Contagio entre especies: un estudio ya demuestra que las aves transmiten la gripe aviar a los osos polares
Los osos polares se están viendo forzados a buscar nuevas fuentes de alimento en tierra firme por el deshielo
El estudio indica que los osos pueden recuperarse perfectamente tras una infección
Confirman la presencia del virus de la gripe aviar por primera vez en la Antártida
Un nuevo estudio liderado por la Universidad de Cornell (Estados Unidos) alerta de que las aves migratorias que se reproducen en el Ártico están propagando la gripe aviar entre los osos polares. La investigación encontró evidencias de infecciones en muestras de sangre de plantígrados cazados por los inuit en el este de Groenlandia.
El deshielo está reduciendo la extensión de los hábitats en los que los osos polares encuentran su alimento, lo que les obliga a desplazarse a tierra firme. Dicho cambio está incrementando las posibilidades de que entren en contacto con aves migratorias y otros animales infectados por la gripe aviar altamente patógena o IAAP (influenza aviar altamente patógena).
Este riesgo se ve acentuado por la llegada cada año de aves migratorias procedentes de distintas partes del mundo, que viajan hacia el norte para reproducirse en el Ártico y Groenlandia. Una vez allí, se concentran en grandes colonias. La proximidad entre individuos de diferentes especies crea en estos entornos un caldo de cultivo perfecto para la mezcla y transmisión de virus.
Calentamiento global
Paralelamente, el calentamiento global está provocando una rápida transformación de los ecosistemas árticos. Esta región se calienta a un ritmo muy superior al del resto del planeta. En el Ártico occidental, por ejemplo, la temperatura aumenta a un ritmo cuatro veces superior al global.
Los osos polares se encuentran entre las especies más afectadas por este problema, debido a que se ven forzados a abandonar el menguante hielo marino para adentrarse en tierra firme con el propósito de conseguir alimento.

Cambios en la dieta
«Con el cambio climático, sabemos que los osos están modificando su dieta y es probable que se expongan a muchos patógenos nuevos en tierra firme a los que podrían no estar acostumbrados, dado que provienen de una vida altamente adaptada al hielo», afirma Kayla Buhler, investigadora postdoctoral del Centro K. Lisa Yang para la Salud de la Fauna Silvestre de Cornell, adscrito a la Facultad de Medicina Veterinaria.
«En Svalbard, Noruega, vemos que los osos polares están cazando renos, algo nunca visto antes. Allí, y en muchas otras partes del Ártico, están empezando a atacar a las colonias de aves», remarca la científica.
Buhler también es investigadora de la Universidad del Interior de Noruega y autora principal del estudio que recoge este hallazgo, publicado recientemente en Emerging Infectious Diseases, una revista científica especializada en enfermedades infecciosas que editan los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés).
Animales infectados
La enfermedad puede propagarse cuando los osos comen aves y huevos, o focas u otros animales infectados con la gripe aviar. Los osos polares con una infección activa podrían transmitir la gripe aviar a otros osos cuando se congregan en zonas de caza con cadáveres y en contenedores de basura cerca de asentamientos humanos.
De hecho, este mismo año, en Svalbard, un joven oso polar murió a causa de la IAAP tras comer una morsa infectada. Un estudio realizado en la misma zona en 2025 detectó el virus de la gripe aviar H5N5 en zorros árticos, que se alimentan de carroña y cazan aves y huevos.
Ambos estudios reportaron virus con mutaciones de las que se sospecha que aumentan la probabilidad de que los mamíferos acaben infectados. Además, se han encontrado aves muertas en Groenlandia con cepas de IAAP, incluidas H5N1 y H5N5.

Nuevos patógenos
«Es importante que controlemos qué nuevos patógenos se están estableciendo en los osos polares, ya que desconocemos cómo les afectarán», advierte Buhler. «A medida que las poblaciones se ven cada vez más afectadas, las enfermedades y los patógenos podrían desempeñar un papel fundamental en los esfuerzos de conservación», añade.
Científicos de la Universidad de Aarhus (Dinamarca), que también colaboran en este estudio, obtuvieron un total de 109 muestras de sangre cardíaca entre 2016 y 2025 de osos polares abatidos por cazadores inuit en Scoresby Sound, en la costa este de Groenlandia.
Esto ha sido posible gracias al sistema de seguimiento y control de la población de osos polares del Gobierno de Groenlandia, que establece cuotas anuales para la caza de subsistencia, reconocida como un derecho cultural de los pueblos indígenas.

Aumento de las infecciones
De las muestras tomadas durante 10 años, no se detectó ninguna infección hasta 2024, cuando los científicos encontraron anticuerpos de la influenza A en el 21% de 14 osos. Para 2025, la tasa había aumentado aún más: hallaron anticuerpos en el 43% de 14 osos. Pruebas adicionales identificaron cuatro osos que dieron positivo en las pruebas de detección de anticuerpos de virus de IAAP.
«No estamos detectando infecciones activas; estamos detectando una infección previa que el animal ya ha superado», aclara Buhler. «Este es uno de los primeros estudios que demuestra que los osos pueden recuperarse y estar bastante bien después de una infección», destaca la científica.
Es probable que los osos expuestos al virus lo contrajeran durante el verano, mientras que la caza de subsistencia tuvo lugar la primavera siguiente. Los cazadores, que poseen un amplio conocimiento tradicional de los osos, no han observado animales enfermos.