Arda Güler tiene algo que Mourinho necesita para su Real Madrid. Y no es otra cosa que la capacidad para hacer jugar a los demás. La zurda llama la atención, el último pase levanta al público y los goles ayudan a ganar partidos. Pero el portugués mira también lo que sucede antes. Cómo recibe, qué decide y de qué manera consigue que una jugada avance sin que el equipo pierda el orden. Ahí encuentra motivos para confiar en el turco. Y para dedicarle una de esas expresiones que, en boca de Mou, tienen un peso especial: «top, top».
El elogio llegó en septiembre, antes del encuentro contra el Elche. Mourinho destacó su creatividad y su capacidad para dar estabilidad al juego colectivo. También explicó que el cuerpo técnico maneja análisis que van más allá del recuento de goles y asistencias. Su valoración apuntaba a la influencia del futbolista en el funcionamiento del Madrid.
Ese es el terreno en el que Güler puede hacerse cada vez más importante. Un equipo con tantos recursos ofensivos necesita jugadores que sepan conectar las piezas. Futbolistas capaces de acercarse a la salida del balón, ofrecer una línea de pase y encontrar después a quienes esperan por delante. El turco tiene condiciones para asumir esa responsabilidad. Su fútbol invita a darle participación, a buscarlo y a conseguir que intervenga con continuidad.
Una zurda para ordenar al Madrid
La evolución de Güler abre una posibilidad especialmente interesante para Mourinho. Puede partir desde la derecha, aparecer entre líneas o acercarse al centro del campo. Cada ubicación cambia el lugar desde el que participa, pero hay una cualidad que conserva: la facilidad para descubrir un pase que mejora la jugada.
Más cerca del área, esa virtud puede convertirse en una asistencia. Unos metros por detrás, puede servir para superar una presión y dejar al Madrid en disposición de atacar. Por eso su crecimiento tiene tanto que ver con la comprensión del juego. Aprender cuándo acelerar, cuándo conservar y cuándo acercarse al compañero también forma parte del camino hacia la élite.
Mourinho no ha sudado en expresar su entusiasmo por Arda utilizando los ejemplos de Modric y Bernardo Silva para explicar cómo un futbolista puede comenzar en posiciones ofensivas y acabar teniendo responsabilidades en la organización. «Empiezas de diez», apuntó, antes de describir un recorrido hacia el ocho e incluso el seis.
La comparación permite entender lo que imagina el entrenador. Güler puede ampliar su radio de acción a medida que gane experiencia y conocimiento. Tiene talento para intervenir en la última jugada y condiciones para participar también en la primera.
El siguiente paso de Arda
Ese recorrido exige aprendizaje. Recibir más atrás implica convivir con otras obligaciones: medir las pérdidas, reconocer los riesgos y ayudar a que el equipo conserve las distancias. La calidad ofrece soluciones, pero la continuidad depende de elegir bien una y otra vez.
Ahí está uno de los grandes retos del turco. Convertir su facilidad con el balón en una influencia sostenida durante los partidos. Conseguir que el Madrid lo encuentre cuando necesita salir, cuando busca una pausa y cuando llega el momento de hacer daño. Ser una referencia a la que acudir en escenarios diferentes.
La presencia de Bernardo Silva también ofrece posibilidades para desarrollar esa idea. Dos futbolistas con capacidad para asociarse pueden multiplicar las líneas de pase y facilitar que el equipo avance junto. El trabajo de Mourinho consiste en encontrarles el espacio y el acompañamiento adecuados para que esa creatividad tenga continuidad.
Arda está en ese punto de su carrera en el que el talento empieza a pedir responsabilidades. Mourinho ve condiciones para concedérselas y ya ha dibujado el camino que imagina para él. El siguiente paso será recorrerlo sobre el césped, con la exigencia que acompaña a cada oportunidad en el Real Madrid. El «top, top» ya lo tiene. Ahora toca sostenerlo y añadir un top más.