Calentamiento global

Menos brisas que hace 40 años: Barcelona, Valencia e Ibiza sufren más calor por la falta de viento marino

El calentamiento global debilita hasta un 25% la brisa marina que refresca las costas españolas

El estudio analiza 41 años de datos en 39 estaciones costeras

La brisa marina del Mediterráneo se ralentiza desde los años 80 y reduce su capacidad de refrescar ciudades costeras, según el CSIC

¿Riesgo de otra DANA? El Mediterráneo alcanzó en 2025 temperaturas 6,5 grados por encima de lo normal

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

La brisa marina del Mediterráneo se está ralentizando y pierde parte de su capacidad para suavizar las temperaturas en ciudades como Barcelona, Valencia o Ibiza, según un nuevo estudio. Los datos muestran que su velocidad ha disminuido de forma constante desde la década de 1980, justo cuando el aumento de la temperatura de la región debería haber producido el efecto contrario.

El trabajo, publicado en la revista Scientific Reports, analiza 41 años de datos recogidos en estaciones meteorológicas de toda la costa del Mediterráneo occidental. La investigación está liderada por el Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE), centro mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la Universidad de Valencia (UV) y la Generalitat Valenciana.

La brisa marina es el viento que se genera durante el día cuando la tierra se calienta más rápido que el mar. Al ascender el aire caliente sobre tierra firme, el aire fresco procedente del mar avanza hacia la costa y genera un flujo que refresca las zonas litorales durante las horas de más calor.

Paradoja climática

La cuenca mediterránea se calienta actualmente entre un 20% y un 40% más rápido que el resto del mundo, lo que en teoría debería reforzar la brisa. Sin embargo, los datos muestran justo lo contrario: las brisas marinas son cada vez más débiles, aunque sí más frecuentes en épocas del año donde antes apenas se producían, como el invierno.

«Lo esperable sería que este mayor contraste generara brisas más fuertes. Sin embargo, observamos que las brisas marinas son cada vez más débiles», explica Shalenys Bedoya-Valestt, primera autora del estudio e investigadora predoctoral en el CIDE. La científica admite que el hallazgo resulta paradójico frente a la intuición inicial sobre el efecto del calentamiento.

El trabajo analizó por primera vez datos recopilados entre 1981 y 2021 en 39 estaciones meteorológicas repartidas por España, Francia, Italia y el norte de África. El 90% de esas estaciones muestra una reducción de la velocidad de la brisa marina a lo largo de las cuatro décadas analizadas.

Casi un 11% menos desde 1981

Desde 1981, las brisas marinas del Mediterráneo occidental se han debilitado 0,095 metros por segundo cada década, lo que se traduce en casi un 11% menos de velocidad media en toda la región. Si se tienen en cuenta sólo los meses de verano, ese descenso se agudiza hasta el 12,7%, según la investigadora del Climatoc-Lab del CIDE.

Por regiones, el mayor debilitamiento se registró en las Islas Baleares (17,6%), seguidas de las costas mediterráneas de España (17%) y de Francia (12,6%). El estudio detectó un patrón geográfico claro: cuanto más cerca del mar Balear, mayor es la pérdida de intensidad del viento costero.

Entre las ciudades españolas con un debilitamiento más pronunciado destacan Barcelona, Tortosa, Menorca, Almería, Castellón de la Plana, Málaga, Ibiza y Palma de Mallorca, donde la brisa llegó a reducirse entre el 17% y el 25% en algunas estaciones concretas.

El papel de las olas de calor

Esta ralentización respondería a varios mecanismos atmosféricos encadenados, como la persistencia de dorsales anticiclónicas sobre el Mediterráneo, zonas de altas presiones que provocan estabilidad atmosférica y tiempo seco. También influyen la entrada de aire tropical continental procedente del Sáhara y las propias olas de calor del verano.

Durante las olas de calor de verano, las brisas llegan a ser hasta un 10% más débiles en islas como Córcega, Cerdeña y Sicilia. En las Islas Baleares, estos episodios debilitan la brisa cerca de un 8%, mientras que en la costa mediterránea española la reducción media es del 4,8%, un impacto que se suma al debilitamiento general del viento costero.

Desde 1981, la región ha registrado un aumento de 1,3°C en la temperatura del aire y de 1°C en la del mar, junto a más radiación solar. Cuando las anomalías superan entre 1°C y 1,5°C sobre los niveles históricos, la intensidad de la brisa cae entre un 4% y un 8%, sobre todo en primavera y verano.

Una tapa atmosférica

«Es paradójico: el calentamiento provoca más olas de calor, y éstas, a su vez, debilitan aún más el viento costero que ayuda a aliviarlas», indica la investigadora. Según su hipótesis, el calentamiento global está cambiando la forma en que se mueven las masas de aire sobre el Mediterráneo.

«El aire cálido de origen continental tropical queda atrapado sobre el Mediterráneo y provoca olas de calor más frecuentes e intensas. Ese aire caliente y seco actúa como una tapa sobre la región: estabiliza la atmósfera y frena los movimientos de aire que impulsan la brisa», argumenta Bedoya-Valestt.

«Ahora que vivimos episodios de calor más intensos, frecuentes y tempranos, conocer cómo están cambiando las brisas marinas nos permite entender los posibles impactos en la población costera del Mediterráneo occidental», sostiene César Azorín, investigador del CSIC que lidera el Climatoc-Lab del CIDE. Al ser más débiles, la capacidad de ventilación de las brisas se reduce, con consecuencias directas sobre el estrés térmico y la salud humana.

Contaminación y tormentas en juego

Una brisa marina más débil también puede provocar que la contaminación recircule o quede atrapada en las zonas costeras y de interior durante varios días. Los autores del estudio consideran que esta información ayudaría a diseñar protocolos anticontaminación más precisos para las ciudades del litoral mediterráneo.

Las brisas también transportan humedad hacia el interior, lo que favorece la formación de tormentas severas en verano. «Si la brisa se debilita, el ciclo hidrológico podría verse alterado. Estos resultados nos ayudan a entender por qué está cambiando el régimen de estas tormentas y cómo afecta esto a la sequedad del suelo en la región», asegura Azorín.

El trabajo forma parte de la tesis doctoral de Shalenys Bedoya-Valestt, dirigida por César Azorín y Luis Gimeno, y cuenta con la colaboración del Instituto Pirenaico de Ecología (CSIC), la Universidad de Vigo y las universidades de Turín, Gotemburgo y Tsinghua. La investigación se enmarca en la Plataforma Temática Interdisciplinar (PTI) Clima del CSIC.