Agencia Espacial Europea (ESA) Ciudades sostenibles

La Agencia Europea Espacial lo confirma: ya existen ciudades que crecen reduciendo su contaminación

Un estudio, publicado en Nature Cities y avalado por la ESA, analiza 5.435 ciudades entre 2019 y 2024

Frente al 16% que aún contamina más al crecer, el 80% de las ciudades ya reduce su contaminación

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Antonio Quilis
  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Las ciudades pueden combinar crecimiento económico y reducción de la contaminación al mismo tiempo. Así lo confirma la Agencia Espacial Europea (ESA), que ha respaldado un estudio del instituto noruego NILU publicado en la revista Nature Cities con datos de su satélite Copernicus Sentinel-5P.

La investigación analizó 5.435 ciudades del mundo entre 2019 y 2024 y llegó a una conclusión tan sencilla como transformadora: la prosperidad urbana ya no exige más smog.

El 80% de las ciudades, en la categoría verde

De las 2.475 urbes con tendencias estadísticamente significativas, casi el 80% —unas 2.000 ciudades— logró aumentar su PIB per cápita mientras reducía los niveles de dióxido de nitrógeno (NO₂) en el aire, el contaminante más directamente ligado a los combustibles fósiles.

El estudio clasifica estas ciudades en cuatro grupos: las verdes (más ricas y menos contaminadas), las marrones (más ricas y más contaminadas), las grises (menos contaminadas pero más pobres) y las rojas (más pobres y más contaminadas).

El grupo verde concentra el mayor número de casos. Entre sus ejemplos más llamativos figuran París, Berlín, Roma, Ámsterdam, Pekín, Shanghái y Chengdu: grandes metrópolis que han desacoplado su crecimiento económico del uso intensivo de combustibles fósiles.

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Cambios en la concentración de NO2 TVCD ajustada por población en ciudades de todo el mundo (con poblaciones superiores a 100.000 habitantes) entre 2019 y 2024. (Fuente: Nature Cities).

Sentinel-5P, el árbitro global

El instrumento que hace posible este análisis es el TROPOMI, a bordo del satélite Sentinel-5P de la ESA, capaz de medir concentraciones de NO₂ troposférico con una resolución de hasta 5,5 × 3,5 kilómetros. Esa precisión permite monitorizar la contaminación urbana a escala global con una consistencia que ningún sistema de medición terrestre puede igualar.

Los investigadores, liderados por Amirhossein Hassani y Daniel Dean Moran, cruzaron esas mediciones con datos de PIB per cápita ajustados por paridad de poder adquisitivo para las 5.435 ciudades estudiadas. El resultado es un marco escalable y actualizable periódicamente para evaluar la eficacia de las políticas medioambientales en cada ciudad.

parís

China, el mayor bloque de ciudades limpias

Sorprendentemente, el país con más urbes en la categoría verde es China: 719 ciudades del gigante asiático lograron reducir su contaminación mientras avanzaban en crecimiento económico. El equipo investigador atribuye ese avance a la aplicación de estándares de emisiones más estrictos, la electrificación del transporte público y el traslado de industrias fuera de los núcleos urbanos.

Alemania, Francia, Japón y Reino Unido también registran porcentajes elevados en el mismo grupo. En el caso alemán, el 98% de sus ciudades con más de 100.000 habitantes redujo de forma significativa los niveles de NO₂ entre 2019 y 2024. En Francia ese porcentaje fue del 80,5%; en Japón, del 52,7%.

El 16% que aún crece contaminando más

No todo el mapa apunta en la misma dirección. Un 16% de las ciudades analizadas —unas 390— combinó crecimiento económico con mayor dependencia de combustibles fósiles. Este grupo marrón se concentra principalmente en India (35,4%), Irán (17,4%), Rusia (9%) y partes de Asia Central.

Ciudades como Riad, Moscú, Taskent, Esmirna y Abu Dabi encabezan la lista de urbes con mayor aumento de contaminación por NO₂ per cápita entre las más prósperas. Los autores lo asocian con la expansión del parque automovilístico y el crecimiento industrial en ausencia de regulación ambiental suficiente.

El NO₂, termómetro de los fósiles

La elección del dióxido de nitrógeno como indicador no es casual. A diferencia del CO₂, que se acumula en la atmósfera global y es difícil de atribuir a una ciudad concreta, el NO₂ tiene una vida corta y puede vincularse directamente con fuentes locales de combustión: vehículos, centrales eléctricas e industria. Eso lo convierte en un termómetro sensible y casi en tiempo real de la actividad económica ligada a los fósiles.

Los autores aclaran, sin embargo, que una reducción del NO₂ no implica necesariamente una caída equivalente de las emisiones de CO₂ u otros gases de efecto invernadero. El estudio mide desacoplamiento relativo —divergencia entre las tendencias del PIB y las del NO₂—, no la reducción absoluta de todas las emisiones.

Una herramienta para medir la política urbana

Daniel Moran, coautor del estudio e investigador del NILU, destacó que las ciudades tienen tanto poder como —a menudo más voluntad que— los gobiernos nacionales para avanzar hacia un modelo libre de fósiles. El marco desarrollado puede emplearse para monitorizar el avance hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU o el Acuerdo de París.

La ESA añadió que las misiones Sentinel-4 y Sentinel-5, recientemente lanzadas, ampliarán estas capacidades con datos horarios desde órbita geoestacionaria y cobertura polar global. Cuatro de cada cinco ciudades del mundo ya demuestran, con datos satelitales como aval, que reducir la contaminación y crecer económicamente son objetivos que se refuerzan mutuamente.