Por primera vez en muchos meses, en el vestuario del Real Madrid se respira calma. Tranquilidad. Paz. Sosiego. Buen ambiente, en definitiva. Álvaro Arbeloa ha logrado lo que parecía imposible: apagar los incendios que se habían instalado en la caseta y que comenzaron a avivarse durante la etapa de Xabi Alonso tras el Mundial de Clubes.
Eso no significa que el donostiarra fuese el único responsable de la situación, pero sí es cierto que, con el paso de las semanas, fueron surgiendo conflictos -algunos de mayor envergadura- que no consiguió sofocar. Justo lo contrario que Arbeloa.
El técnico salmantino aterrizó en el banquillo del primer equipo y se encontró con un vestuario que recelaba de un entrenador considerado «muy hombre de club». No tardó en revertir esa percepción. Su primer movimiento fue recuperar para la causa a los pesos pesados que se habían mostrado más incómodos en la etapa anterior. Es decir, logró reconectar con Vinicius Júnior, Jude Bellingham y Federico Valverde. Los tres han recuperado la sonrisa con la llegada de Arbeloa y la salida de Xabi Alonso.
Con Kylian Mbappé nunca hubo incendios. El francés estaba cómodo con Xabi Alonso y mantiene una relación estrictamente profesional con Arbeloa. Su ambición está por encima de cualquier malestar: quiere títulos con el Real Madrid. Por eso siempre intenta estar disponible, incluso forzando en ocasiones, pese a que su rodilla izquierda no atraviesa el mejor momento.
El incendio Carvajal
La pasada semana, tras el enfado que Dani Carvajal hizo visible en Valencia junto a Antonio Pintus, el capitán mantuvo una conversación con Arbeloa en el despacho del técnico en Valdebebas. El lateral trasladó su malestar por la situación que atraviesa; el entrenador, fiel a su estilo, volvió a mostrarse directo y transparente. Ambas partes han puesto de su lado para preservar una relación basada en el respeto y la profesionalidad.
Para Arbeloa, Carvajal continúa siendo una figura capital dentro del vestuario. Es el capitán y su peso específico en el grupo es incuestionable. Tiene jerarquía, liderazgo y ascendencia. Sus compañeros le escuchan y le respetan, y pocos comprenden mejor lo que significa vestir la camiseta blanca. Sin embargo, su relevancia institucional no garantiza la titularidad. La cuestión, a día de hoy, es puramente física.
Fuegos menores
Ya plenamente asentado como entrenador, Arbeloa también tuvo que gestionar otros focos de tensión de menor magnitud. El primero surgió en enero. El técnico comunicó a Fran García que su protagonismo sería reducido y le abrió la puerta a una posible salida. Sin embargo, el club frenó cualquier movimiento en los últimos días del mercado. La situación generó malestar en el lateral, pero, una vez confirmada su continuidad, el entrenador logró reconducir el escenario y reintegrarlo en la dinámica del grupo.
El segundo episodio se produjo tras la derrota en Lisboa ante el Benfica (4-2). Días después, frente al Rayo Vallecano, Álvaro Carreras se quedó en el banquillo y Eduardo Camavinga ocupó el lateral izquierdo. El jugador de Ferrol se sintió señalado, pero con el paso de las semanas la situación se ha normalizado. Hoy, el vestuario respira. Y en Valdebebas, al menos por ahora, el fuego está bajo control.