Laura Escanes defiende su amor a distancia y un psicólogo nos revela por qué puede ser una ventaja
La relación comenzó en 2025, tras conocerse en Grandvalira durante un viaje familiar de Escanes
Ambos mantienen una relación en la que cada uno vive en un país distinto
El modelo encaja en la idea 'Living Apart Together': pareja estable, domicilios separados
Laura Escanes y Joan Verdú se conocieron entre nieve y remontes, cuando la influencer viajó con su familia a Grandvalira a finales de 2024. Él, además de deportista olímpico, era profesor de esquí para famosos; ella, una de las creadoras de contenido más seguidas de España. La relación comenzó poco después, ya en 2025, cuando la conexión personal demostró ser más profunda que una foto en pistas. Y, sin embargo, no tardó en enfrentarse a una decisión que cualquier pareja teme: la distancia. A mediados de año, él hizo las maletas para instalarse en Austria, impulsado por su carrera profesional.
Su discurso fue tan simple como contundente: había oportunidades que no podía rechazar. «Sé que veré menos a mi familia, a mis amigos y a mi pareja, pero me habría arrepentido toda la vida si no diera este paso», explicó en su canal de YouTube, donde comparte entrenamientos, rutinas y un formato propio: Esquiando con famosos. La mudanza, en realidad, abrió algo más que una etapa deportiva: inauguró un modelo de relación que genera debate.
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A Escanes le preguntaron hace poco cómo se gestionan la confianza y los celos cuando el amor es un viaje de ida y vuelta entre España y Austria. Su respuesta ha dado la vuelta a redes y medios: «Si no tienes confianza, la distancia lo complica todo. Si hay motivos para desconfiar, hay que hablarlos. Si no los hay, seguramente sean cosas de tu cabeza». El comentario apuntaba a una pregunta más incómoda: ¿y si el amor no necesita convivencia diaria para ser sólido?
Ahí aparece el concepto LAT
Living Apart Together. Luis Guillen Plaza, psicólogo sanitario y experto en terapia de pareja, lo define con precisión quirúrgica: «Son parejas que mantienen un vínculo romántico pero viven en domicilios diferentes. No implica menos compromiso; implica preservar la individualidad». A diferencia de la relación a distancia tradicional, donde la meta suele ser vivir juntos algún día, en el modelo LAT no hay prisa por fusionar casas ni rutinas. El objetivo es otro: sostener el vínculo sin sacrificar espacios personales.
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Guillén insiste en que la nostalgia juega a favor: «Echar de menos fortalece el vínculo. Si te falta alguien es que te importa de verdad. Además, la distancia aumenta la apreciación, hace que valores más su presencia y convierte los reencuentros en pequeñas lunas de miel». Lo sorprendente es que muchas parejas que viven en ciudades distintas se sienten más conectadas que las que comparten sofá todos los días.
¿Idealización o realidad? El psicólogo explica que el modelo funciona cuando la relación se apoya en tres pilares: comunicación expresiva (decir lo que se siente, no controlar), autonomía emocional y ritmos propios. «Mantener independencia permite crecer, perseguir objetivos personales y tener más que compartir», añade. Lejos de ser una versión debilitada del amor, este sistema puede ser su madurez: dos vidas completas que eligen encontrarse, no depender.
Por supuesto, hay riesgos
La distancia puede activar inseguridades: miedo a ser sustituido, celos imaginarios o la sensación de que la vida de la pareja avanza sin ti. Los expertos lo relacionan con una mala gestión de expectativas y con no hablar de lo importante. Y también está el peligro de la «vida paralela»: una doble vida donde el amor ocupa un espacio cada vez más pequeño hasta ser residual.
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¿Entonces la distancia une o separa? Guillen responde sin dudar: depende. La rutina no mata el amor; lo mata la ausencia de comunicación dentro de la rutina.
Escanes y Verdú han decidido no renunciar ni al amor ni a los sueños. Cada uno en su casa, cada uno en su vida. Puentes, no fronteras. Quizá esta sea la versión contemporánea del amor: no estar pegados, sino elegir volver.