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La reflexión de Lama Rinchen, monje budista: «Vivimos mejor que los reyes de la Antigüedad y sin embargo estamos más insatisfechos»

Tener una casa cómoda, comida disponible, acceso inmediato a cualquier tipo de información o poder hablar en segundos con alguien que se encuentra a miles de kilómetros son cosas que hoy parecen completamente normales para millones de personas en el mundo. Hace siglos, muchas de esas posibilidades ni siquiera estaban al alcance de las personas más poderosas. Sin embargo, disponer de más comodidades no parece haber terminado con la insatisfacción. Lama Rinchen, maestro de meditación formado en la tradición budista tibetana, ha reflexionado sobre esta aparente contradicción durante su participación en el pódcast La fórmula del éxito, presentado por Uri Sabat.

«Estamos viviendo mejor que los reyes de la Antigüedad y, sin embargo, seguimos insatisfechos. Incluso podríamos decir aún más», ha asegurado. Una situación que, según explica, tiene mucho que ver con buscar fuera aquello que realmente necesitamos encontrar en otro lugar. Buena parte de la conversación que este maestro tuvo con Sabat giró alrededor de la diferencia entre aquello que una persona puede conseguir en el exterior y lo que necesita para sentirse realmente satisfecha. Y en un momento de la vida en el que tenemos infinidad de recursos a nuestro alcance, es ahora cuando según plantea Lama Rinchen, alcanzar determinadas metas nos hace sentir que no hemos cubierto todas nuestras necesidades.

La reflexión de Lama Rinchen, monje budista

«Todo lo que está a nuestra disposición es limitado, finito, y nuestra naturaleza es infinita. Entonces, no es suficiente para satisfacer», explica. Eso no significa que disponer de recursos materiales carezca de importancia. Su reflexión apunta más bien a que éstos sólo pueden cubrir una parte de lo que buscamos.

El monje enumera algunas de esas necesidades que difícilmente pueden resolverse comprando algo o alcanzando una determinada posición: «Queremos conexión, queremos gozo, dicha, queremos paz, queremos seguridad». Y ahí aparece el problema. «Por mucho que conquistemos allá afuera, no aporta esa satisfacción total», sostiene.

Según lo que reflexiona, una persona puede conseguir algo que llevaba mucho tiempo deseando y sentirse feliz durante un periodo. Pero después aparece una nueva meta. Y cuando ésta se alcanza, puede suceder exactamente lo mismo. Lama Rinchen compara esta búsqueda constante con un caballo que persigue una zanahoria que siempre permanece delante de él, pero que nunca llega a alcanzar.

El vacío existencial que afecta especialmente a los jóvenes

La reflexión adquiere otra dimensión cuando el maestro budista habla de los jóvenes. Tener numerosas posibilidades disponibles no implica necesariamente saber qué hacer con ellas. Para Lama Rinchen, uno de los grandes problemas aparece cuando una persona no encuentra un propósito que dé sentido a su vida. «Quien percibe este vacío existencial carece de propósito», señala.

Lo paradójico es que ese vacío puede aparecer en un momento histórico en el que existen multitud de opciones para estudiar, viajar, comunicarse, entretenerse o elegir diferentes caminos profesionales y personales. El problema, según su planteamiento, no es la ausencia de posibilidades, sino no encontrar una respuesta a cuestiones mucho más profundas.

Preguntas como quién soy, qué quiero hacer con mi vida o qué sentido tiene lo que hago no desaparecen por disponer de mayores comodidades. Y cuando no existe una respuesta, incluso aquello que debería ser positivo puede vivirse de otra manera. «Todo lo lindo que ofrece la vida, en vez de poder disfrutarlo, se convierte en una pesadilla», advierte.

El cambio que Lama Rinchen observó después de la pandemia

El monje sitúa un punto de inflexión en los años de la pandemia. A su juicio, aquel periodo rompió muchas rutinas y obligó a personas que hasta entonces vivían centradas en el día a día a hacerse preguntas que quizá habían dejado aparcadas. «Se produjo una ruptura que llevó a preguntarse quién soy y qué vida quiero», recuerda. Ese parón provocó, según explica, que algunas personas comenzaran a cuestionar el modelo de felicidad que habían seguido hasta entonces. «Ahí empezó una búsqueda de intentar encontrar sentido en esta vida e investigar o explorar nuevos modelos de felicidad», afirma.

Lama Rinchen considera que detrás de este fenómeno existe algo más que una reacción puntual a lo ocurrido durante aquellos años. Habla de un «despertar de conciencia» que lleva a cuestionarse cuestiones relacionadas con la identidad, la vida o incluso la muerte. Son preguntas que el ser humano se ha planteado durante siglos, aunque la sociedad moderna pueda ofrecer muchas más formas de mantenerlas temporalmente alejadas.

Frente a este diagnóstico, Lama Rinchen no plantea que haya que renunciar a las comodidades ni rechazar todo aquello que ofrece la vida moderna. Su discurso se centra en dejar de esperar que lo externo pueda resolver por sí solo una insatisfacción que tiene raíces más profundas. De ahí también su visión de la meditación. No la presenta simplemente como una práctica espiritual o mística, sino como una forma de entrenar la mente y trabajar aspectos como la sabiduría, la virtud o el altruismo.