Qué es Helicobacter pylori y por qué millones de personas no saben que la tienen
Ese ardor que repites “siempre me pasa” podría tener explicación
Para entender qué ocurre realmente en estos casos, consultamos con una especialista en aparato digestivo
Hay molestias que se cuelan en el día a día casi sin hacer ruido. El ardor después de comer, esa sensación de pesadez, la digestión que se alarga más de la cuenta… Tan comunes que muchas veces se comentan entre amigos como algo sin importancia. Pero no siempre lo son.
Detrás de ese malestar tan habitual puede estar Helicobacter pylori, una infección muy frecuente que muchas personas tienen sin saberlo. «Se suele adquirir en la infancia y puede permanecer durante años sin causar síntomas. Por eso es tan frecuente: muchas personas conviven con ella sin saberlo», explica la doctora Malena García Arredondo, neurogastroenteróloga, experta en trastornos del eje intestino-cerebro y directora de MGA Healthy Digest, unidad de aparato digestivo y microbiota en el Memorial Publio Cordón Hospital, en Pozuelo de Alarcón (Madrid).

Efectos de Helicobacter pylori en el cuerpo. (Foto creada con IA)
Y ahí está una de las claves: puede pasar completamente desapercibida. Durante años, problemas como las úlceras se atribuían al estrés o a la alimentación. Hoy se sabe que en muchos casos había algo más detrás. Aun así, sigue siendo una gran desconocida. Entre el 40% y el 50% de la población mundial la tiene, aunque no siempre da señales claras.
Cuando lo hace, además, no resulta especialmente alarmante. «Los síntomas más habituales son ardor, molestias en la parte alta del abdomen, sensación de pesadez después de comer o digestiones lentas. El problema es que son molestias muy frecuentes y muchas personas las normalizan durante años sin consultar», señala la especialista.
Escuchar al cuerpo (aunque sea cuando protesta)
No todas las molestias digestivas tienen el mismo origen, pero cuando se repiten en el tiempo conviene prestarles atención. Esa sensación de que «algo no sienta bien» puede tener explicación.




Prueba de aliento para H. pylori. (Foto creada con IA)
La buena noticia es que comprobarlo es sencillo. «Basta con un test del aliento o una prueba en heces, que son rápidas y no invasivas. La endoscopia se reserva para situaciones concretas o cuando hay que estudiar el estómago con más detalle», explica la doctora.
Cuando conviene mirar un poco más allá
En muchos casos no provoca problemas importantes, pero en otros sí puede tener consecuencias con el paso del tiempo. Por eso, cuando se detecta, lo habitual es tratarla. «El tratamiento combina antibióticos y fármacos que reducen la acidez gástrica y suele ser eficaz», explica García Arredondo, aunque añade que en algunos pacientes las pautas se ajustan debido a resistencias bacterianas.
Además, cada vez se habla más del papel de la microbiota. «Esta bacteria puede alterar el equilibrio del ecosistema digestivo, aunque sus efectos dependen de factores individuales y no siempre se traducen en enfermedad», apunta. En este sentido, los probióticos pueden ser un apoyo durante el tratamiento, ayudando a mantener ese equilibrio y a reducir algunos efectos secundarios, aunque no eliminan por sí solos la infección.
No todo está en el estómago
Y hay otro factor que cada vez se tiene más en cuenta: la relación entre lo que ocurre en el sistema digestivo y el cerebro. «En algunos casos, aunque la bacteria desaparezca, persisten síntomas digestivos. Esto puede estar relacionado con el eje intestino-cerebro, es decir, la conexión entre el sistema digestivo y el sistema nervioso», explica la experta.




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Estrés, emociones o cambios en la microbiota pueden seguir influyendo en cómo responde el organismo.