El Real Madrid había dimitido de la Liga desde hace semanas, pero ante el Girona decidió escenificarlo. Si quedaba alguna duda, la disipó sobre el césped del estadio Santiago Bernabéu. Otra actuación pobre, sin alma, sin tensión competitiva y, lo más preocupante, sin reacción. Un equipo plano en un estadio anestesiado, que ya ni se enfada, ya ni pita. Y eso, en el Bernabéu, es lo peor que puede pasar.
Los de Álvaro Arbeloa tienen por delante siete jornadas en las que deberán comparecer, porque otra cosa no parece que vayan a hacer. La Liga está perdida. No hay margen, no hay fe y, viendo el nivel mostrado, tampoco hay argumentos para pensar en una reacción. Cada partido será un trámite incómodo, una obligación más que una ilusión. Eso sí, todavía queda una bala. La única.
El Real Madrid viajará a Múnich con la temporada en juego. Sin red. Sabiendo que, si no remonta ante el Bayern, todo se acabará en abril. Y entonces sí, comenzará un tramo final de curso que puede hacerse eterno. Seis semanas sin nada en juego, con un Bernabéu que empezará a pasar factura y con un entorno cada vez más crítico. Un escenario incómodo para todos.
Las cuentas son claras. Para seguir con vida, el Real Madrid necesita ganar. Si lo hace por un gol, llevará la eliminatoria a la prórroga. Si lo hace por más, estará en semifinales. Sobre el papel, sencillo. Sobre el césped, otra historia muy distinta. Porque lo visto ante el Girona invita a pensar en todo menos en una remontada en Alemania.
Confían en la machada
Y, sin embargo, dentro del vestuario todavía creen. El mensaje es claro: esto es el Real Madrid y nunca se puede dar por muerto. Arbeloa es el primero en transmitirlo. Sabe que el Bayern parte como favorito tras lo ocurrido en la ida, pero también tiene claro que los alemanes van a tener que hacer un partido perfecto si quieren eliminar a los blancos.
Otra cosa es la afición. Cada día más desconectada. Más cansada. Lo del Girona sonó a tregua. Un silencio extraño, incómodo, contenido. Como si el Bernabéu estuviese esperando algo. Y ese algo tiene fecha: Múnich. Si el equipo no responde allí, entonces sí llegará el ruido.
Porque este Madrid está en cuidados intensivos. Con vida, sí, pero muy tocado. Y ahora tiene que decidir qué quiere ser. Si un equipo que pelea hasta el final o uno que se deja caer. En el Allianz Arena no habrá término medio. O sobrevive… o se acaba todo.