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Alfonso XIII y Juan Carlos I: de un sueño compartido a un ocaso común

Se cumplen dos años desde que el padre de Felipe VI anunciara su retirada de la vida institucional. Un momento clave en la historia de España que supuso el principio de la total decadencia del monarca.

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Han pasado dos años desde que el rey Juan Carlos anunciase su intención de retirarse de la vida pública. El 27 de mayo de 2019, la Casa de S.M. el Rey hacía público un comunicado en el que el exmonarca comunicaba a Felipe VI su deseo de dejar atrás su papel institucional -escaso ya en aquel momento- a partir del día 2 de junio. Un texto en el que quien había ocupado la jefatura del Estado durante casi 40 años aseguraba tomar la decisión “desde el gran cariño y orgullo de padre”, y donde recalcaba su lealtad y su afán de servicio a la Corona.

Rey Juan Carlos
El Rey Juan Carlos en una imagen de archivo / Gtres

Un comunicado en forma de carta a Felipe VI que coincidía con el quinto aniversario de la abdicación del monarca y que se producía poco después de su 80 cumpleaños. Sin duda, un momento perfecto para dar un paso atrás y disfrutar del descanso. Sin embargo, nadie podía imaginar entonces lo que sucedería menos de un año después.

El principio del fin

En marzo de 2020, en plena crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus, el rey Felipe anunciaba públicamente que renunciaba a la herencia de su padre, a quien además retiraba la asignación que como exrey le correspondía. Una maniobra discutible desde el punto legal -ya que no se puede renunciar a una herencia hasta que se produce un fallecimiento según determina el Código Civil-, pero con la que el monarca quería marcar distancias con su padre después de que su nombre se hubiera visto implicado en diversos negocios en el extranjero. Era el comienzo de la etapa más sombría del rey Juan Carlos.

rey Felipe
El rey Felipe retiraba la asignación a su padre hace más de un año / Gtres

Pocos meses después y, a tenor de las diversas informaciones que se publicaron en torno a su persona, don Juan Carlos abandonaba el Palacio de la Zarzuela y se instalaba en Abu Dabi, donde permanece desde entonces. Ni siquiera por Navidad o por su cumpleaños, el exmonarca ha regresado a España, aunque sí que ha podido recibir algunas visitas, en concreto, de personas de su círculo más íntimo y de sus hijas, que han viajado a Emiratos en varias ocasiones e incluso se han vacunado allí contra el coronavirus con el objetivo de poder mantener contacto seguro con su padre -una cuestión que ha generado una fuerte polémica en España-.

A pesar de que a fecha de hoy el exrey ha llevado a cabo varias regularizaciones con la Agencia Tributaria, el pasado 12 de mayo, Hacienda le notificó a don Juan Carlos el inicio de una inspección para verificar el cumplimiento de sus obligaciones fiscales.

Un ocaso paralelo

La situación actual de don Juan Carlos que, en apenas tres meses cumple su primer año de ‘exilio voluntario’ recuerda irremediablemente a la de uno de sus antepasados más directos, Alfonso XIII. El último rey de España antes de la II República y de la etapa en la que el general Franco ocupó la jefatura del Estado acabó sus días lejos de su país natal y, curiosamente, en la misma ciudad que vio nacer al rey Juan Carlos hace ya 83 años.

Alfonso XIII
Los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia en el día de su boda / Gtres

Las vidas del marido de Victoria Eugenia y el rey de la Transición han transcurrido de manera paralela en muchos aspectos. Al margen de cuestiones personales, como la larga lista de conquistas o la complicada relación que ambos mantuvieron con sus mujeres, lo cierto es que la etapa final de sus vidas ha transcurrido en el exilio. En el caso del rey Alfonso XIII en Roma, rodeado de varios de los miembros de su familia pero sin su mujer, y en el de Juan Carlos, en Abu Dabi, pero más solo que nunca.

El 28 de febrero de 1941, el que fuera rey de España fallecía en Roma, casi 10 años después de abandonar España. Poco después, el 3 de marzo, se celebraba su sepelio en la capital italiana y era enterrado en la iglesia de Montserrat. El féretro estaba cubierto por la bandera del buque que lo trasladó en el exilio, el manto de la Virgen del Pilar y su nuca descansaba sobre un saquito de tierra española. El rey Víctor Manuel III presidió las exequias acompañado de don Juan, la reina Victoria Eugenia y don Jaime. Pocas semanas antes de su muerte, Alfonso XIII había abdicado en su hijo e incluso, cuando estaba a punto de morir preguntó si el conde de Barcelona lloraba, a lo que le respondieron que no: “me alegro mucho, porque si hubiera llorado no habría servido para rey”, dijo entonces. No fue hasta 1980 cuando los restos del monarca regresaron a España y fueron enterradas en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial.

Entierro de los restos de Alfonso III en el Monasterio de San Lorenzo del Escorial / Gtres

El Rey tenía solo 54 años cuando sufrió la angina de pecho que acabó con su vida. Nada que ver con los más de 80 que tiene ya don Juan Carlos. A pesar de que en el momento de la muerte de Alfonso XIII don Juan se convirtió en el jefe de la Casa Real, lo cierto es que entonces pocos podían pensar que don Juan Carlos encarnaría el futuro de la monarquía en España. Ni siquiera su padre contemplaba la opción de que el relevo pasara directamente a él y mucho menos su abuelo que, aunque lo miraba con ilusión, estaba más enfrascado en sus propios desvelos. Tal como ha confirmado la periodista Pilar Eyre, “sí vio en Juanito el futuro de la monarquía, el hijo varón del heredero, pero era aún muy pequeño para que interactuara con él. La infanta Pilar sí que dijo que recordaba al abuelito como un señor que siempre estaba muy triste,  pero Juanito dijo que solo recordaba que le tocaba la cabeza”. Quizás en estos momentos tan lejos de casa y de sus seres queridos, el rey Juan Carlos tenga más presente que nunca la memoria de su abuelo.

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