El Real Madrid está en crisis. De hecho, lo lleva estando desde hace demasiado tiempo. Desde la temporada pasada. Pero se puede decir que la derrota contra el Getafe en el estadio Santiago Bernabéu ha sido la gota que ha colmado el vaso. No por la bronca del madridismo, que ya ni se enfada. El silencio de Chamartín es ensordecedor. Sino por las sensaciones que transmite un equipo que lleva demasiado tiempo en cuidados intensivos y que apunta a dar un paso más hacia el abismo.
El Real Madrid es un equipo sin pulso. No muerto, pero sí en estado vegetativo. No transmite nada y lo más preocupante es que lo peor parece que aún no ha llegado. Arbeloa intenta parar los golpes en rueda de prensa, asume todas las culpas y alguna tiene, obviamente, ya que no se pueden realizar los cambios peor, sin tocar ni mover absolutamente nada, pero no es el mayor culpable. Los señalados deben ser, por justicia, unos jugadores que no dan el nivel y una planificación deportiva que está quedando comprobado que ha sido errónea o, por lo menos, no ha salido como se esperaba.
Desde la cúpula madridista, donde mandan, donde se toman las decisiones, son plenamente conscientes de que la apuesta que se hizo para heredar al segundo mejor Real Madrid de la historia no ha salido como se esperaba. Para ello, desde los despachos y desde la dirección deportiva se buscan soluciones que ya tendrán que llegar a partir de este verano.
Si bien es cierto que es posible que la plantilla esté falta de calidad, de un cerebro, de un jugador que sepa mover al equipo, también se debe decir que estos jugadores tienen que tener la capacidad suficiente para poder ganar al Getafe en el estadio Santiago Bernabéu. Se habla del Getafe porque es el último ejemplo, pero durante el último año y medio los partidos donde los futbolistas del equipo blanco tendrían que haber dado más han sido múltiples.
Un silencio que suena
La sensación es tan complicada que el silencio del Santiago Bernabéu es ensordecedor. Lo fue hace unos días contra el Benfica, a pesar de que lograron la clasificación para los octavos de final de la Champions, y lo fue contra el Getafe. El Bernabéu se empezó a vaciar antes de que finalizase el encuentro y, cuando el árbitro pitó el final, se pudieron escuchar pitos, pero cuando los blancos lo intentaban, buscaban con poco fútbol y poco corazón el empate, ni siquiera fueron capaces de conectar con una afición que está triste. Ya ni se enfada, solo acude a su estadio siendo plenamente conscientes de que puede pasar cualquier cosa para bien, pero, sobre todo, para mal.
Y lo peor es que el sentir del madridismo es que lo peor aún está por llegar. Pocos ven capaces a este equipo de ganar al Celta el próximo viernes en Balaídos, pero es que el miedo a sufrir dos derrotas muy dolorosas contra el Manchester City de Guardiola es real.