Nicolás Olea: «Términos difíciles como disruptores endocrinos o ftalatos ya se oyen en el telediario»
Hablamos con Nicolás Olea, uno de los grandes expertos en disruptores endocrinos
Olea recomienda no regalar flores en San Valentín por el empleo de pesticidas en su cultivo
El científico alerta de que mujeres embarazadas y menores son especialmente vulnerables frente a los tóxicos
Seguramente muchas personas estén pensando en regalar flores a su pareja por San Valentín. Pero esta no sería realmente una buena idea, debido al uso masivo de pesticidas en el cultivo de estas plantas. La advertencia es del médico e investigador granadino Nicolás Olea, toda una autoridad mundial en el estudio de los disruptores endocrinos y sus efectos sobre la salud.
Catedrático emérito de la Universidad de Granada, coordinador del GEMASEEN (Grupo de Endocrinología y Medio Ambiente de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición), primer director del Instituto de Investigación Biosanitaria ibs.GRANADA… Esta extraordinaria trayectoria no agota el currículum de Olea, que también destaca por su labor divulgadora.
Hablamos del que es uno de los comunicadores científicos que mejor ha sabido explicar los riesgos de vivir rodeados de plásticos elaborados con todo tipo de sustancias tóxicas. Esta capacidad para transmitir de forma sencilla cuestiones que son sumamente complejas vuelve a quedar de manifiesto en esta entrevista para OKGREEN.
Para el gran público
OKGREEN: Usted lleva ya décadas alertando de los riesgos para nuestra salud de muchos de los tóxicos a los que estamos expuestos. Una labor que ejerce no sólo en foros especializados, sino también en charlas para el gran público. Desde esta posición, ¿cómo ve la preocupación de los ciudadanos sobre este asunto?
Nicolás Olea: En un momento de mi carrera tomé la decisión de comunicar al público interesado los resultados de nuestro trabajo científico y clínico. Fue una decisión meditada. Teníamos, como grupo, la impresión de que el proceso de transferencia de los resultados de la investigación a la administración reguladora y al público era muy lento y tremendamente ineficaz.
De una parte, por la lentitud en la toma de decisiones de calado por parte de los organismos reguladores de la toxicidad de los contaminantes ambientales; de otra, por la dificultad para llevar los mensajes al público.
Después de años practicando esta docencia en los más diversos foros y en los medios de comunicación y redes sociales, hemos advertido que algunos de los mensajes van llegando a la población. Términos tan difíciles de memorizar como disruptores endocrinos o ftalatos ya se oyen hasta en el telediario.
En principio, todo esto está muy bien. Pero nos preocupa que se haya creado una situación de angustia e indefensión que a más de una persona le quite el sueño. Pensar que todo es malo o que no se puede hacer nada no es la respuesta que deseábamos.
La información sobre esta exposición ambiental y sus riesgos debe ir siempre acompañada de una recomendación factible que ayude a responder activamente ante la situación denunciada.

Desinformación
P.: Se habla mucho de los problemas que causa la desinformación en temas ambientales. ¿Pasa también con los tóxicos?
R.: Nunca antes ha habido tanta información en riesgos tóxicos, pero insisto en la necesidad de ofrecer una salida a cada situación y una explicación científica satisfactoria, provenientes de personas y medios de confianza.
Las sociedades médicas empiezan a implicarse. Han tardado, pero ya se han organizado para difundir información autorizada desde instituciones de prestigio y por los canales más adecuados, por ejemplo, las consultas de atención primaria y especializada. ¿Dónde mejor para recibir información sobre exposiciones ambientales, hábitos saludables y prevención?
Por ejemplo, la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición ha creado el Grupo de Trabajo en Endocrinología y Medioambiente, que entre sus misiones tiene precisamente la de informar a los ciudadanos y formar a los sanitarios en temas que no les eran tan familiares.
San Valentín
P.: Ahora que se acerca San Valentín, usted insiste en que no es una buena idea regalar flores. ¿Cuál es el problema?
R.: Lo denunció una asociación ambiental holandesa el año pasado y ahora lo ratifica la autoridad sanitaria del mismo país. Holanda es el gran importador y distribuidor de flor cortada en la UE, con países de procedencia tan distintos como Kenia o Ecuador. Pues bien, lo que se ha advertido es el uso abusivo de pesticidas en el cultivo de las flores en esos países de producción, que suponen el empleo de muchos principios activos prohibidos en la UE.
Los riesgos de exposición laboral se centran en los países de origen, lo cual parece no ser de gran interés local, y en la manipulación del producto en los países de destino, ya sean trabajadores del manejo de la flor o inspectores en los puntos de entrada de las importaciones.
Esta es una situación muy seria a la que la UE debería responder con el establecimiento de unos límites máximos de residuo (LMR) para la flor cortada, como los que existen para pesticidas en el caso de los alimentos.
La gran incógnita, por llamarlo de forma suave, es qué ocurre con la exposición del consumidor. En este caso todo se resuelve con las recomendaciones habituales: «tampoco es para tanto», «necesitamos saber más», «estamos en ello», etc. Mientras llega una opinión seria, mi consejo es este: elige flores de procedencia local o busca para tu regalo una alternativa más segura.

Niños
P.: Hablando de regalos, quizá un punto especialmente crítico es cuando llegan las Navidades o los cumpleaños de los pequeños de la casa, en el sentido de que los niños son mucho más vulnerables que nosotros ante los tóxicos. ¿Qué obsequios jamás deberíamos hacerle a un menor?
R.: Ya sabemos claramente que no todos somos iguales, o al menos, igualmente susceptibles. Cuando hablamos de exposición química ambiental, edad y género tienen mucho que decir. Aún más cuando hablamos de contaminantes químicos que afectan a las hormonas, como son los disruptores endocrinos.
En este caso, embarazo, lactancia e infancia son momentos de máxima vulnerabilidad. Y hablar de crianza y cuidados es hablar de mujer. Nuestra mayor preocupación es la exposición de la mujer joven y fértil por su capacidad de transmitir dicha exposición a la descendencia.
Por otro lado, la exposición de la infancia ocurre en el hogar y está vinculada al medio ambiente sintético que hemos creado, en donde un suelo de imitación madera de PVC, rico en ftalatos, se mezcla con los muebles de melanina, las tapicerías de poliéster repletas de retardantes del fuego y los ambientadores sintéticos. Un medio interno en el hogar que nunca antes había existido y que de forma insensible ha cambiado las exposiciones de tu familia en el día a día.
Como era de esperar, los juguetes forman parte de esa orgía química que hemos metido en nuestra casa: plásticos coloridos, ropas sintéticas, electrónica por doquier…. Todo, te lo repito, todo, proveniente del petróleo. Y tú quieres que el ambiente de tu casa sea limpio y natural. ¡Ja! Difícil tarea.
P.: Mucha gente le responderá que, si nos ponemos demasiado estrictos con los tóxicos, al final no compraríamos nada ni comeríamos nada ni podríamos, prácticamente, salir a la calle. Y es cierto que al final, hagas lo que hagas, hay una buena parte de la contaminación tóxica que es inevitable. ¿Qué respondería a quienes sostienen posiciones de este tipo?
R.: Siempre hay cosas que puedes hacer para disminuir la exposición y el riesgo de efecto adverso asociado. Todo cuenta, así lo han demostrado estudios muy sencillos e interesantes.
Por ejemplo, si consumes alimentos de producción ecológica, los niveles de pesticidas en orina disminuyen significativamente en una semana. ¡Una semana! Lo mismo ocurre con la eliminación de cosméticos tóxicos o plásticos. Las acciones son muy variadas y eficaces, tan sólo tienes que informarte, tomártelo en serio y empezar a cuidarte.
Tres medidas
P.: Partiendo de este razonamiento, ¿cuáles serían las tres primeras medidas que nos aconseja tomar para reducir esta exposición cotidiana a los tóxicos?
R.: Muy sencillo: saca el plástico de tu cocina. ¡Ya! Deshazte de sartenes antiadherentes con PFAS, fiambreras de plástico, botellas de plástico, moldes de silicona y tablas de cortar de policarbonato.
Busca líneas de productos de cuidado personal y cosméticos libres de componentes indeseables: triclosán, benzofenona, ftalatos, parabenos, perfluorados y microplásticos, entre otros.
Ventila y airea tu casa, aspira mejor que barrer. Saca el exceso de peluches y ropa sintética del cuarto de tu bebé. Saca los ambientadores artificiales y apaga la electrónica cuando no esté en uso. Evita las tapicerías y alfombras milagrosas que no se manchan y repelen agua y grasa.

P.: El año pasado, los países fracasaron en su intención de poner en marcha un acuerdo internacional jurídicamente vinculante para reducir la contaminación por plásticos. Ello a pesar de la múltiple evidencia científica de que este es uno de los principales problemas de salud humana y también ambiental. ¿Por qué cree que es tan difícil aprobar algo que parece de sentido común?
R.: La razón es que el plástico es el negocio más rentable de la industria del petróleo. Seguir quemando petróleo como combustible es un dolor de muelas para los grandes productores.
El valor añadido de los productos derivados del petróleo es mucho mayor. Recuerda: tu ropa, tus cosméticos, tus muebles, tu coche y tu casa… son de plástico petrolero. Va a ser difícil parar esta maniobra de sustitución de todo lo natural por algo sintético derivado del petróleo que te presentan con un atractivo irresistible, desde el color a la versatilidad y el precio.

Papel de los ciudadanos
P.: Según esta valoración, ¿tiene esperanzas de que alguna vez llegue a haber un acuerdo internacional efectivo?
R.: Sólo los ciudadanos podemos cambiar ese rumbo. Enseñando a nuestros hijos a consumir de forma racional. Reduciendo las compras, alargando la vida de los objetos y textiles, reutilizando cuando se pueda, zurciendo, compartiendo, heredando… ¿verdad que te suena?
P.: Y tanto que me suena, eso de heredar la ropa y otras muchas cosas era lo que siempre se hacía en todas las casas. Y al margen de lo que tenemos que hacer los particulares, ¿hay alguna manera de conseguir que los responsables políticos y económicos también hagan su parte?
R.: Como ciudadanos deberíamos exigir transparencia en las decisiones políticas. Exigir explicaciones y responsabilidad por lo decidido. No es posible asistir a la impunidad en la que se mueven técnicos y políticos. Todos somos responsables de nuestros actos.
Si, por ejemplo, un pesticida tóxico es sacado del mercado tras 30 años de uso, ¿no sería necesario investigar el daño causado y ayudar a su reparación? Pues no. Eso no parece estar en su libro de procedimientos.
Deberíamos advertir a los organismos reguladores de que cualquier retraso en tomar una medida correctiva entraña un daño en la población expuesta. No se puede demorar tanto el proceso de implementación de medidas precautorias y para incorporar el conocimiento científico a las medidas preventivas.