Los monos de Gibraltar comen tierra para digerir mejor la comida basura de los turistas
El estudio, realizado en Gibraltar, demuestra que los macacos ingieren tierra por ingerir la comida basura que encuentran o les dan
Los grupos con más contacto turístico comen tierra el doble que los que viven alejados de visitantes

Los monos de Gibraltar han desarrollado un hábito insólito que combina instinto animal con consecuencias directas del turismo de masas: comen tierra para digerir la comida basura que les ofrecen los visitantes. No es un comportamiento aleatorio ni caprichoso.
Un nuevo estudio de la Universidad de Cambridge, publicado en Scientific Reports, documenta por primera vez de forma sistemática esta práctica en la única población de monos en libertad de Europa y la vincula directamente al contacto con el ser humano.
El fenómeno tiene nombre científico: geofagia, la ingestión voluntaria de suelo. Aunque se conoce en otras especies de primates, su presencia en los monos de Gibraltar era hasta ahora anecdótica. Lo que los investigadores han encontrado resulta llamativo: los grupos con mayor exposición a los turistas comen tierra con el doble de frecuencia que los que viven alejados de las zonas de visita. Y cuando llega el verano, la temporada alta, la tasa de geofagia sube en paralelo.
La dieta que no debería ser
El origen del problema está en el menú que los visitantes les proporcionan, a veces de forma consciente y otras porque los monos directamente les roban la merienda. Chocolate, patatas fritas, helados, galletas: casi el 19% de toda la alimentación registrada durante los días de observación procedía de comida basura turística. Para unos animales que en su hábitat natural se alimentan de hierbas, hojas, semillas e insectos, esa dieta supone una agresión digestiva notable.

Los Macaca sylvanus, como el resto de primates no humanos, pierden la capacidad de digerir la lactosa tras el destete. El helado, uno de sus bocados favoritos robados a los turistas, les provoca problemas gastrointestinales que van desde náuseas hasta diarrea. El azúcar y la grasa en exceso alteran además la composición del microbioma intestinal, un ecosistema de bacterias que en condiciones normales funciona en equilibrio.
Un antídoto de arcilla
Ahí es donde entra la tierra. Según el equipo liderado por el antropólogo biológico Sylvain Lemoine, del Departamento de Arqueología de Cambridge y fundador del Gibraltar Macaques Project, la ingestión de suelo actuaría como barrera en el tracto digestivo, limitando la absorción de compuestos perjudiciales y aportando bacterias beneficiosas ausentes en los snacks industriales. La geofagia podría también recubrir las paredes del intestino, aliviando la irritación generada por el exceso de azúcar y grasa.
Los investigadores descartaron otras explicaciones habituales de este comportamiento. En humanos, la geofagia se asocia frecuentemente al embarazo y la necesidad de suplementar minerales.

En los monos de Gibraltar, sin embargo, no se observó ningún aumento de la práctica durante la gestación o la lactancia, lo que apunta con claridad a la hipótesis digestiva como principal motor del fenómeno. En tres ocasiones concretas, los investigadores registraron episodios de geofagia apenas minutos después de que el mismo animal hubiera consumido helado, galletas o pan.
Tradición que se transmite
Lo que convierte este hallazgo en algo más que una curiosidad fisiológica es su dimensión cultural. Los distintos grupos de macacos no sólo comen tierra, sino que tienen preferencias consolidadas sobre qué tipo de tierra comer. La mayoría busca la terra rossa, la arcilla rojiza característica de Gibraltar, que concentra el 83% de todos los episodios registrados.
Pero el grupo del Ape’s Den, que habita las laderas occidentales bajas del Peñón, prefiere la tierra impregnada de alquitrán extraída de los baches del asfalto: un gusto que representa el 70% de su geofagia a pesar de la abundancia de terra rossa en su entorno. Los investigadores verificaron estas preferencias presentando a varios animales bandejas con distintos tipos de suelo: las elecciones fueron consistentes con los patrones del grupo.

Aprendizaje social
El 30% de los episodios de geofagia se produjo en grupo, con varios animales comiendo tierra al mismo tiempo en el mismo afloramiento. En el 89% de los casos había otros monos presentes y observando.
Para los investigadores, estos datos sugieren que el comportamiento se transmite por aprendizaje social, configurándose como una tradición local dentro de cada grupo, comparable al uso de herramientas para cascar nueces en los chimpancés, aunque con una diferencia fundamental: aquí el detonante es enteramente humano.

La población entera de Gibraltar registró una media de doce episodios de geofagia por semana, una frecuencia comparable a la de chimpancés del África oriental y lémures de cola anillada. El único grupo que no presentó ningún caso fue precisamente el que no tiene contacto con turistas ni acceso a comida humana.
El Peñón y sus monos
Los monos del Peñón llevan entrelazados con la historia humana desde la época medieval, cuando los soldados bereberes los llevaron consigo durante el dominio árabe.
Tras la conquista británica en el siglo XVIII, la leyenda convirtió a los monos en símbolo de la soberanía de Gibraltar, y durante la Segunda Guerra Mundial Winston Churchill llegó a ordenar la importación de nuevos ejemplares desde Marruecos y Argelia para mantener alta la moral. Hoy, los cerca de 230 monos distribuidos en ocho grupos estables son uno de los principales reclamos turísticos del territorio.

Esa misma presencia turística que los ha convertido en icono es, según los científicos, la que ha transformado su comportamiento y su cultura. «La diversidad de interacciones humanas entre los distintos grupos de monos de Gibraltar crea un experimento natural para entender cómo los paisajes antropogénicos afectan al comportamiento y la cultura de los primates», señala Lemoine.
Lo que empezó como un hábito digestivo se ha convertido, sin que nadie lo planificara, en una nueva forma de ser mono en un mundo construido por y para humanos.
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