo cual tendría consecuencias nefastas para la ciudad.

A día hoy, la mayor parte de Venecia se sitúa entre los 80 y los 120 centímetros por encima del nivel del mar. Por tanto, esos 100 centímetros adicionales forzarían a la ciudad a mantener cerradas las barreras una media de 200 veces al año, generando un coste económico y ambiental inasumible.

Alternativas

Ante este escenario, los científicos y las autoridades venecianas están empezando a buscar alternativas. La opción más conservadora pasa por reforzar el actual modelo de laguna abierta, combinando el Mose con mejoras en el drenaje urbano, sistemas de bombeo y nuevas infraestructuras de saneamiento.

Otras propuestas son mucho más ambiciosas. Algunos expertos plantean aislar únicamente el núcleo histórico mediante diques circulares que protejan el centro urbano sin cerrar completamente la laguna.

Basílica de San Marcos en Venecia.

Superdique y traslado

También se estudia el cierre de la laguna mediante grandes barreras permanentes que conformarían una especie de superdique que protegería la ciudad y su entorno de la subida del mar Adriático.

El escenario más extremo contempla incluso el traslado de la ciudad, incluyendo población y patrimonio monumental, a zonas interiores más altas. Aunque esta posibilidad sigue siendo remota, refleja hasta qué punto el cambio climático está obligando a imaginar soluciones que hace apenas unos años parecían propias de la ciencia ficción.