Eduardo Madina cumple 50 años: retrato del hombre cuyo éxito ocultó la ‘banda del Peugeot’
Eduardo Madina cumple 50 años en un momento en que la política española recuerda las sombras de la "banda del Peugeot"
El ex diputado vasco ha sorteado atentados, derrotas internas y manteniendo una vida familiar discreta junto a Paloma Villa
El atentado de ETA en 2002 marcó su vida de manera definitiva

Eduardo Madina cumple 50 años este 11 de enero, un momento para mirar atrás y medir la distancia entre lo que fue y lo que pudo haber sido. Hijo único de una familia vasca de profundas raíces sindicales -su padre, dirigente de UGT en Euskadi; su abuelo, minero-, su infancia transcurrió entre el olor a pan tostado de la cocina de su abuela en Ortuella y conversaciones políticas que llenaban la casa. La soledad de ser hijo único la compensó con deporte, militancia y amistad; con Borja Sémper, por ejemplo, forjó un vínculo que sorprendió a muchos, un lazo que atravesaría la política y el terrorismo, y que hoy se recuerda como un ejemplo de camaradería más allá de la ideología.
El atentado de ETA en 2002 marcó su vida de manera definitiva. Con solo 26 años, una bomba lapa colocada bajo su coche le amputó parcialmente la pierna izquierda y dejó secuelas en manos y pecho. Para Madina, aquel episodio fue un golpe físico y emocional, pero también una prueba de su carácter. Le obligó a abandonar la práctica profesional de voleibol, a afrontar la pérdida de su madre meses después y a replantearse cómo explicaría algún día a su hijo Unax lo sucedido. Lejos de amargarse, se convirtió en un defensor del diálogo como herramienta frente al odio, participando en documentales y manteniendo una postura firme en la política vasca y española.

Eduardo Madina en un acto político. (Foto: Gtres)
Su carrera política fue meteórica. Concejal en Sestao con 24 años, asesor en el Parlamento Europeo, portavoz del Grupo Socialista en el Congreso y profesor asociado en la Universidad Carlos III, Madina se ganó la etiqueta de político joven, preparado y comprometido. En 2012, el Foro de Davos lo incluyó entre los 192 jóvenes más influyentes del mundo. Todo apuntaba a que sería el próximo líder del PSOE. Pero las primarias de 2014 cambiaron su destino. Pedro Sánchez, entonces poco conocido, ganó con un 48,6% de los votos frente al 36,1% de Madina. Hoy se sabe que aquel proceso estuvo empañado por irregularidades: un mensaje de Santos Cerdán a Koldo García instruyendo introducir papeletas adicionales marca la sombra de lo que la prensa ha llamado la «banda del Peugeot». Madina, siempre discreto, nunca ha comentado públicamente los detalles, pero quedó herido y desplazado, mientras Sánchez iniciaba su carrera hacia La Moncloa.
Aun así, Madina supo rehacerse. Desde 2017 abandonó el Congreso y se volcó en la consultoría estratégica, primero en Kreab, luego en Harmon, y actualmente como senior advisor en EY. Su vida privada, discreta pero intensa, ha sido su refugio. En 2006 se casó con Paloma Villa, quien fue asesora del PSOE en Bruselas y hoy lidera políticas públicas digitales en Telefónica. Juntos forman un núcleo sólido junto a su hijo Unax, en un hogar donde la música, la lectura y la fotografía ocupan un lugar central. Madina, fan declarado de Supersubmarina, Lagartija Nick, Silvio Rodríguez o Leonard Cohen, combina sus pasiones culturales con su amor por Bilbao y el Athletic, su ciudad y su equipo.




Eduardo Madina y Patxi López en un acto político. (Foto: Gtres)
Su amistad con Borja Sémper es otro de los pilares de su vida. De rivales políticos, ambos se convirtieron en confidentes y compañeros de lucha contra ETA, compartiendo experiencias que años después plasmarían en un libro conjunto. La complicidad entre ellos demuestra que, más allá de la política y del ruido mediático, existe un espacio para la lealtad, el respeto y la camaradería.
Hoy, mientras la UCO sigue desentrañando la trama que operó dentro del PSOE, Madina se mantiene como una figura reconocida por su coherencia y prudencia. Años atrás, Felipe González lo señaló como «mi candidato», un reconocimiento que marcó su trayectoria, aunque el político vasco nunca ha buscado la exposición ni la autocomplacencia. A sus 50 años, Madina celebra más que su cumpleaños: una carrera marcada por atentados, derrotas internas y los vaivenes de la política, sin perder de vista los valores de su infancia en Ortuella y Bilbao, donde la familia, la amistad y el compromiso cívico marcaron su formación.