El cinturón verde del planeta se está moviendo y preocupa a los expertos: la vegetación terrestre acelera su migración hacia el noreste
Un equipo de científicos alemanes y españoles han calculado el centro de masa del cinturón verde para medir el pulso de la biosfera
El CO₂ actúa como fertilizante y alarga las temporadas de crecimiento del cinturón verde del planeta
El cinturón verde del planeta está en movimiento y la vegetación terrestre acelera su migración hacia el noreste de forma sostenida desde hace décadas. Así lo confirma un estudio publicado en la revista PNAS y liderado por la Universidad de Leipzig y el Centro Alemán para la Investigación Integrativa de la Biodiversidad (iDiv), con la colaboración de la Universidad de Valencia y otras instituciones internacionales. La investigación introduce un nuevo método capaz de rastrear el pulso de la biosfera a escala global.
El punto de partida conceptual es tan intuitivo como poderoso: los investigadores calcularon el «centro de masa» del verdor de la Tierra, es decir, el punto en el que quedaría equilibrado el planeta si cada fragmento de vegetación tuviese un peso proporcional a su densidad foliar. Rastreando el movimiento de ese punto a lo largo del tiempo, la ciencia dispone ahora de una brújula para medir cómo y a qué velocidad cambia el cinturón verde del planeta.
El latido de la biosfera
A partir de observaciones satelitales y datos de modelos climáticos que abarcan varias décadas, el equipo siguió el desplazamiento estacional de ese centro verde. En sincronía con las estaciones, la vegetación terrestre se mueve como una ola desde el hemisferio norte hacia el hemisferio sur y viceversa cada año, describiendo una oscilación constante y medible.
El análisis determinó que el centro verde alcanza su posición más septentrional a mediados de julio, en el Atlántico Norte, cerca de Islandia, y su punto más meridional frente a la costa de Liberia en marzo. «Básicamente, hemos comprimido la complejidad de la biosfera en un único latido en movimiento», afirmó el profesor Gustau Camps-Valls, de la Universitat de València, que contribuyó al diseño de la investigación y al desarrollo de la teoría subyacente.
Giro inesperado al este
Al cruzar décadas de datos, los científicos detectaron un doble desplazamiento que no estaba previsto en sus hipótesis de partida. Además del avance constante hacia el norte, confirmaron un claro movimiento hacia el este del cinturón verde, probablemente vinculado a focos de reverdecimiento especialmente pronunciados en India, China, Europa y Rusia.
«Fue una gran sorpresa para nosotros», reconoció el profesor Miguel Mahecha, autor principal del estudio. Las temporadas de crecimiento más largas y los inviernos más suaves en el hemisferio norte, que permiten que la vegetación terrestre se mantenga ligeramente más verde durante más tiempo, podrían estar impulsando este doble desplazamiento. El equipo subraya, no obstante, que es una hipótesis que debe seguir siendo investigada.
El CO₂ como motor
El estudio aporta nuevos datos sobre el reverdecimiento global, un fenómeno menos conocido del cambio global que describe el aumento general de la densidad de vegetación a escala mundial. El incremento de las concentraciones de CO₂ en la atmósfera actúa como fertilizante, potenciando la fotosíntesis y empujando el cinturón verde hacia regiones antes menos exuberantes, mientras que las temperaturas más altas alargan las temporadas de crecimiento en muchas zonas.
Contrariamente a lo esperado, el análisis no reveló un desplazamiento equivalente hacia el sur durante el verano austral, lo que subraya la asimetría entre hemisferios en la respuesta de la vegetación terrestre al cambio climático. Este hallazgo refuerza la idea de que el hemisferio norte concentra la mayor parte de la dinámica del verdor global en la actualidad.
Más allá del bosque
La metodología no se limita a rastrear el verdor. El mismo marco teórico puede adaptarse para seguir una «ola azul» en los océanos o una «ola roja» de anomalías térmicas, apuntando hacia una herramienta multidimensional para monitorizar el pulso del sistema terrestre en su conjunto. El seguimiento del cinturón verde conecta así múltiples vectores del cambio global: las interacciones entre clima y biosfera, los cambios de uso del suelo, la dinámica de los incendios, las sequías y la migración animal.
Por primera vez, la ciencia cuenta con una brújula capaz de medir con precisión cómo se reorganiza la superficie viva del planeta en un mundo que no deja de calentarse.
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