OKDIARIO accede al interior del campamento militar donde Sánchez esconde a los inmigrantes en Canarias
OKDIARIO ha logrado entrar en exclusiva en el campamento militar de Barranco Seco, ubicado en Las Palmas de Gran Canaria, donde el Gobierno de Pedro Sánchez esconde a centenares de inmigrantes procedentes del sur de Marruecos y el Sahara que llegan a diario en patera y cayucos de manera ilegal a las costas españolas. Este recinto ha sido levantado por el Ejército de Tierra y en la actualidad está vigilado por la Policía Nacional.
El campamento militar de Barranco Seco funciona desde finales del mes de noviembre. Tiene como objetivo ser un Centro de Acogida Temporal de Extranjeros (CATE). Fue puesto en marcha después de que el muelle de Arguineguín, en funcionamiento desde el 20 de agosto, se desbordara por completo. Hasta entonces, allí se hacinaban más de 2.300 inmigrantes, cuando tan sólo contaba con una capacidad máxima de 400 personas.
Tal y como ha podido comprobar este periódico en primera persona, el campamento militar de Barranco Seco está conformado por 23 tiendas de campaña y tiene una capacidad de 800 personas. Todo ello sobre un terreno repleto de enormes charcos y un gigantesco barrizal. En un día de lluvia, como es el caso de la jornada en la que este periódico ha accedido al recinto, el campamento se convierte en un tobogán de agua.
Cada una de las tiendas de campaña está dividida en dos habitaciones separadas por una lona de color verde. En su interior tan sólo hay hamacas de playa sin colchón ni almohada situadas a ras de suelo que hacen las veces de una cama. Es imposible que se guarden las distancias de seguridad, ya que entre cama y cama hay una distancia de apenas quince centímetros. Muchos de ellos no tienen mascarilla, por lo que de haber algún contagio, el virus se expandiría en pocos minutos.
Cuando los inmigrantes acceden al campamento militar, los agentes policiales les realizan un chequeo de filiación. Seguidamente, los sanitarios les conducen a una carpa de color rojo donde les hacen pruebas PCR para comprobar si están o no infectados de coronavirus. Después les dan una manta. Es la única manera que tienen para abrigarse por las noches. Muchos de ellos van vestidos con camisetas y pantalones cortos y no tienen ninguna prenda de abrigo. En una noche cualquiera de invierno en esa zona, a las tres de la madrugada, puede hacer 15 grados. Sin embargo, la sensación térmica es mucho mayor al haber un ambiente continuo de gran humedad.
En el interior de las tiendas de campaña no sólo duermen. También desayunan, comen y cenan. Tan sólo pueden salir cuando algún agente policial se lo ordena. El resto del tiempo están obligados a pasarlo en su interior. Tan sólo tienen permiso para salir al baño, una caseta prefabricada de dos metros cuadrados que no cuenta con agua corriente. Está ubicado a un metro de la cremallera que separa la construcción de plástico y el exterior. Dentro hay un inodoro conectado a un depósito de agua. Al no haber ducha, únicamente pueden hacer sus necesidades.
Tampoco tienen luz. Cuando cae el sol, unos focos de treinta metros de altura iluminan el campamento militar. Pero en el interior de las tiendas de campaña están sumidos en la más absoluta oscuridad. De vez en cuando, alguno de ellos se ilumina con la linterna de su teléfono móvil. No suele ser muy habitual, ya que si bien la mayoría de ellos cuenta con un dispositivo, éste se ha quedado sin batería y no pueden cargarlo.
Los inmigrantes ilegales sólo pueden estar un máximo de 72 horas en el campamento militar de Barranco Seco. Cuando ese plazo se cumple son montados en autobuses y trasladados a otros campamentos improvisados o a hoteles repartidos por toda la isla que han sido clausurados temporalmente para dar alojamiento a estas personas.
A pesar de que el campamento de Barranco Seco está en medio de la nada, su perímetro está rodeado por vallas con concertinas. Se encuentra a diez kilómetros del centro de la ciudad de Las Palmas, en un desvío de la carretera GC-5. Para acceder hasta allí hay que meterse por varios caminos de tierra rodeados de vegetación. Las palmeras evitan ver el interior de lo que allí ocurre. Tan sólo se puede observar desde las montañas, que se encuentran a una distancia de 200 metros.
Antes de que Barranco Seco se convirtiera en un espacio improvisado para la acogida de inmigrantes ilegales era un polvorín militar. Es decir, un recinto donde se almacena la pólvora y las municiones y explosivos. Ahora vuelve a sus orígenes. Está vigilado por decenas de agentes de la Policía Nacional para evitar que nadie pueda ni entrar ni salir del recinto.
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