Francia va a decir adiós al petróleo: cero calderas de gas, más bombas de calor y más coches eléctricos
El gobierno francés duplica la inversión pública en electrificación hasta 10.000 millones al año
El país galo prohíbe las calderas de gas en obra nueva a partir de finales de 2026
Según el plan, dos de cada tres coches nuevos deberán ser eléctricos en Francia en 2030

La crisis energética desatada por la guerra en Irán acelera el plan de electrificación de Francia: bombas de calor para los hogares y coches eléctricos para las carreteras son las dos palancas centrales de un programa que duplica la inversión pública hasta 10.000 millones de euros al año.
Un anuncio que ha pasado prácticamente inadvertido en los medios en España y que supone una apuesta por la electrificación de nuestro vecino galo y una decisión estratégica en un momento geopolítico y energético muy delicado. Nuestro país anunció un plan con muchas medidas diferentes para la crisis en Irán y muy lejos de la ambiciosa propuesta francesa.
Desde el Gobierno francés se explica que «el objetivo es transformar nuestro consumo energético, pasando del petróleo y el gas a un recurso francés: la electricidad producida en suelo nacional. Este enfoque amplía las decisiones tomadas a principios de año para revitalizar la energía nuclear, incluyendo la energía nuclear de última generación, desarrollar energías renovables útiles y producir más electricidad».
Tensión máxima
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ha encendido todas las alarmas energéticas en Europa. Con los mercados del petróleo y el gas en tensión máxima, el gobierno francés ha decidido no esperar: la electrificación de Francia presentada este viernes por el primer ministro Sébastien Lecornu desde Matignon marca una ruptura definitiva con los combustibles fósiles en los sectores del transporte, la vivienda y la industria.
La apuesta es cuantificable: el apoyo público a la electrificación se duplicará de aquí a 2030, pasando de 5.500 a 10.000 millones de euros al año. El objetivo es acelerar la transición en hogares, empresas y flotas de transporte, mientras Francia refuerza su soberanía energética frente a una crisis que no da señales de remitir.

Fin de las calderas de gas
La primera gran medida del plan de electrificación de Francia afecta directamente a los hogares: las calderas de gas quedan prohibidas en obra nueva a partir de finales de 2026. En su lugar, el ejecutivo impulsa masivamente las bombas de calor aire-agua, con el objetivo de instalar un millón de sistemas de fabricación francesa al año en el plazo de cinco años.
Para facilitar el salto económico, el gobierno ha diseñado un sistema de leasing para las bombas de calor, similar al del coche eléctrico. Las ayudas podrían alcanzar los 2.000 euros a lo largo de tres años, financiadas en gran parte a través del mecanismo de los certificados de ahorro energético, un sistema no presupuestario sufragado por los propios comercializadores de energía.
El reto industrial
La dimensión del desafío es mayúscula. En 2025, Francia instaló aproximadamente 180.000 bombas de calor en todos los segmentos del mercado. Multiplicar esa cifra por cinco en cinco años exige una transformación industrial que ya está en marcha: Airwell, uno de los principales fabricantes franceses de bombas de calor, vio dispararse su cotización en Bolsa cerca de un 40% tras el anuncio.
El plan también contempla que dos millones de viviendas sociales abandonen el gas de aquí a 2050. Una descarbonización escalonada que combina la urgencia de la crisis con la escala de un proyecto a largo plazo.
Coches eléctricos: más bonus y más leasing
El segundo gran eje del plan de electrificación de Francia es el transporte. El gobierno quiere que dos de cada tres coches nuevos vendidos en Francia sean eléctricos en 2030. Para conseguirlo, el bonus ecológico subirá de los actuales 5.700 euros hasta un máximo de 9.500 euros.
El acceso al leasing social también se amplía, con 50.000 coches eléctricos adicionales disponibles a partir del mes de junio. Un nuevo mecanismo está previsto para los denominados grandes conductores de clases medias —auxiliares a domicilio, enfermeras, artesanos y empleados públicos— con otros 50.000 vehículos eléctricos subvencionados en 2026.
Pymes e industria
El plan de electrificación de Francia no deja de lado al tejido productivo. Las pequeñas y medianas empresas contarán, por primera vez, con ayudas específicas para vehículos utilitarios y camiones pesados, que podrán llegar hasta los 100.000 euros por vehículo. El ejecutivo también quiere acelerar la descarbonización de los grandes complejos industriales y agroalimentarios.
Los artesanos y comerciantes tampoco quedan fuera: la electrificación de herramientas de trabajo —hornos, asadores, equipos de pesca, maquinaria agrícola y equipos de obras públicas— recibirá dispositivos de ayuda propios. Una transformación que, según el primer ministro, debe impregnar cada sector de la economía francesa.

El contraste con España
España también respondió a la crisis energética, aunque con un enfoque diferente. El presidente Pedro Sánchez anunció el pasado 20 de marzo un Real Decreto-ley con 80 medidas de urgencia y una movilización de más de 5.000 millones de euros, con vigencia inmediata para los 20 millones de hogares y 3 millones de empresas del país.
El paquete incluye una rebaja del IVA de los carburantes y la electricidad del 21% al 10%, descuentos de hasta 30 céntimos por litro de combustible —unos 20 euros de ahorro por depósito— y una prórroga del bono social eléctrico para los hogares vulnerables.
A diferencia de la apuesta estructural del plan de electrificación de Francia, las medidas de Sánchez combinan alivio fiscal inmediato con incentivos a la transición: deducciones del 15% en el IRPF para la compra de coches eléctricos y enchufables, ayudas para bombas de calor y autoconsumo, y una ampliación del radio de autoconsumo de 2 a 5 kilómetros.
Un doble carril —amortiguar el golpe hoy, acelerar la descarbonización mañana— que contrasta con la decisión francesa de priorizar la transformación estructural desde el primer momento.

Soberanía frente a dependencia
El plan de electrificación de Francia llega en un momento en que la dependencia de los fósiles se ha convertido en una vulnerabilidad estratégica para los gobiernos europeos. Prohibir las calderas de gas, masificar las bombas de calor y hacer accesibles los coches eléctricos no son sólo medidas de política ambiental: son también una respuesta de soberanía ante mercados energéticos que escapan a cualquier control europeo.
Con 10.000 millones de euros al año como palanca, Francia apuesta por que la electrificación no sea el privilegio de quienes pueden permitírsela, sino la norma del país entero.