España se juega este lunes el pase a los cuartos de final del Mundial frente a Portugal en el imponente AT&T Stadium de Dallas. Un escenario espectacular, capaz de albergar a más de 80.000 espectadores y considerado desde hace años una de las grandes referencias de la industria del deporte. Pero detrás de ese estadio hay una historia que conecta directamente con el Real Madrid. Porque gran parte del nuevo Santiago Bernabéu nació precisamente mirando hacia Texas.
Florentino Pérez tenía claro que el futuro de los grandes clubes no pasaba únicamente por ganar títulos. También había que ganar la batalla económica. Y para conseguirlo buscó inspiración en uno de los estadios más revolucionarios del planeta: la casa de los Dallas Cowboys, una franquicia que cambió para siempre la manera de entender un recinto deportivo.
El AT&T Stadium dejó de ser hace mucho tiempo un simple estadio de fútbol americano. Allí se organizan conciertos, combates de boxeo, partidos de fútbol, grandes convenciones, ferias internacionales y todo tipo de eventos durante los 365 días del año. El deporte pasó a ser sólo una parte de un enorme negocio. Eso es exactamente lo que quiso trasladar Florentino Pérez al Santiago Bernabéu.
La conexión se hizo oficial en 2022, cuando el Real Madrid firmó una alianza estratégica con Sixth Street y Legends, una operación valorada en unos 360 millones de euros mediante la que el club cedió durante veinte años el 30% de la explotación comercial de todas las actividades no deportivas del estadio. Y ahí aparece la clave de toda la historia.
Legends no es una empresa cualquiera. Se trata de uno de los gigantes mundiales del negocio deportivo y del entretenimiento. De hecho, nació como una sociedad conjunta creada por los Dallas Cowboys y los New York Yankees, dos de las organizaciones deportivas más poderosas del planeta. Su experiencia en hospitality, restauración, palcos VIP, patrocinios, merchandising y explotación comercial convirtió al Real Madrid en un cliente perfecto para desarrollar el nuevo Bernabéu. En otras palabras, el conocimiento que convirtió al AT&T Stadium en una máquina de generar ingresos aterrizó directamente en el Paseo de la Castellana.
Las similitudes entre ambos estadios son evidentes. Los dos cuentan con un techo retráctil que permite organizar eventos independientemente del clima y ambos fueron concebidos para transformarse en cuestión de horas. En Dallas pueden pasar de un partido de la NFL a un concierto multitudinario prácticamente sin interrupciones. En Madrid sucede algo parecido gracias al césped retráctil y al hipogeo construido bajo tierra, una de las mayores obras de ingeniería jamás realizadas en un estadio de fútbol.
Ahí aparece una de las grandes diferencias entre ambos proyectos. Mientras el recinto texano dispone de enormes espacios alrededor para adaptar su superficie, el Bernabéu tuvo que reinventarse bajo tierra. La solución fue construir un gigantesco invernadero vertical de varios niveles donde descansa el terreno de juego cuando el estadio alberga conciertos, espectáculos o cualquier otro evento. El objetivo es el mismo: un estadio capaz de producir ingresos prácticamente todos los días del año. Eso sí, en Chamatín no está siendo sencillo y, por el momento, no se están pudiendo celebrar conciertos tal y como estaba planteado y como esperan que se lleve a cabo más pronto que tarde.
España disputará los octavos de final en un recinto que revolucionó el negocio del deporte y que terminó sirviendo de modelo para el proyecto más ambicioso de Florentino Pérez. El escenario donde el combinado nacional buscará eliminar a Portugal es, al mismo tiempo, uno de los grandes «padres» del nuevo Santiago Bernabéu. Dos estadios separados por más de 8.000 kilómetros, pero unidos por una misma idea: convertir un campo de fútbol en una auténtica fábrica de ingresos los 365 días del año.