Champions League: Real Madrid-Leipzig

Radiografía de Diomande: el dolor que calló, una cabeza especial y el talento que no tenía techo

Txema Indias, que lo fichó para el Leganés, retrata al futbolista que no faltó a un entrenamiento tras la muerte de su hermana y se ganó al vestuario en apenas tres meses

"En diez años en el Leganés no había visto a un chico como este", asegura el dirigente, que destaca su fortaleza mental, su trabajo defensivo y su rendimiento por la izquierda

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Diomande
Diomande.

Yan Diomande perdió a su hermana cuando estaba intentando ganarse un sitio en el fútbol español. Acababa de llegar al Leganés, tenía un idioma por aprender, unos compañeros por conocer y una oportunidad que perseguía después de haber pasado por distintos países. No acudió al entierro. Tampoco faltó a un entrenamiento. Se quedó y siguió trabajando sin que Txema Indias, el hombre que lo había fichado, supiera inicialmente lo que estaba viviendo.

«Si me dice que ha fallecido su hermana, se va a su país sí o sí. Le pillo un vuelo y se va», cuenta el que era director deportivo del Leganés en ese momento. Se enteró unos días después a través de Cissé, que había conectado con el recién llegado por el idioma, la edad y sus experiencias. «Él no perdió ningún entrenamiento». Aquel episodio ayuda a entender cuánto llevaba dentro un chico al que ahora se mira por sus regates, sus goles y su capacidad para cambiar los partidos del Real Madrid.

Txema intenta encontrar una explicación, aunque distingue lo que conoce de lo que imagina. Cree que Diomande pudo temer que marcharse significase perder la oportunidad de su vida. Nunca presenta esa interpretación como una confesión del futbolista. Es la reflexión de alguien que, con el tiempo, comprende mejor la dimensión de aquella decisión y el dolor que el joven estaba atravesando mientras entrenaba con los demás.

Una vida acelerada antes de llegar al Madrid

Durante su etapa en el Leganés, Diomande vivía en una casa prefabricada en la ciudad deportiva. Allí transcurrieron aquellos meses en los que todo empezó a acelerarse: la adaptación a un país desconocido, la pelea por un puesto y el dolor por la muerte de su hermana. Su día a día estaba ligado al mismo lugar donde intentaba convencer a quienes le habían dado una oportunidad. Antes del Bernabéu y de los grandes focos, su vida estaba allí, junto a los campos de entrenamiento, construyendo un futuro que todavía nadie podía imaginar hasta dónde le llevaría.

Antes del Leganés hubo pruebas, viajes e incertidumbre. Según recuerda Indias, Diomande salió de África, pasó por equipos de Inglaterra y Grecia y terminó en Estados Unidos. Era muy joven y ya había tenido que acostumbrarse a empezar de nuevo lejos de casa. Llegar, intentar convencer y esperar una respuesta. Todo eso formaba parte de su recorrido antes de que su nombre empezara a circular entre los grandes clubes.

«Fíjate lo que lleva vivido siendo tan joven. Ir a probar a todos los lados, irse solo, irse a Estados Unidos, no saber el idioma… El chaval se lo ha trabajado bien», explica. Txema añade un matiz que considera necesario: muchos otros también lo intentan y no llegan. Diomande encontró una combinación de cualidades, capacidad y oportunidades que le permitió avanzar hasta un escenario que entonces parecía lejano.

Indias convivió con él apenas tres meses o tres meses y medio. Lo repite porque quiere ser preciso. Ese tiempo le permitió conocer su manera de competir, observar cómo reaccionaba a los problemas y comprobar la rapidez con la que aprendía. Para hablar de otros futbolistas tiene años de convivencia; para retratar a Diomande le bastan unos meses llenos de acontecimientos.

El golpe de Sevilla y la respuesta

Hay una jugada que Txema recuerda especialmente. En Sevilla, con el partido empatado y ya en los últimos minutos, Diomande tuvo una ocasión clarísima para dar la victoria al Leganés. Encontró espacio en una contra y falló cuando el gol parecía al alcance. Era una oportunidad de enorme valor para un equipo que peleaba por mantenerse en Primera.

El error podía acompañarle durante semanas. Por su importancia, por la situación del equipo y por la juventud de quien lo había cometido. Sus compañeros trataron de arroparle y le pidieron que olvidara la acción. Poco después volvió a marcar. Para Indias, aquella reacción explica una de sus mayores virtudes.

«Tenía muy claro lo que quería, el objetivo que seguía y que no se iba a venir abajo», asegura. Esa impresión le acompaña ahora que lo ve en el Real Madrid, sometido a una exigencia que reconoce diferente a cualquier otra. «Asumir que estás mirado con lupa en cada partido, casi en cada entrenamiento, hay que aguantarlo. Pero yo ya lo veía muy fuerte mentalmente».

Ganarse el sitio y el respeto

Su adaptación al Leganés fue rápida. No conocía el idioma, la competición ni a sus compañeros, pero pronto empezó a discutir titularidades a jugadores importantes. Dani Raba y Juan Cruz tenían peso en el equipo. Indias recurre a una comparación para explicar lo que suponía competir con ellos: «No son Vinicius y compañía, pero eran nuestros Vinicius».

Diomande entró en esa pelea sin necesitar una larga transición. «Era uno más en el vestuario. Se ganó el respeto de los compañeros», recuerda Txema. El entrenador comenzó a tener dudas sobre a quién alinear y el recién llegado respondió a las oportunidades. Su talento le acercó al equipo; su comportamiento y su rendimiento le ayudaron a quedarse.

Indias tenía claro que estaba ante un futbolista con futuro profesional. También que sus condiciones le permitían aspirar a jugar en Primera. La velocidad de lo que vino después le sorprendió. «Ahora podría decir que estaba claro, pero yo adivino no soy», admite. Su valoración tiene más fuerza por esa cautela: «He estado diez años en el Leganés y no había visto llegar de abajo a un chico como este».

La izquierda y el esfuerzo de vuelta

La radiografía también tiene una posición definida. Para Txema, el mejor Diomande aparece en la izquierda. Puede jugar en ambos costados, maneja las dos piernas y tiene recursos para adaptarse, pero desde esa banda encuentra las condiciones que más le favorecen. «Es diestro, aunque maneja bien la zurda. Para mí, su puesto es la izquierda», sostiene.

Allí puede encarar, salir por fuera o conducir hacia dentro para buscar el pase y el disparo. Su actuación contra el Sevilla mostró parte de ese repertorio y reforzó una conexión con Cucurella que dio profundidad al Madrid. Indias reconoce en esas acciones al futbolista que conoció, aunque hay otro aspecto al que concede tanta importancia como al desborde.

«El trabajo defensivo que tiene es la hostia», resume. En el Leganés llegó a actuar como carrilero izquierdo y asumió todo el recorrido de la banda. «Te abarcaba todo el carril, tanto en ataque como en defensa». Txema considera que ese esfuerzo debería darse por supuesto en cualquier jugador, aunque observa que a veces escasea precisamente en los equipos de mayor nivel. Diomande lo incorporó a su juego desde el principio.

El precio y la competencia con Vinicius

El salto al Real Madrid añade expectativas, competencia y el peso de una inversión enorme. Mourinho ha señalado esa carga al hablar de su progresión. Indias entiende la exigencia, pero cree que el futbolista dispone de recursos para convivir con ella. «Yo creo que no le va a pesar. Y creo que no le está pesando», opina.

También interpreta que el entrenador intenta proteger su crecimiento y gestionar un ataque en el que sigue estando Vinicius. Habrá titularidades y suplencias, partidos para empezar y otros para esperar. «Creo que el chico eso lo tiene más que asumido y asimilado. Lo que quiere es jugar al fútbol y demostrar lo que es», explica desde el conocimiento de aquellos primeros meses.

Txema tampoco se atribuye haber previsto todo su recorrido. Recuerda que el Leipzig asumió un riesgo importante al pagar por un joven que apenas acababa de aparecer en Primera. Hoy resulta fácil reconstruir el camino como si cada paso hubiera sido inevitable. Él prefiere recordar las dudas que existían entonces y el mérito de quien apostó.

El Diomande que retrata Indias tiene talento, piernas y una capacidad poco común para levantarse. También una historia personal que merece contarse con cuidado. En el Bernabéu se ve al extremo que acelera y deja atrás a un defensor. Txema recuerda, además, al chico que llegó sin conocer a casi nadie, sufrió una pérdida enorme y siguió presentándose cada mañana a entrenar. En aquellos meses empezó a conocer la fortaleza del futbolista que hoy se abre paso en el Real Madrid.

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